Cambio Horario Misas Domingo

Cambio de horario de las misas dominicales

Desde la Unidad Pastoral Villalegre–La Luz informamos que, por motivos de organización y coordinación con los sacerdotes que nos acompañarán durante las próximas semanas, será necesario realizar algunos ajustes en los horarios habituales de las celebraciones dominicales.

Los nuevos horarios serán los siguientes:

Iglesia de San Pablo de La Luz

  • Catequesis: 12:00 h.
  • Santa Misa: 13:00 h.

Iglesia del Sagrado Corazón de Villalegre

  • Santa Misa: 13:30 h.

Estos cambios se aplicarán los domingos 8, 15, 22 y 29 de noviembre, el domingo 6 de diciembre y el martes 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción, en lo referente a las celebraciones de la Eucaristía.

Agradecemos de corazón vuestra comprensión y colaboración para facilitar la organización de nuestras celebraciones y seguir compartiendo juntos la vida de nuestra comunidad.

Todos los Santos y Fieles Difuntos: dos días para celebrar, recordar y esperar

Todos los Santos y Fieles Difuntos: dos días para celebrar, recordar y esperar

Se acercan dos fechas muy especiales en el calendario de la Iglesia: la solemnidad de Todos los Santos, el 1 de noviembre, y la conmemoración de los Fieles Difuntos, el día 2.

Son días en los que nuestras iglesias y cementerios reciben muchas visitas, en los que recordamos especialmente a quienes ya no están con nosotros y en los que, como cristianos, renovamos nuestra esperanza en la vida eterna.

Sin embargo, aunque ambas celebraciones están muy relacionadas, no celebramos lo mismo el día 1 que el día 2. Y merece la pena detenernos un momento para comprender su significado.

Horarios de las celebraciones en nuestra Unidad Pastoral

Domingo 1 de noviembre – Solemnidad de Todos los Santos

  • San Pablo de La Luz: 12:00 h.
  • Sagrado Corazón de Villalegre: 13:00 h.

Lunes 2 de noviembre – Conmemoración de los Fieles Difuntos

  • San Pablo de La Luz: 12:00 h.
  • Sagrado Corazón de Villalegre: 13:00 h.

Invitamos a toda nuestra comunidad a participar en estas celebraciones, especialmente a quienes desean recordar y encomendar al Señor a sus familiares y seres queridos fallecidos.

El 1 de noviembre: celebramos a todos los santos

Cuando hablamos de santos, seguramente pensamos en aquellos que conocemos por sus nombres, cuyas imágenes encontramos en nuestras iglesias o cuya fiesta celebramos cada año.

Pero el día de Todos los Santos celebramos mucho más que a los santos reconocidos oficialmente por la Iglesia.

Celebramos también a esa multitud de hombres y mujeres que, sin aparecer en ningún calendario, vivieron su fe con sencillez, amaron, ayudaron, perdonaron y hoy disfrutan de la presencia de Dios.

Quizá entre ellos estén personas que conocimos, que nos enseñaron a rezar o que nos dieron ejemplo con su manera de vivir.

La santidad no es algo reservado a unos pocos elegidos. Es una llamada que Dios nos hace a todos, también en medio de nuestras familias, nuestros trabajos y nuestros barrios.

¿Qué diferencia hay entre venerables, beatos y santos?

A veces escuchamos estos términos y no tenemos muy claro qué significan. Son distintas etapas del reconocimiento que la Iglesia realiza durante un proceso de canonización.

  • Venerable: es aquella persona de la que la Iglesia ha reconocido oficialmente que vivió las virtudes cristianas de manera heroica o, en determinados casos, que ofreció su vida por los demás movida por la caridad.
  • Beato: es quien ha sido beatificado por la Iglesia y puede recibir culto público en los lugares y circunstancias establecidos. Habitualmente, para la beatificación se requiere el reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión, aunque existen excepciones, como el martirio.
  • Santo: es quien ha sido canonizado y propuesto oficialmente por la Iglesia como ejemplo de vida cristiana y de intercesión para todos los fieles.

Pero hay algo importante que no debemos olvidar: la Iglesia no hace santos a las personas; reconoce su santidad.

Y precisamente por eso celebramos Todos los Santos: porque sabemos que hay muchísimos más santos en el cielo que aquellos cuyos nombres conocemos.

