Comienza la novena a la Virgen de la Luz 2026

Mañana volveremos a poner la mirada en la ermita. Comienza la novena en honor a nuestra Patrona, la Virgen de la Luz, y con ella regresan esos días especiales en los que la fe, la oración y el encuentro vuelven a reunirnos junto a nuestra Madre.

Bajo el lema de este año, “María, Reina de la Paz”, queremos acercarnos a la Virgen con el corazón abierto, pidiendo por nuestro mundo, por nuestras familias y también por esa paz sencilla y profunda que todos necesitamos.

La novena es mucho más que una tradición. Es volver a casa. Es encontrarnos con rostros conocidos, compartir la oración, encender una vela, guardar un momento de silencio y sentir que seguimos caminando juntos como comunidad.

Sabemos que a veces cuesta sacar tiempo, subir hasta la ermita o parar el ritmo del día. Pero precisamente por eso merece la pena. Porque hay lugares que siguen teniendo la capacidad de reunirnos y recordarnos lo importante. Y la ermita de la Luz es uno de ellos.

La Cofradía de la Virgen de la Luz lleva semanas preparando todo con cariño y dedicación para que podamos vivir estos días de la mejor manera. Gracias a su trabajo, un año más la puerta de la ermita vuelve a abrirse para todos.

Por eso, la invitación es sencilla: ven. Acércate. Acompaña a la Virgen aunque sea un día. Ven solo, en familia, con amigos… pero ven. Porque cuando nos reunimos en torno a María, algo bueno siempre sucede.

Y María nos espera en la ermita.

Sacramentos de Iniciación Cristiana de Adultos en la Catedral de Oviedo

Sacramentos de Iniciación Cristiana de Adultos en la Catedral de Oviedo

Este domingo 17 de mayo, a las 18:00 horas, la Catedral de Oviedo acogerá la celebración de los Sacramentos de Iniciación Cristiana de Adultos, presidida por Mons. Jesús Sanz Montes, Arzobispo de Oviedo. Será una tarde especialmente significativa para toda la Iglesia diocesana, que se reunirá para acompañar y celebrar el camino de fe de quienes han decidido dar un paso decisivo en su vida cristiana.

En total, serán 378 personas mayores de 18 años las que participarán en esta celebración. De ellas, 22 recibirán también el Bautismo y la Primera Comunión, culminando así su proceso de iniciación cristiana en una celebración llena de alegría y esperanza para toda la diócesis.

De manera muy especial, desde nuestra Unidad Pastoral queremos compartir la alegría de Álex, Guillermo y Mateo que recibirán el sacramento de la Confirmación. Los tres han recorrido este tiempo de formación y preparación en nuestra UP, respondiendo con generosidad y valentía a la llamada del Señor.

Su testimonio nos recuerda algo muy importante: nunca es tarde para acercarse a Dios y profundizar en la fe. Aunque no hayan seguido las etapas correlativas habituales de los grupos parroquiales desde niños o adolescentes, han descubierto que la Iglesia siempre permanece abierta para quien desea encontrarse con Cristo.

La Confirmación supone un momento clave en la vida cristiana. Es el sacramento que fortalece la fe con el don del Espíritu Santo y anima a vivir el Evangelio con mayor compromiso y alegría. Por eso, esta celebración es también un signo de esperanza para toda la comunidad.

Como Iglesia, queremos seguir siendo una casa acogedora, donde cada persona pueda encontrar su lugar, iniciar o retomar su camino de fe y sentirse acompañada. Las puertas de la Iglesia siempre están abiertas.

Invitamos a toda la comunidad parroquial a unirse con su oración y, a quienes puedan, a acompañar presencialmente esta celebración en la Catedral de Oviedo. La celebración podrá seguirse también en directo a través del canal de YouTube del Arzobispado de Oviedo. https://www.youtube.com/live/UtAiF3fTT-4?is=dSNtqnZ9ZiAcQqm5

Que el Señor siga guiando el camino de Álex, Guillermo y Mateo, y el de tantos adultos que descubren que siempre es tiempo de dar un nuevo paso en la fe.

Pentecostés: cuando el Espíritu Santo deja de ser una idea y empieza a transformar la vida

Pentecostés: cuando el Espíritu Santo deja de ser una idea y empieza a transformar la vida

Hay fiestas que recordamos como acontecimientos del pasado. Y hay otras que, aunque sucedieron hace siglos, siguen ocurriendo hoy. Pentecostés pertenece a estas últimas.

