Hora Santa, Ermita Nuestra Señora de la Luz

Hora Santa, Ermita Nuestra Señora de la Luz

Hoy hemos celebrado la Eucaristía y la Hora Santa en la Ermita de Nuestra Señora de La Luz.

Hemos recordado a Jesús en el Huerto de los Olivos que pidió a sus discípulos que estuvieran despiertos con Él en oración y al volver los encontró dormidos y les dijo “¿no pudieron velar conmigo una hora? Velen y oren para que no caigan en tentación”.

La Hora Santa es una oportunidad magnífica para hacer ese silencio interior en el que el Señor nos habla especialmente.

Hemos tenido un espacio para la meditación, la intercesión y alabanza mientras meditamos y oramos en la presencia de Jesús Sacramentado. Una hora para agradecer su sacrificio y volcar en el Sagrado Corazón de Jesús todos nuestros afanes y recibir su gracia para sobrellevarlos.

En esta Hora Santa ha estado presente María Santísima, ya que ella nos abre a la esperanza, a un futuro lleno de alegría y nos enseña el verdadero camino para llegar a Jesús; no perder nunca la cercanía con él, sino dejarnos iluminar y guiar por su Palabra; tenerlo presente cada día, sobre todo en los momentos en que sentimos que nuestras cruces resultan pesadas. María, es fuente de la alianza que está en el santuario del cielo, nos indica con claridad luminosa que estamos en camino hacia nuestro verdadero amigo, hacia la comunión de alegría y de paz con Dios a través de su hijo”

En esta ocasión nos han acompañado las Misioneras Eucarísticas de Nazaret que ha sido fundadas por San Manuel González y la UNER (Unión Eucarística Reparadoras).

Triduo Pascual – Horarios Celebraciones

Celebremos como comunidad el misterio central de nuestra fe

Cristo redimió al género humano y dio perfecta gloria a Dios principalmente a través de su misterio pascual: muriendo destruyó la muerte y resucitando restauró la vida. El triduo pascual de la pasión y resurrección de Cristo es, por tanto, la cumbre de todo el año litúrgico.

El Triduo Pascual son los tres días santos (jueves, viernes y sábado) en los que la Iglesia conmemora el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Comienza el Jueves Santo con la misa vespertina de la cena del Señor, alcanza su cima el Viernes, con la celebración de la Pasión de Cristo y cierra con la Vigilia Pascual en Sábado, vísperas del Domingo de Pascua.

El mismo Cristo, cuando aludía a su pasión y muerte, nunca las disociaba de su resurrección. En el evangelio de Mateo habla de ellas en conjunto: «Ahora subimos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Ellos lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos para que sea maltratado, azotado y crucificado, pero al tercer día resucitará.» (Mt 20, 18-19)

Por tanto, es importante que acojamos este misterio de salvación, participando intensamente en el Triduo Pascual, momento de gracia especial para todo cristiano. Viviremos estos días como momentos fuertes que nos permiten entrar siempre más profundamente en el gran misterio de nuestra fe: ¡la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo!

Escucharemos la narración de los últimos días de la vida de Jesús y su gloriosa resurrección. El Triduo Pascual nos muestra la misericordia de Dios, vivida en la obediencia y entrega de su Hijo Jesucristo, y nos da la certeza que no seremos jamás abandonados en las pruebas de la vida.

El Triduo Pascual (jueves, viernes y sábado) es, en un sentido, el corazón de toda la historia de la humanidad, porque ahí se da el triunfo definitivo del amor sobre la muerte.

Te recordamos asistir a nuestras celebraciones, te esperamos.

Horarios de Celebraciones

Jueves Santo, 6 de abril

CENA DEL SEÑOR

San Pablo –                      17:00 h

Sagrado Corazón –           18:30 h

Viernes Santo, 7 de abril

PASIÓN DEL SEÑOR

San Pablo –                      12:00 h

Sagrado Corazón –           17:00 h

Sábado Santo, 8 de abril

VIGILIA PASCUAL

San Pablo  –                     19:00 h

Domingo de Resurrección, 9 de abril

San Pablo –                      12:00 h

Sagrado Corazón –             13:00 h

 

Semana Santa 2023 –  ¡Celebra la Semana Santa con tu parroquia!

La Semana Santa, es un período de ocho días que comienza con el Domingo de Ramos y culmina con el Domingo de Resurrección. Con la Semana Santa, el cristiano conmemora el Triduo Pascual, es decir, los momentos de la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Jesucristo.

 ¡Celebra la Semana Santa con tu parroquia!

DOMINGO DE RAMOS. 02 de abril de 2023

Bendición de ramos en las misas.

