HOMENAJE A D. JUAN ANTONIO, OBISPO ( 2015-2019). 1er aniversario de su fallecimiento.

Un año, 365 días de la partida de D. Juan Antonio a la casa del Padre. Queremos rendir desde nuestra Unidad Pastoral de Villalegre-La Luz, un pequeño homenaje a una persona cercana a nuestra parroquia desde  sus inicios como sacerdote así como con el paso del tiempo  mantuvo ese contacto y esa devoción a nuestra Señora de La Luz.

Un homenaje al cura de a pie, al cura cercano que contaba con unas cualidades que  reflejaba muy bien  D. José Luis Castro Pérez Administrador Diocesano en el día de su funeral,   “carácter afable de don Juan Antonio, sus dotes de buen pastor, su cercanía a sus feligreses, su fidelidad en el trabajo infatigable por la iglesia, y la grandiosa herencia espiritual y pastoral que nos deja su testimonio de vida humana y sacerdotal”

Repasaremos su paso por tres épocas de su vida a través de tres personas cercanas a él, desde su ordenación como sacerdote en el Sagrado Corazón de Villalegre, su paso como Obispo Auxiliar en el Arzobispado de Oviedo y su nombramiento  como Obispo de Astorga.

Pequeña Biografía

En 1968 ingresó en el seminario de Oviedo para cursar secundaria y posteriormente los estudios eclesiásticos, licenciándose en 1980. Fue ordenado sacerdote el 10 de mayo de 1981 en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Villalegre Avilés

Licenciado en derecho canónico por la Universidad Pontificia de Salamanca (2005), hasta 2011 fue vicario general del arzobispado de Oviedo y hasta 2013 vicario episcopal de asuntos jurídicos los años 2001 y 2011 ocupó el cargo de Vicario General de la diócesis

Fue nombrado Obispo auxiliar de Oviedo el 23 de abril de 2013 y  dos años más tarde el 19 de diciembre de 2015 Obispo de Astorga. En el año 2014, en el transcurso de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, quedó adscrito a las Comisiones Episcopales de Migraciones y de Pastoral.

                                        ORDENACIÓN SACERDOTAL

RECUERDO DE JUAN ANTONIO MENÉNDEZ, OBISPO DE ASTORGA,

EN EL PRIMER ANIVERSARIO DE SU FALLECIMIENTO

 

Parroquia “Sagrado Corazón de Jesús” de Villalegre:              15 de mayo de 2020

                        Miguel Ángel Díaz García

Querido Juan Antonio, mis recuerdos se retrotraen 45 años, al inicio del curso 1975/1976, cuando llegáis a Villalegre tú y Jorge Sangrador, dos jóvenes e ilusionados seminaristas, para coordinar las catequesis de Primera Comunión y Confirmación, entre otras tareas pastorales, de mano de nuestro párroco, el inolvidable don Gumersindo, también conocido como “Gúmer” en el entorno de la comarca avilesina. En mi fondo fotográfico guardo con mucho cariño tres fotografías que os recuerdan: dos son de 1976, en una peregrinación de la Parroquia “Sagrado Corazón de Jesús” de Villalegre a Covadonga y que reflejan el final de la misa presidida en La Cueva por Gumersindo; la tercera data de 1981, donde tú y Joaquín acompañáis en el altar al Arzobispo don Gabino el día de vuestra Ordenación Sacerdotal en Villalegre.

                                   ESPACIO PARA LAS TRES FOTOGRAFÍAS

Amigo Juan, los villalegrinos recordamos con sano orgullo tu presencia de cinco años como seminarista y por el ejercicio de tu Diaconado entre nosotros otro año más, y te damos gracias porque nos enseñaste a experimentar, a tu manera, los valores del testimonio cristiano: con tu humildad y tu sencillez, tu cercanía y tu saber escuchar, tu confianza en la gracia de Dios y tu compromiso personal para ayudar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a encontrar a Dios escuchando su Palabra, celebrando los Sacramentos, y practicando el amor fraterno.

Estos valores de tu testimonio los transmitiste allí donde ejerciste como párroco (Cangas del Narcea, Teverga, San Antonio de Padua de Oviedo y San Nicolás de Bari en Avilés), en tus cargos como Vicario Episcopal, Vicario General, Obispo Auxiliar de Oviedo y Obispo de Astorga, donde Dios decidió terminar tu peregrinaje en este mundo el 15 de mayo de 2019, dándote paso directo a su presencia eterna, a la que llegas con una alforja llena de compromisos evangélicos.

 

JORGE JUAN FERNÁNDEZ SANGRADORVICARIO GENERAL DEL ARZOBISPADO DE OVIEDO         Oviedo, 15 de mayo de 2020

 

 

 

                                       Mons. Juan Antonio Menéndez Fernández,

                                    Obispo Auxiliar de Oviedo

Mons. Juan Antonio Menéndez Fernández recibió la ordenación episcopal de manos de Mons. Jesús Sanz Montes, ofm, Arzobispo de Oviedo, en la Sancta Ovetensis. Asistieron como coordenantes principales Mons. Renzo Fratini, Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, y Mons. Gabino Díaz Merchán, Arzobispo Emérito de Oviedo. Fue el 8 de junio de 2013.