El 2 de noviembre: rezamos por nuestros fieles difuntos

Al día siguiente, la Iglesia nos invita a dirigir nuestra mirada hacia quienes han fallecido.

Es el día dedicado especialmente a orar por todos los fieles difuntos, confiándolos a la misericordia de Dios y pidiendo que puedan participar plenamente de la vida eterna.

En muchas familias tenemos la costumbre de acudir al cementerio el día 1, aprovechando que es festivo y que disponemos de más tiempo. Es una tradición hermosa, llena de cariño y respeto, que debemos conservar.

Pero conviene recordar que el día que la Iglesia dedica expresamente a nuestros difuntos es el 2 de noviembre.

Visitar una tumba, llevar flores o recordar con cariño a quienes nos precedieron son gestos valiosos. Sin embargo, nuestra fe nos invita a dar un paso más: rezar por ellos y ofrecer la Eucaristía por su eterno descanso.

Porque los cristianos no recordamos a nuestros difuntos solamente desde la tristeza o la nostalgia, sino también desde la esperanza. Creemos que la muerte no tiene la última palabra y que Cristo, con su Resurrección, nos ha abierto las puertas de la vida eterna.

Dos celebraciones, una misma esperanza

El 1 de noviembre es una solemnidad de precepto, aunque este año coincida con el domingo, día en el que los cristianos ya estamos llamados a participar en la Eucaristía.

El 2 de noviembre, en cambio, no es día de precepto, pero sí una ocasión especialmente importante para acompañar con nuestra oración a quienes han fallecido.

Sabemos que las obligaciones laborales, familiares y personales no siempre nos permiten participar en todas las celebraciones. Pero también es bueno conocer el sentido de cada una y, en la medida de nuestras posibilidades, hacerles un hueco en nuestra vida.

Que estos días no se queden solamente en las flores, las visitas al cementerio o los recuerdos. Que sean también una oportunidad para acercarnos a Dios, agradecer la vida de quienes nos precedieron y renovar nuestra esperanza en el reencuentro.

El día 1 celebramos a quienes ya gozan de la presencia de Dios. El día 2 rezamos por quienes han partido de este mundo.

Y en ambos días recordamos una misma promesa de Jesús:

«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá» (Jn 11,25).

Que esta esperanza nos acompañe, especialmente cuando más echamos de menos a quienes queremos.

Festividades que no son precepto

Festividad de la Virgen del Pilar: información sobre las celebraciones del 12 de octubre

Mañana, lunes 12 de octubre, celebramos la festividad de Nuestra Señora del Pilar, una advocación mariana profundamente arraigada en la tradición y la historia de nuestro país.

Aunque esta fecha coincide con la Fiesta Nacional de España y es festivo en el calendario laboral, conviene recordar que la festividad de la Virgen del Pilar no es día de precepto para los fieles en Asturias. Esto significa que, a diferencia de los domingos y otras solemnidades señaladas por la Iglesia, no existe la obligación de participar en la celebración de la Eucaristía.

Por este motivo, y dado que el lunes es el día en el que habitualmente no se celebra la Santa Misa en ninguno de los templos de nuestra Unidad Pastoral, mañana, 12 de octubre, no habrá celebraciones eucarísticas en las iglesias del Sagrado Corazón de Jesús (Villalegre), San Pablo (La Luz) ni en la Ermita de Nuestra Señora de La Luz.

Esta circunstancia no resta importancia a la festividad. La Virgen del Pilar nos recuerda la presencia maternal de María, que acompaña y sostiene a la Iglesia en su misión de anunciar el Evangelio.

Invitamos a todos los fieles a vivir esta jornada con una oración especial a la Virgen, confiándole nuestras familias, nuestras comunidades y las necesidades de nuestro mundo.

Que Nuestra Señora del Pilar nos ayude a permanecer firmes en la fe y a caminar siempre de la mano de su Hijo, Jesucristo.

Eres una pieza importante para Dios: comenzamos un nuevo curso de catequesis

¡Ya estamos de vuelta! Este domingo hemos comenzado el curso de Catequesis 2026/2027 en nuestra Unidad Pastoral y, nada más llegar, el mural de la entrada nos propone una idea que queremos que nos acompañe durante los próximos meses:

«Eres una pieza importante para Dios».

En el centro, un gran corazón todavía por completar. A su alrededor, piezas diferentes que esperan encontrar su lugar. Y quizá esa imagen explique bastante bien qué queremos ser como comunidad.

