Séptimo y octavo día de la novena

María, fuente de paz, consuelo y fraternidad

La recta final de la novena en honor a María Santísima de La Luz, Reina de la Paz, nos ha seguido regalando profundas reflexiones que nos ayudan a descubrir cómo la Virgen continúa siendo hoy camino seguro hacia Cristo y refugio para quienes buscan esperanza en medio de las dificultades de la vida.

Cada tarde, la oración compartida en nuestra ermita ha estado acompañada por las palabras que Diana, presidenta de la Cofradía de Nuestra Señora de La Luz, ha dirigido a la Virgen y que han ayudado a expresar el sentir de todos los devotos presentes:

«que yo venga a esta novena para venerarte, amarte y para querer imitarte. Que haga esta novena como expresión de mi amor y agradecimiento a ti, que con el rezo del Santo Rosario, que es la oración, que más te agrada, intente ofrecerte mi mejor homenaje. Que tu amor de madre se deje hoy fuertemente sentir sobre todo el mundo, sobre todos tus devotos y sobre nosotros y nosotras, que te agarramos, te rezamos, te aclamamos y acudimos a ti en esta ermita en la que tienes tu trono».

Estas palabras han acompañado cada jornada de la novena, ayudándonos a poner la mirada en María y a renovar nuestra confianza en aquella que siempre nos conduce hacia Cristo.

Séptimo día

D. Carlos Alberto Aldave, párroco de la Unidad Pastoral de Trubia, nos invitó a contemplar a María como refugio y consuelo para quienes cargan con el peso de la cruz.

Partiendo de una realidad que todos conocemos, el sufrimiento y las dificultades que acompañan la vida humana, recordó cómo nuestros mayores encontraron en la Virgen el lugar donde descansar el corazón y recuperar la esperanza.

«Todos llevamos nuestra cruz, como la llevaban los antiguos, pero ellos ante ese sufrimiento encontraron el lugar del consuelo, encontraron la fuente donde brota el agua limpia y allí, enjugaron sus lágrimas, allí encontraron el tesoro del cielo, porque encontraron a nuestra señora la purísima, la madre, la reina de la paz, la madre de misericordia, la torre de David, la torre de Marfil, la casa de oro, el arca de la nueva alianza, como le solemos decir con estas hermosas jaculatorias del Rosario.»

Una reflexión que nos ayudó a comprender que la devoción a la Virgen no es una simple tradición heredada, sino una experiencia viva que ha sostenido la fe de tantas generaciones.

«Así ellos nos lo transmitieron y así nosotros lo repetimos cada año, porque es un tesoro, el más grande que podemos dejar a nuestros niños y a nuestros jóvenes. Es decirles dónde está la fuente de paz, dónde está la luz del mundo que ilumina nuestra vida.»

Octavo día

D. Andrés Fernández, párroco de la Unidad Pastoral de La Asunción–San Juan XXIII de Gijón, comenzó su reflexión poniendo en valor el inmenso regalo que supone contar con un santuario mariano como el de Nuestra Señora de La Luz.

«¡Qué hermosura y qué gracia de Dios el poder tener en una parroquia, en una unidad pastoral, en un Arciprestazgo, en una ciudad, un santuario! Es una gracia de Dios y un santuario dedicado a María Santísima bajo la advocación de la Virgen de la Luz.»

A partir de ahí, nos invitó a profundizar en el significado de la luz como signo de vida, esperanza e ilusión, recordándonos que la auténtica paz cristiana nace de una relación viva con Dios.

«La Luz es siempre signo de vida, de esperanza, de ilusión, de novedad.»

Mirando a María, destacó cómo su vida entera fue un testimonio de confianza absoluta en Dios y cómo esa confianza sigue siendo fuente de paz para quienes se acercan a ella.

«Mientras el mundo grita, María escucha; mientras otros desconfían, María cree; mientras muchos huían de la cruz, María está al pie de la cruz. Por eso donde está María aparece la paz. Pero la paz no como un sentimiento, no como una emoción, sino la paz que nace creando que nosotros volvamos a Dios.»

Finalmente, dirigió una llamada muy concreta a todos los cofrades y devotos de la Virgen, recordándonos que la verdadera devoción debe reflejarse en la forma de vivir y de relacionarnos con los demás.

«Por eso ser cofrade tiene que reflejar esto. Hemos de notar que somos hermanos.»

«Y yo si soy cofrade de la Virgen de La Luz amo, sirvo, no humillo; eso es vivir la paz y ser portadores de paz.»

Con estas reflexiones nos acercábamos ya a los últimos momentos de la novena, descubriendo una vez más que María Santísima de La Luz sigue siendo para todos nosotros consuelo en la dificultad, luz en el camino y escuela de paz para el corazón. Ella continúa señalándonos a Cristo, fuente de toda esperanza, y enseñándonos a vivir como auténticos constructores de paz en nuestras familias, comunidades y sociedad.