El ministerio episcopal de don Juan Antonio, durante su estancia en Asturias como Obispo Auxiliar, se distinguió por lo siguiente:

 

  • Caridad pastoral

La bondad y sencillez de don Juan Antonio le procuraron el afecto de todos. Le gustaba ir a las parroquias, interesarse por lo que les preocupaba a los sacerdotes, escuchar atentamente lo que los seglares querían trasladarle, visitar los pueblos de Asturias, conversar con los seminaristas y recibir en su despacho del Arzobispado a cualquier persona que sintiese necesidad de hablar con él. Además, desde que comenzó a hacer Ejercicios Espirituales de san Ignacio, bajo la dirección de padres jesuitas, halló en esa escuela de espiritualidad lo que él llamaba “consolaciones”, las cuales fueron muy importantes para él durante los años difíciles de su ministerio sacerdotal y episcopal.

  • Humanidades y Derecho

Don Juan Antonio tenía una magnífica formación humanística, pues, en el Seminario Menor de Oviedo, al que fue de niño, los profesores eran extraordinarios. Lenguas clásicas, Literatura, Historia, Arte, Manualidades o Música hallaron en don Juan Antonio al mejor cultor. Después, en el Seminario Mayor, se sintió muy atraído por la Teología. Era tal su inquietud intelectual que, estando aún en el Seminario Mayor, siguió cursos de Filología Española en la Universidad de Oviedo y de Psicología en la UNED. Y, ya siendo sacerdote, me manifestó en más de una ocasión que le habría gustado hacer la Licenciatura en Teología, fijándose especialmente en la Teología del Orden Sacerdotal. Pero, al final, la hizo en Derecho Canónico, disciplina que le fue de gran utilidad tanto en la Curia ovetense como en la asturicense.

  • Migraciones y Menores

Cuando don Juan Antonio se incorporó a la Conferencia Episcopal Española se inscribió en las Comisiones episcopales de Migraciones y de Pastoral. Llegó a ser muy apreciado por los capellanes de emigrantes de Europa. Los de Suiza le pidieron varias veces que fuese a visitarlos y a hablarles, con las dotes de sentido común y de orden expositivo que lo adornaban, en las sesiones de formación permanente. Por otra parte, la Conferencia Episcopal Española le encomendó la tarea de articular y poner en funcionamiento un nuevo departamento de su organigrama, la Comisión para la protección de los menores, encomienda a la que se entregó denodadamente y en la que llegó a ser un reconocido experto.

Don Juan Antonio fue siempre muy querido por todos, pues poseía unas dotes humanas de sencillez, humildad y empatía, que hicieron de él un gran amigo, un gran sacerdote y un gran obispo.

 

                 JOSÉ LUIS CASTRO PÉREZ                            ADMINISTRADOR DIOCESANO DE ASTORGA                     SEDE VACANTE

 

 

MONS. JUAN ANTONIO MENÉNDEZ, Obispo de Astorga

MEMORIA Y GRATITUD DE UN LEGADO QUE SIGUE VIVO 

Cuando llegó a Astorga Mons. Juan Antonio Menéndez Fernández ya atesoraba una fecunda experiencia como persona, como sacerdote y como obispo, y eso se notaba en su trato humano, en su talante eclesial y en su resolución al gobernar. Aspectos fundamentales de su vida como su origen asturiano radicado en Villamarín de Salcedo (Grado-Asturias) donde nació en 1957, su formación académica como licenciado en Derecho Canónico por la Universidad Pontifica de Salamanca en 2005 y su trayectoria sacerdotal que tiene como puntos centrales su ordenación presbiteral el 10 de mayo de 1981 en la parroquia del Sagrado Corazón de Villalegre (Avilés) y su ordenación episcopal en la catedral de Oviedo el 8 de junio de 2013, fraguan los cimientos en los se asentarán su forma de ser y de hacer a su llegada Astorga, de cuya sede episcopal le nombra obispo titular el Papa Francisco el 18 de noviembre de 2015 y de la que toma posesión en la Catedral el 19 de diciembre de 2015.

Un hombre cercano, un pastor entregado

  1. Juan Antonio se definía coloquialmente a sí mismo como “un paisano de pueblo”. En “Juanín”, como cariñosamente le llamaron siempre la familia y los amigos más cercanos, esta condición estaba llena de ricos matices en su personalidad humana y religiosa. Así, en él esta apreciación significaba explícitamente que era un hombre noble y claro, lleno de bondad, sereno de ánimo, de trato cercano y amigable, respetuoso en sus modales, y con un corazón sincero que siempre quería ver el lado bueno del otro.