Porque para Dios ninguno somos una pieza de relleno. Cada niño, cada joven, cada familia, cada catequista… todos tenemos nuestro lugar. Somos diferentes, tenemos distintas capacidades, historias y maneras de ser, pero todos somos importantes y todos tenemos algo que aportar. Y cuando una pieza falta, el dibujo ya no está completo.

Comenzamos este curso dando gracias a Dios por todos los niños y catequistas que se incorporan por primera vez. ¡Bienvenidos! Esperamos que muy pronto sintáis esta comunidad también como vuestra.

Y qué alegría volver a encontrarnos con esas otras caras que ya forman parte de nuestra pequeña familia de los domingos. Niños a los que hemos visto crecer, familias con las que hemos compartido Eucaristías, catequesis, celebraciones, nervios, risas y muchos momentos durante los últimos cursos.

Una familia que sigue creciendo

Este año continúan acompañándonos nuestros seminaristas Jorge y Daniel. Como recordaréis, ambos estudian en nuestro Seminario de Oviedo, aunque pertenecen a la vecina Diócesis de Santander, y compaginan sus estudios con la encomienda pastoral que desarrollan entre nosotros. Nos alegra muchísimo poder seguir compartiendo camino con ellos un curso más.

También damos una bienvenida muy especial a las nuevas catequistas que se incorporan este año: Olaya, que acompañará a otro grupo de 2.º; Pili, que estará con 3.º; y Susana, que se encargará de la etapa de Perseverancia e inicio de Confirmación.

Continúan, por supuesto, nuestra incansable María José, nuevamente con 2.º de Comunión, e Inma, que este año recibe a los pequeños que comienzan 1.º y dan sus primeros pasos en este camino.

Gracias a todas por decir sí. Ser catequista es regalar tiempo, preparar, escuchar, tener paciencia y, sobre todo, intentar que otro pueda conocer un poquito mejor a Jesús.

Nos hace también especial ilusión el grupo de chicos que este curso se prepara para recibir el sacramento de la Confirmación. Pero hay otra imagen que nos alegra todavía más: seguir encontrándonos los domingos con jóvenes que ya se han confirmado, tanto este año como en cursos anteriores.

Verlos quedarse, sentirse parte de la parroquia y echar una mano con los pequeños o allí donde haga falta es quizá uno de los frutos más bonitos que podemos pedir a la catequesis. Porque recibir un sacramento no significa terminar el camino. Significa seguir creciendo y descubrir que también nosotros somos necesarios para los demás.

Completemos juntos el corazón

Y volvemos a nuestro mural.

Durante este curso iremos descubriendo qué significa realmente ser una pieza importante para Dios. Pero ese corazón no lo completarán solamente los niños.

Necesitamos a las familias. Necesitamos a los catequistas. Necesitamos a nuestros jóvenes, seminaristas y sacerdote. Nos necesitamos unos a otros y, sobre todo, necesitamos a Dios.

Por eso pedimos al Señor que este nuevo curso sepamos trabajar juntos para hacer más fuerte la fe de nuestros niños y jóvenes.

Habrá semanas más fáciles y otras en las que aparecerán el cansancio, los estudios, los partidos, los cumpleaños, los planes y mil cosas más. Alguna vez tendremos que faltar y tampoco pasa nada. Pero intentemos perseverar en la catequesis y también en nuestro encuentro dominical con Jesús.

Que cuando tengamos que hacer hueco en nuestras agendas, la Misa no sea siempre lo primero de lo que nos desprendamos.

Cada domingo Jesús vuelve a invitarnos. Tiene preparada su mesa y solamente espera encontrarnos allí, ocupando nuestro sitio. Como hacemos en cualquier familia cuando nos reunimos alrededor de una mesa para hablar, celebrar, compartir las alegrías y acompañarnos cuando las cosas no van tan bien.

Seamos generosos respondiendo a esa invitación.

Comenzamos un curso nuevo. Tenemos mucho por aprender, mucho por compartir y seguramente también mucho por mejorar.

Pero el corazón está preparado y hay sitio para todos.

Familias, niños, jóvenes, catequistas, seminaristas y sacerdote: pongamos cada uno nuestra pieza. Con la ayuda de Dios, hagamos de este curso una oportunidad para crecer juntos en la fe y ser cada día un poquito más familia.

¡Bienvenidos al curso 2026/2027!