Pentecostés junto a María, Reina de la Paz

Sexto día de novena

Ayer, sexto día de la novena en honor a María Santísima de La Luz, Reina de la Paz, coincidió este año con la solemnidad de Pentecostés, una de las celebraciones más importantes para la Iglesia universal. En este marco tan especial, nuestro párroco, D. Sergio Santa, presidió la Eucaristía y compartió una predicación profundamente sentida, cercana y llena de esperanza, que fue calando en el corazón de todos los presentes.

La celebración vivió además un clima especialmente solemne y emotivo gracias al acompañamiento musical del coro, La Familia, que ayudó a embellecer aún más cada momento de la liturgia y favoreció ese ambiente de oración, recogimiento y encuentro con Dios propio de una festividad tan importante como Pentecostés.

Las palabras de nuestro párroco nos invitaron a mirar a María como verdadera mujer de paz, capaz de conducirnos hacia Cristo incluso en medio de las heridas, angustias y divisiones que tantas veces marcan nuestra vida cotidiana. Una reflexión intensa y profundamente humana que nos recordó que la paz verdadera no nace de tener una vida sin problemas, sino de permanecer unidos a Dios.

Además, al finalizar la celebración, vivimos uno de los momentos más emotivos de esta novena: la acogida de siete nuevos cofrades de la Virgen de La Luz y la imposición de sus medallas. Entre ellos, nuestro propio párroco, D. Sergio Santa, que este año vive por primera vez la novena junto a nuestra comunidad y para quien imploramos continúe caminando con nosotros bajo la protección especial de María en su advocación de La Luz.

También queremos agradecer las palabras llenas de cariño y cercanía de Diana, presidenta de la cofradía, que cada día nos ayuda a profundizar el sentido de esta novena y que acogió a las nuevas cofrades transmitiendo ese rostro materno de la Iglesia que siempre espera con los brazos abiertos, como nuestra Madre, la Virgen de La Luz.

A continuación, compartimos íntegramente la predicación de nuestro párroco:


“Querida presidenta, queridos hermanos cofrades, queridos hermanos todos:

Hoy es un día especial para todos nosotros, para la Iglesia universal y también para nosotros como Iglesia parroquial, Iglesia comarcal. Es el día de Pentecostés, gran solemnidad, pero enmarcada en la novena de Nuestra Señora, la Virgen de La Luz, con un lema muy necesario en nuestros días.

Yo, antes de empezar con todos los preparativos y organizando un poco cómo íbamos a desarrollar esta novena, hablaba con la presidenta y con algunas personas más: ¿qué?, ¿qué podemos pedir a Dios para nuestro corazón?, ¿qué podemos pedirle a la Virgen para nuestras almas?

La paz.

En este mundo tan herido por guerras, por violencias, por divisiones, ansiedades, depresiones… el corazón a veces tan roto. Qué bueno mirar a la Virgen María, que no sólo nos habla de paz, sino que ella misma lleva en su corazón la paz. Ella comunica la paz a todos los que se acercan a ella.

Aquí la vemos, en esta imagen preciosa, dando a luz al Príncipe de la paz. ¿Quién mejor que ella para llevarnos a su Hijo, que es la paz?

Y la paz no es simplemente ausencia de conflictos. La paz de Cristo nace de Dios. Esa serenidad profunda que permanece incluso en medio de las tormentas. Esa paz que Cristo resucitado le dio a sus discípulos, le dio a los apóstoles y que hoy mismo hemos escuchado en el Evangelio que ha sido proclamado: “Paz a vosotros”.

El Señor Jesús constantemente nos está hablando de paz, está tranquilizando nuestro corazón, nos está llamando a la serenidad interior, aquella que sólo Él puede conceder.

¿Cuántos de nosotros, en cuántos momentos de nuestra vida, hemos sentido en nuestro corazón la decepción, la tristeza, la angustia de vivir, la tristeza del pecado cometido, la barbarie del infierno?

La Virgen María nos habla de paz. Paz que sana el corazón, paz que tranquiliza y que aviva nuestra alma.

María es una mujer que escucha y que confía. El Evangelio nos muestra a María como una mujer de silencio, de escucha, de confianza.

Fijaos que cuando el ángel le propone que va a ser la Madre de Dios, ella aún sin entender muchas cosas, aún sin saber en el problema en el que se estaba metiendo, aún sin saber todo lo que le podía venir después: “Hágase en mí según tu palabra”.