No es solamente el final del tiempo pascual. No es un simple símbolo de fuego o de viento. Pentecostés es la irrupción de Dios en el corazón humano. Es el momento en el que el Espíritu Santo transforma el miedo en valentía, la tristeza en esperanza y la rutina en misión.

Los discípulos estaban encerrados. Con miedo. Desorientados. Habían visto a Cristo resucitado, sí, pero aún no comprendían del todo qué significaba vivir como verdaderos testigos del Evangelio. Y entonces llegó el Espíritu Santo.

“Todos quedaron llenos del Espíritu Santo” (Hch 2,4).

Desde aquel momento, ya nada volvió a ser igual.

El misterio de la Trinidad: un Dios que es comunión

Pentecostés nos introduce en uno de los misterios más profundos de nuestra fe: la Santísima Trinidad.

Los cristianos creemos en un solo Dios en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. No son tres dioses distintos, sino un único Dios que es amor perfecto y comunión eterna.

El Padre crea.
El Hijo salva.
El Espíritu Santo santifica y da vida.

Y esto no es una teoría complicada reservada para teólogos. Tiene consecuencias concretas para nuestra vida diaria.

Porque si Dios es comunión, entonces nosotros no fuimos creados para vivir encerrados en nosotros mismos. El individualismo, la indiferencia o el egoísmo nunca podrán llenar el corazón humano. Solo el amor compartido, el servicio y la entrega nos hacen verdaderamente felices.

Hoy vivimos hiperconectados y, sin embargo, muchas personas se sienten profundamente solas. Tenemos cientos de contactos, pero a veces cuesta encontrar conversaciones sinceras. Compartimos historias en redes, pero ocultamos heridas reales. Precisamente ahí quiere actuar el Espíritu Santo: en nuestra verdad concreta, en nuestra vida cotidiana.

El Espíritu Santo no es “algo”: es Alguien

A veces hablamos del Espíritu Santo como si fuera una energía difusa o una fuerza impersonal. Pero la Iglesia nos enseña que el Espíritu Santo es Dios mismo, la tercera Persona de la Trinidad.

Es quien inspira, consuela, fortalece y guía.

Es quien nos ayuda a perdonar cuando humanamente parece imposible.
Es quien nos sostiene cuando sentimos que perdemos la fe.
Es quien despierta en nosotros el deseo de volver a Dios después de habernos alejado.

Muchas veces pedimos señales extraordinarias, pero el Espíritu suele actuar en lo sencillo: en una palabra que llega a tiempo, en una reconciliación inesperada, en la paz interior después de una confesión, en la fuerza para seguir adelante cuando ya no quedan ganas.

Los dones del Espíritu Santo: regalos para vivir como hijos de Dios

La Iglesia, apoyándose en la Sagrada Escritura y en la Tradición, nos enseña que el Espíritu Santo derrama en nosotros siete dones:

  • Sabiduría
  • Entendimiento
  • Consejo
  • Fortaleza
  • Ciencia
  • Piedad
  • Temor de Dios

No son cualidades reservadas para santos “perfectos”. Son ayudas concretas para la vida real.

La fortaleza aparece cuando una madre o un padre siguen adelante en medio del cansancio.
El consejo actúa cuando alguien sabe acompañar sin juzgar.
La sabiduría se manifiesta en quien descubre que el éxito sin Dios deja vacío el corazón.
La piedad nace cuando dejamos de ver la oración como obligación y empezamos a vivirla como encuentro.
El temor de Dios no es miedo a Dios, sino miedo a vivir lejos de Él. Se refleja en quien evita hacer daño o actuar injustamente porque no quiere romper su amistad con el Señor.

Quizá el gran problema de nuestro tiempo no sea la falta de información, sino la falta de Espíritu. Sabemos mucho, pero a veces vivimos sin sentido, sin dirección y sin paz.

Los frutos del Espíritu: cómo reconocer su presencia

Jesús dijo que el árbol se conoce por sus frutos. Y san Pablo enumera claramente cuáles son los frutos del Espíritu Santo:

“Amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí” (Gal 5,22-23).

Es importante detenernos aquí.

El Espíritu Santo no se reconoce solo por emociones intensas o experiencias extraordinarias. Se reconoce sobre todo en una vida transformada.

Una persona llena del Espíritu no es la que habla más fuerte de Dios, sino la que ama mejor.
La que perdona.
La que trae paz.
La que no devuelve mal por mal.
La que sabe escuchar.
La que vive con esperanza incluso en medio de las dificultades.

En un mundo marcado por la agresividad, la prisa y el enfrentamiento constante, vivir los frutos del Espíritu se convierte casi en una revolución.