Una fe que ahora hacen suya: celebramos las Confirmaciones en San Pablo

Hoy, domingo 20 de septiembre, hemos vivido una mañana muy especial en la parroquia de San Pablo de La Luz. Cuatro jóvenes de nuestra Unidad Pastoral han recibido el sacramento de la Confirmación, rodeados de sus familias, padrinos, catequistas y de una comunidad que quiso estar cerca de ellos en un día tan importante.

La celebración estuvo presidida por nuestro arzobispo, D. Jesús Sanz Montes, que precisamente hoy, cumple 40 años de sacerdocio. Todo transcurrió de una manera sencilla, familiar y cercana. De esas celebraciones en las que, más allá de los ritos y de la solemnidad propia del momento, uno siente que está compartiendo algo importante en la vida de quienes tiene al lado.

D. Jesús habló a nuestros jóvenes con mucho cariño y fue recorriendo con ellos su propia historia. Porque también la fe tiene sus etapas y va creciendo al mismo tiempo que nosotros.

Hace ya unos cuantos años fueron sus padres quienes los llevaron a bautizar. Ellos eligieron por sus hijos, como hicieron con tantas otras cosas durante su infancia, intentando ofrecerles aquello que consideraban mejor para sus vidas. Después llegaron la catequesis, la Primera Comunión, nuevos años de formación… hasta llegar a este domingo.

Y hoy han sido ellos quienes, nunca mejor dicho, han confirmado aquella primera decisión.

Durante la celebración fueron ungidos con el santo crisma, ese óleo perfumado que deja también una preciosa imagen para la vida que tienen por delante. D. Jesús les recordó que ellos mismos están llamados a ir dejando su propio perfume por el mundo: el de sus buenas obras, sus gestos, su manera de ayudar, de querer y de estar al lado de los demás.

Hoy han recibido la fuerza del Espíritu Santo para continuar ese camino, unidos a Cristo y llamados a intentar parecerse cada día un poquito más a Él.

Y detrás de este día hay también muchas personas a las que tenemos que dar las gracias.

A sus familias, por acompañarlos durante todos estos años. Sabemos que hoy el tiempo es oro y que las agendas de niños y jóvenes están llenas de estudios, deporte y tantas actividades. No siempre resulta fácil renunciar a alguna de ellas para reservar un rato a la catequesis. Por eso también el esfuerzo y la constancia de estos años merecen nuestro agradecimiento.

A sus catequistas, por haberles regalado su tiempo, su paciencia y su cariño. Por estar ahí semana tras semana intentando algo tan sencillo de decir y tan importante de hacer: ayudarles a conocer un poco más a Jesús.

A nuestro arzobispo D. Jesus por estos 40 años de entrega sacerdotal acompañando comunidades, anunciando el Evangelio y compartiendo la fe con tantas personas a lo largo del camino.

Gracias también a nuestro párroco, D. Sergio Santa, por ese trabajo tantas veces escondido que hay detrás de la vida diaria de una parroquia. Por acompañar, animar y seguir buscando la manera de que su comunidad descubra un poco más a Dios y se acerque a Él. También este día es fruto de ese trabajo callado y constante.

Y gracias también a nuestro Coro, que hoy volvió a acompañarnos y que tantas veces pone música a nuestra oración en las celebraciones dominicales. Su presencia hizo todavía más bonito este día.

Ahora toca seguir.

Porque la Confirmación no significa que el camino haya terminado. Más bien todo lo contrario. Nuestros cuatro jóvenes comienzan una nueva etapa en la que irán creciendo, tomando sus propias decisiones, acertando unas veces y equivocándose otras, como todos. Y deseamos que, en medio de todo lo que les depare la vida, sepan que Dios siempre estará ahí.

Que sepan buscarle en los momentos difíciles y contar con Él también cuando todo vaya bien. Que encuentren en la fe fuerza cuando la necesiten y motivos para dar gracias cuando lleguen las alegrías.

Hoy damos gracias a Dios por estos cuatro jóvenes, por sus familias y por todos los que los han acompañado hasta aquí.

Y le pedimos algo muy sencillo: que el Espíritu Santo que hoy han recibido los ilumine y los acompañe siempre.

Que crezcan, que disfruten, que encuentren su camino y que, allí donde la vida los lleve, vayan dejando a su paso ese buen perfume del que hoy les hablaba nuestro arzobispo.

Enhorabuena a los cuatro. Y ahora… ¡a seguir caminando!