Y así comienza la verdadera paz. Cuando dejamos de luchar en contra de Dios y aprendemos a confiar en Él. Porque aunque no sabemos muy bien qué hacer, por dónde tirar, si confiamos en Él, reina la paz… en el corazón, en todos aquellos que nos rodean, pero sobre todo en las circunstancias de la vida, por más complicadas que sean.

La paz de Dios anima nuestro corazón.

Quien más y quien menos ha sentido el dolor y la angustia, la tristeza, la desesperanza, el abandono, el infierno. Pero Dios siempre nos da su paz: “La paz sea con vosotros”.

Y esa paz no sale de tenerlo todo resuelto. Nace de la esperanza nuestra en que sólo Dios puede salvarnos. Sólo Él puede sanar nuestro corazón.

Sólo Él puede hacernos felices. María es presencia de paz, es vivencia de paz. Aun en medio del dolor: ella no tuvo una vida fácil. Conoció la pobreza en Belén, la huida a Egipto, la incomprensión de sus coetáneos, el sufrimiento y finalmente el inmenso dolor de ver a su Hijo morir en la cruz. Y, sin embargo, ella nunca perdió la paz.

La vemos erguida en la cruz, con su corazón traspasado por esas espadas, pero de pie, delante de su Hijo, delante de la salvación.

La paz cristiana —nos enseña la Virgen María— no depende de que desaparezcan los problemas. No depende de que desaparezcan las angustias o el dolor; depende de permanecer unidos a Dios.

Cuántas familias cristianas, cuántos hogares cristianos, cuántas personas viven tensiones, heridas, por palabras antiguas que no se perdonaron, por vivencias con papá y mamá que nunca terminaron de resolverse, por conflictos de herencias, angustia, soledad…

María viene a conducirnos a Cristo, a ese Cristo que nace para nuestra salvación.

Y a veces pedimos la paz para el mundo, claro que sí, porque en medio de tantos conflictos, de tantas guerras, pedimos la paz para el mundo, queremos la paz para el mundo. ¿Hay paz en nuestro corazón?, ¿hay paz en mi manera de hablar?, ¿hay paz en la manera como yo trato a los demás?

¿Yo soy constructor de paz?, ¿soy constructor de reconciliación? Porque es que no puede haber paz en las familias, no puede haber paz en las naciones, no puede haber paz en las parroquias… si no hay paz en el corazón.

María nos invita a volver a la esencia: la oración, el perdón, la humildad, la confianza en Dios, el amor concreto hacia los demás.

Pidamos a Dios su paz. Esa paz que Él comunica en Pentecostés, esa paz que Él comunica con su vida, con su predicación, con su existencia.

Pidámosle a la Santísima Virgen María paz para el mundo, paz para las familias, paz para los enfermos y los que sufren, paz para quienes viven sin esperanza, paz para nuestro corazón.

Que María nos enseñe a confiar más, a perdonar más, a amar más y que, bajo su protección maternal, también nosotros podamos ser constructores de paz.”

 

A los pies de María, la novena de La Luz continúa sembrando paz y esperanza

La novena supera ya su ecuador en nuestra ermita

Cuando ya hemos superado ampliamente el ecuador de la novena en honor a María Santísima de La Luz, Reina de la Paz, nuestra ermita continúa llenándose cada tarde de oración, encuentro y devoción sencilla de tantos fieles que vuelven una vez más a los pies de la Virgen. Días intensos en los que María sigue reuniendo a su pueblo y recordándonos que siempre conduce a Cristo, fuente de la verdadera paz.

A lo largo de estos primeros días, las distintas reflexiones compartidas por sacerdotes y diáconos de nuestra diócesis nos han ayudado a profundizar en tantas inquietudes y necesidades del mundo actual, siempre bajo la mirada cercana de María.

Primer día

D. Vicente Pañeda, párroco de la Unidad Pastoral de Piedras Blancas, nos hablaba sobre las dificultades de hoy en día, como el desánimo y la superficialidad, recordándonos que:

“María se nos presenta como una referencia de fe que nos puede ayudar a crecer, a remar aunque sea contracorriente, y romper esas ataduras para hacernos personas libres, como dice el libro sagrado”.

Segundo día

El diácono D. José Luis García, adscrito a la Unidad Pastoral de Posada de Llanera, nos invitó, en medio de un mundo marcado tantas veces por el enfrentamiento, a:

“invocar a María, reina de la paz, que me lleve a tener la capacidad de mirar a los demás como hermanos, como iguales, y favorecer el diálogo antes del enfrentamiento”.

Tercer día

El diácono D. Juan Antonio Blanco, adscrito a la Unidad Pastoral de Luanco, nos recordaba cómo la oración sencilla del Rosario sigue siendo camino de paz y encuentro con Dios:

“Con el rezo del santo rosario, invocamos a la intercesión de María ante su Hijo para que nos conceda esa paz interior que podemos transformar nosotros en amor”.

