Hoy, domingo 20 de septiembre, hemos vivido una mañana muy especial en la parroquia de San Pablo de La Luz. Cuatro jóvenes de nuestra Unidad Pastoral han recibido el sacramento de la Confirmación, rodeados de sus familias, padrinos, catequistas y de una comunidad que quiso estar cerca de ellos en un día tan importante.
La celebración estuvo presidida por nuestro arzobispo, D. Jesús Sanz Montes, y transcurrió de una manera sencilla, familiar y cercana. De esas celebraciones en las que, más allá de los ritos y de la solemnidad propia del momento, uno siente que está compartiendo algo importante en la vida de quienes tiene al lado.

D. Jesús habló a nuestros jóvenes con mucho cariño y fue recorriendo con ellos su propia historia. Porque también la fe tiene sus etapas y va creciendo al mismo tiempo que nosotros.
Hace ya unos cuantos años fueron sus padres quienes los llevaron a bautizar. Ellos eligieron por sus hijos, como hicieron con tantas otras cosas durante su infancia, intentando ofrecerles aquello que consideraban mejor para sus vidas. Después llegaron la catequesis, la Primera Comunión, nuevos años de formación… hasta llegar a este domingo.
Y hoy han sido ellos quienes, nunca mejor dicho, han confirmado aquella primera decisión.
Durante la celebración fueron ungidos con el santo crisma, ese óleo perfumado que deja también una preciosa imagen para la vida que tienen por delante. D. Jesús les recordó que ellos mismos están llamados a ir dejando su propio perfume por el mundo: el de sus buenas obras, sus gestos, su manera de ayudar, de querer y de estar al lado de los demás.
Hoy han recibido la fuerza del Espíritu Santo para continuar ese camino, unidos a Cristo y llamados a intentar parecerse cada día un poquito más a Él.

Y detrás de este día hay también muchas personas a las que tenemos que dar las gracias.
A sus familias, por acompañarlos durante todos estos años. Sabemos que hoy el tiempo es oro y que las agendas de niños y jóvenes están llenas de estudios, deporte y tantas actividades. No siempre resulta fácil renunciar a alguna de ellas para reservar un rato a la catequesis. Por eso también el esfuerzo y la constancia de estos años merecen nuestro agradecimiento.
A sus catequistas, por haberles regalado su tiempo, su paciencia y su cariño. Por estar ahí semana tras semana intentando algo tan sencillo de decir y tan importante de hacer: ayudarles a conocer un poco más a Jesús.
Gracias también a nuestro párroco, D. Sergio Santa, por ese trabajo tantas veces escondido que hay detrás de la vida diaria de una parroquia. Por acompañar, animar y seguir buscando la manera de que su comunidad descubra un poco más a Dios y se acerque a Él. También este día es fruto de ese trabajo callado y constante.
Y gracias también a nuestro Coro, que hoy volvió a acompañarnos y que tantas veces pone música a nuestra oración en las celebraciones dominicales. Su presencia hizo todavía más bonito este día.
Ahora toca seguir.
Porque la Confirmación no significa que el camino haya terminado. Más bien todo lo contrario. Nuestros cuatro jóvenes comienzan una nueva etapa en la que irán creciendo, tomando sus propias decisiones, acertando unas veces y equivocándose otras, como todos. Y deseamos que, en medio de todo lo que les depare la vida, sepan que Dios siempre estará ahí.
Que sepan buscarle en los momentos difíciles y contar con Él también cuando todo vaya bien. Que encuentren en la fe fuerza cuando la necesiten y motivos para dar gracias cuando lleguen las alegrías.
Hoy damos gracias a Dios por estos cuatro jóvenes, por sus familias y por todos los que los han acompañado hasta aquí.
Y le pedimos algo muy sencillo: que el Espíritu Santo que hoy han recibido los ilumine y los acompañe siempre.

Que crezcan, que disfruten, que encuentren su camino y que, allí donde la vida los lleve, vayan dejando a su paso ese buen perfume del que hoy les hablaba nuestro arzobispo.
Enhorabuena a los cuatro. Y ahora… ¡a seguir caminando!