En su responsabilidad pastoral era un trabajador dinámico y constante, casi hiperactivo por su agenda siempre repleta de actos y compromisos; un pastor emprendedor y cabal, realista ante el futuro de una diócesis que observaba envejecida y despoblada pero en la que apreciaba su excelente elemento humano. Se esforzaba por mostrarse diligente y conciliador ante las situaciones poco favorables que tenía que gobernar, con grandes dotes para la escucha con los sacerdotes y la gente, detallista con las personas consagradas, y con una respuesta decidida y equilibrada ante los problemas que debía resolver. No rehuía los asuntos difíciles por dolorosos que fueran -los cuales sabía que sin duda le afectaban duramente tanto a su salud personal como a la diócesis-, sino que los afrontaba con entereza, con abnegación y con una clara predisposición al diálogo con las personas implicadas y a la consulta con otras personas de su confianza.

En verdad D. Juan Antonio nos dejó en Astorga una impronta espiritual y pastoral que tardará mucho tiempo en olvidarse, y un testimonio ejemplar de vida humana y sacerdotal, reforzado por el injusto y dramático sufrimiento que tuvo que soportar. Junto a detalles más privados como sus largos ratos de oración y su marcada devoción mariana, singular fue la cercanía a sus feligreses que todos ellos ponderan y recuerdan con agrado. Casi heroica fue también en estos años su fidelidad en el trabajo infatigable por la Iglesia, donde además de los asuntos propios de su diócesis, se entregó con ilusión a la Comisión episcopal de Migraciones de la CEE de la que fue elegido presidente en 2017, y aceptó incluso dirigir la Comisión antipederastia creada por la propia CEE en 2018.

En los tres años y medio que fue obispo de Astorga (2015-2019) Mons. Menéndez supo hacer realidad el deseo que él mismo expresó el día de su ingreso en la diócesis “quiero ser un astorgano asturiano”. Ciertamente aquí dejó una huella imborrable, no sólo por su atrayente personalidad sino también por su eficaz trabajo como pastor.

Un impulso para cambiar la diócesis

Varias de las realidades pastorales que puso en marcha son muy significativas, hoy siguen en vigor y determinarán sin duda el camino que la diócesis ha de recorrer en un futuro cercano. Entre estas iniciativas destacan la reforma integral de la Curia diocesana, el Plan Pastoral Diocesano cuyo objetivo central era la reestructuración integral de la pastoral diocesana, la fundación en la ciudad de Astorga la Casa de la Misericordia, la publicación de un Protocolo diocesano para la prevención y actuación frente a abusos sexuales a menores que es pionero y referencia en las demás diócesis españolas y el Año Diocesano de la Santidad que declaró en 2018.

  1. Juan decía ser feliz y sentirse muy “querido” por Dios cuando le regaló la responsabilidad de la iglesia particular de Astorga. Para él, la gente y la misión con los sacerdotes estaban muy por encima de los problemas. Desde el principio se hizo presente en toda la diócesis, visitó a los sacerdotes en sus casas y a las comunidades religiosas en sus monasterios, e inició una intensa Visita Pastoral en la que le guiaba el espíritu de su lema episcopal “Santificado sea tu Nombre”, que le hacía resistir sesiones maratonianas visitando pueblos y conversando con la gente, aunque nunca dejó de estar pendiente cada día de su anciano padre D. Juan, con el que vivía en la Casa sacerdotal de Astorga.

Su testamento pastoral

Forman también parte importante de su herencia a la diócesis sus escritos, especialmente en la tres Cartas pastorales que publicó: “Nos basta su misericordia” (Cuaresma 2016) con motivo del Jubileo del Año de la Misericordia; “Vosotros sois mis amigos” (Adviento 2016) dedicada a los sacerdotes y “Vosotros sois la sal y la luz del mundo” (Pascua del 2018) donde evidenciaba el papel esencial que siempre han de tener los fieles laicos en la vida diocesana.

En los días en que le sorprendió la muerte. D. Juan Antonio tenía ya muy avanzado el esquema y algunos puntos del contenido de su cuarta Carta pastoral que iba a dedicar a los religiosos y personas consagradas.

Un tiempo abierto al futuro

Todas las Cartas Pastorales conectaban de lleno con el Plan Diocesano de Pastoral 2017-2021 “Llamados a formar un nuevo pueblo” en el que se plasman las preocupaciones y los retos, los objetivos y las acciones prioritarias que ya no pueden demorarse para transformar la realidad de la diócesis, especialmente la reestructuración pastoral de la misma

Ahora es tiempo de que Astorga tenga un nuevo obispo; llevamos ya un año esperándolo en situación de Sede Vacante desde que D. Juan Antonio falleció el 15 de mayo de 2019. Al camino que él inició todavía le quedan muchos pasos por recorrer. Llegar hasta aquí ha sido un itinerario intenso, no exento de dificultades, que se ha querido hacer por convicción de nuestro querido y recordado obispo de forma sinodal, abierta y participativa contando con la opinión y la aportación de todos: sacerdotes, consagrados y laicos.

Este sea, tal vez, el mejor legado de D. Juan Antonio Menéndez, su bendición más perenne: una diócesis que mira al futuro, que sigue viva, que quiere que el amor siga siendo la seña de identidad fraterna entre todos los diocesanos, que quiere llevar esperanza a los que no quieren irse de estas tierras, que no renuncia a mantener viva la fe los hombres y mujeres creyentes que aquí viven.

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