Cuarto día

D. Fermín Riaño, sacerdote y párroco de la Unidad Pastoral de Pola de Siero, tras treinta años de misión en Tailandia, nos dejaba una hermosa reflexión mariana:

“Como los magos, quien se llega y acerca a los pies de María, encuentra al Príncipe de la Paz”.

Quinto día

El diácono D. Artemio Grande, administrador parroquial de la Unidad Pastoral de Caces, nos recordaba que no existe advocación de la Virgen que no sea bella, porque todas reflejan el amor y la ternura de María hacia sus hijos. En su reflexión nos preguntaba:

“¿Quién es ese alguien que ha puesto dentro de nosotros estos deseos de estar bien, estos deseos de verdad, de bondad, de felicidad, de paz?”.

Y señalaba cómo Dios mismo respondió a esos anhelos enviándonos a su Hijo a través de una mujer, María:

“Convirtiéndola también a ella en respuesta con su propia vida y ejemplo”.

Cada jornada de esta novena está siendo una oportunidad para detenernos, rezar y dejarnos mirar por María. Porque en tiempos de incertidumbre, cansancio y ruido, la Virgen de La Luz continúa siendo faro, consuelo y camino seguro hacia su Hijo.

Visita del movimiento Vida Ascendente de Asturias

Ayer, 21 de mayo, nuestra querida ermita de la Virgen de La Luz recibió la visita del movimiento Vida Ascendente, que celebró en ella uno de sus encuentros diocesanos coincidiendo con estos días tan especiales del mes de mayo dedicados a María y con la novena en honor a nuestra patrona.

El grupo estuvo acompañado por sus capellanes: D. Alfredo de Diego, D. Jesús de la Vega, por el consiliario diocesano D. Fermín Riaño y contó también con la cercanía de nuestro párroco, D. Sergio Santa, compartiendo juntos una jornada de oración, encuentro y fraternidad en torno a la Virgen de La Luz.

Vida Ascendente es un movimiento laical de jubilados y mayores, reconocido por la Conferencia Episcopal Española, presente actualmente en todas las diócesis del país. Su misión es ayudar a que las personas mayores vivan esta etapa de la vida con plenitud humana y cristiana, aportando a la Iglesia y a la sociedad su fe, su experiencia y su tiempo.

El movimiento se apoya especialmente en tres pilares fundamentales: la amistad, la espiritualidad y el apostolado. A través de pequeños grupos de oración y encuentro, sus miembros comparten la vida, fortalecen su fe y descubren que jubilarse del trabajo no significa jubilarse de la vida ni de la misión cristiana.

Con un mensaje profundamente actual, Vida Ascendente recuerda a nuestros mayores que siguen siendo necesarios, útiles y llamados a servir. Porque la experiencia, la oración serena y el testimonio fiel de tantos años son también una riqueza para la Iglesia y para el mundo.

Damos gracias por su visita y por el hermoso testimonio de fe y esperanza compartido junto a nuestra Madre de La Luz.

Hazte Cofrade de la Virgen de La Luz

Hazte Cofrade de la Virgen de La Luz

La devoción a la Santísima Virgen de La Luz sigue creciendo entre todos aquellos que desean caminar unidos bajo su protección y amparo. Por ello, desde nuestra Unidad Pastoral invitamos a todos los fieles y devotos a dar un paso más en su amor a la Virgen haciéndose cofrades de nuestra querida Patrona de Avilés y Comarca.

Ser cofrade es mucho más que recibir una medalla como signo: es comprometerse a vivir la fe acompañados por María, participar activamente en la vida de la comunidad y mantener viva una tradición de amor y devoción que pasa de generación en generación.

Durante la celebración de este sábado, en el marco de la novena en honor a la Virgen de La Luz, tendrá lugar la acogida de nuevos cofrades y la imposición de medallas. Un momento especialmente emotivo y significativo para todos los que desean comenzar este camino junto a nuestra Madre.

Las medallas serán impuestas por nuestro párroco, Don Sergio Santa, quien este año celebra por primera vez con nosotros esta hermosa muestra de amor a la Virgen convertida en novena. A él queremos también agradecerle su cercanía, entrega y servicio pastoral. Como comunidad estamos llamados a acompañarle, ayudarle y sostenerle en todo lo posible en la misión que el Señor le ha encomendado entre nosotros, no convirtiéndole en alguien extraño ni ajeno de lo nuestro.

Animamos a todos los devotos de la Virgen de La Luz a participar en esta novena y a unirse a la cofradía para seguir caminando juntos bajo la mirada maternal de María.

“El amor a la Virgen nos une, su cuidado nos protege, su luz nos guía siempre.”