Pentecostés hoy: abrir las puertas

Tal vez nosotros también vivimos muchas veces “con las puertas cerradas”, como los discípulos antes de Pentecostés.

Cerrados por miedo.
Por heridas.
Por decepciones.
Por cansancio espiritual.

Y, sin embargo, Dios sigue enviando su Espíritu.

Pentecostés nos recuerda que la fe no consiste solo en cumplir normas o conservar tradiciones hermosas. La fe es dejar que Dios transforme el corazón.

El Espíritu Santo sigue actuando hoy. En las parroquias sencillas. En las familias que luchan por mantenerse unidas. En los jóvenes que buscan sentido. En quien vuelve a confesarse después de años. En quien decide empezar de nuevo.

Quizá esta fiesta sea una buena ocasión para hacer una oración sencilla pero sincera:

“Ven, Espíritu Santo. Entra en mi vida. Enséñame a vivir como hijo de Dios.”

Porque cuando el Espíritu Santo entra de verdad en el corazón, nada permanece igual.

Viaja con la Diócesis para la visita del Papa en Madrid

Reproducimos la publicación de hoy en las redes sociales del Arzobispado:

📌 La diócesis organiza un viaje para aquellas personas que quieran participar de la Visita Apostólica que va a hacer el Papa León XIV a España.

📍 El destino será Madrid, y será un viaje de un sólo día (7 de junio), donde se participará de la celebración de la Eucaristía del Corpus Christi en Cibeles a las 9,30 h y se regresará por la tarde.

📢 Es un viaje para personas adultas y familias, diferente al que organiza Pastoral Juvenil Asturias y Pastoral Universitaria, que estarán en Madrid todo el fin de semana.

🚌 Se habilitarán autobuses que partirán desde Oviedo, Gijón y Avilés.

💰 El coste es de 50 euros (trasporte inlcuido)

📆 La fecha tope para realizar la inscripción es el 9 de mayo.

📲 Más información e inscripciones en http://www.iglesiadeasturias.org

 

🌹 Donde hay Madre, hay hogar y bendición

🌹 Donde hay Madre, hay hogar y bendición

En este Día de la Madre, nuestra comunidad quiere detenerse un momento para dar gracias. Gracias por tantas madres que, en silencio y con amor constante, sostienen la vida, el hogar y la fe.

Una madre no es solo quien da la vida, sino quien la cuida, la acompaña y la entrega cada día. En sus gestos sencillos —una palabra a tiempo, una mirada que comprende, una oración susurrada— se construye algo mucho más grande: un hogar. Y donde hay hogar, hay calor, hay refugio… hay bendición. Como nos recuerda la Sagrada Escritura: «Se levantan sus hijos y la llaman dichosa» (Proverbios 31,28).

Hoy elevamos la mirada a la Virgen María, la Madre por excelencia. En ella descubrimos el corazón de toda maternidad: su “sí” confiado —«Hágase en mí según tu palabra» (Lucas 1,38)—, su ternura silenciosa, su fortaleza en el dolor y su fidelidad hasta la cruz. María no hizo ruido, pero lo cambió todo. Y así son tantas madres: discretas, firmes, siempre presentes.

En cada madre vemos reflejada, de algún modo, la belleza del amor de Dios. Un amor que cuida sin cansarse, que espera sin desesperar, que corrige con dulzura y que nunca deja de creer. Ellas son, muchas veces, las primeras transmisoras de la fe: las que enseñan a rezar, las que acercan a Dios en lo cotidiano, las que siembran esperanza incluso en medio de las dificultades.

Y en María encontramos también ese consuelo materno que Jesús quiso regalarnos a todos: «Ahí tienes a tu madre» (Juan 19,27). Desde la cruz, Cristo nos confía a su Madre, recordándonos que nunca caminamos solos.

Desde nuestra parroquia, como un pequeño signo de cariño y gratitud, nuestro párroco hará entrega de un sencillo obsequio tras las misas: claveles rojos y blancos para cada madre. Un gesto humilde, pero lleno de significado, que quiere expresar el agradecimiento de toda la comunidad por tanto amor entregado cada día.

Y junto a ellas, caminando en la misión de la familia, están también los padres, compañeros indispensables en esta hermosa vocación de amar, educar y guiar. Juntos, cada uno con su modo propio, hacen del hogar una pequeña Iglesia doméstica donde Dios habita.

Hoy queremos agradecer, bendecir y rezar por todas las madres: las que están, las que ya han partido, las que luchan, las que esperan, las que cuidan en silencio. Que la Virgen María las cubra con su manto y las acompañe siempre.

Porque es verdad, y lo hemos experimentado:
donde hay Madre, hay hogar y bendición.