San Pablo – La Luz:                                 12:00 horas

Sagrado Corazón de Jesús. Villalegre: 13:00 horas

La Iglesia entra en el misterio de su Señor crucificado, sepultado y resucitado, el cual, entrando en Jerusalén, dio un anuncio profético de su poder. Contiene a la vez el presagio del triunfo real de Cristo y el anuncio de su Pasión. Los cristianos llevan ramos en sus manos como signo de que Cristo, muriendo en la cruz, triunfó como Rey. Habiendo enseñado el Apóstol: «Si sufrimos con él, con él también seremos glorificados» (Rm. 8,17). Comienza la Semana Santa.

JUEVES SANTO. 06 de abril de 2023

CENA DEL SEÑOR

San Pablo – La Luz:                                  17:00 horas

Sagrado Corazón de Jesús. Villalegre: 18:30 horas

Con la Misa que tiene lugar en las horas vespertinas del jueves de la Semana Santa, la Iglesia comienza el Triduo pascual y evoca aquella cena en la cual el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, habiendo amado hasta el extremo a los suyos que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino y los entregó a los Apóstoles para que los sumiesen, mandándoles que ellos y sus sucesores en el sacerdocio también lo ofreciesen.

VIERNES SANTO. 07 de abril de 2023

PASIÓN DEL SEÑOR

San Pablo – La Luz:                                  12:00 horas

Sagrado Corazón de Jesús. Villalegre: 17:00 horas

En este día, en que «ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo (1Co 5,7), lo que por largo tiempo había sido prometido en misteriosa prefiguración, se ha cumplido con plena eficacia: el cordero verdadero sustituye a la oveja que lo anunciaba, y con el único sacrificio se termina la diversidad de las víctimas antiguas» (cf. San León Magno).

En efecto, «esta obra de la Redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, preparada antes por las maravillas que Dios obró en el pueblo de la Antigua Alianza, Cristo, el Señor, la realizó principalmente por el misterio pascual de su bienaventurada Pasión, Resurrección de entre los muertos y gloriosa Ascensión. Por este misterio, muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró nuestra vida. Pues del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera» (SC 5). La Iglesia, meditando sobre la Pasión de su Señor y adorando la Cruz, conmemora su propio nacimiento y su misión de extender a toda la humanidad sus fecundos efectos, que hoy celebra, dando gracias por tan inefable don, e intercede por la salvación de todo el mundo.

SÁBADO SANTO. 08 de abril de 2023

VIGILIA PASCUAL

San Pablo – La Luz:            19:00 horas

Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte, su descenso a los infiernos, y se abstiene absolutamente del sacrificio de la Misa, quedando desnudo el altar hasta que, después de la solemne Vigilia o expectación nocturna de la resurrección, se inauguren los gozos de la Pascua, con cuya exuberancia iniciarán los cincuenta días pascuales.

Vigilia Pascual Según una antiquísima tradición, ésta es una noche de vela en honor del Señor, y la Vigilia que tiene lugar en la misma, conmemorando la noche santa en la que el Señor resucitó, ha de considerarse como «la madre de todas las santas Vigilias» (San Agustín).

Durante la vigilia, la Iglesia espera la resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la iniciación cristiana. Los fieles, tal como lo recomienda el Evangelio (Lc 12,35-48), deben asemejarse a los criados que con las lámparas encendidas en sus manos esperan el retorno de su Señor, para que, cuando llegue, los encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa.

DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN. 09 de abril de 2023

San Pablo – La Luz:                                 12:00 horas

Sagrado Corazón de Jesús. Villalegre: 13:00 horas

Cristo ha resucitado, resucitemos con él. La Resurrección de Cristo es el centro de la vida cristiana y el fundamento de nuestra fe. El sepulcro vacío es anuncio del misterio de la Resurrección y se convierte para los apóstoles en una verdad absoluta que anuncian con firmeza. Es el gran misterio y el anuncio que envuelve la vida del discípulo de Cristo.

 

Finalizan las obras de mejora de la Ermita Nuestra Señora de la Luz

Finalizan las obras de mejora de la Ermita Nuestra Señora de la Luz

Estos últimos días la empresa ECOVIGA responsable de su ejecución ha culminado las obras de mejora de la Ermita de Nuestra Señora de la Luz tanto en el interior como el exterior.

ACTUACIONES EJECUTADAS

Interior

En el interior se ha colocado el Sagrario en el Presbiterio ya que éste se encontraba en la sacristía. Para ello se ha procedido a acondicionar un espacio adecuado al tamaño del mismo en la parte inferior donde se encuentra la Virgen, finalmente se ha colocado una verja decorativa y se ha realizado una instalación eléctrica para dotar de corriente a la “Lámpara del Sagrario”.

En la parte derecha se ha instalado una base de mármol para colocar la imagen de San José, que ha sido donada por las Siervas de Jesús de Gijón.

Puerta acceso lateral

La madera de exterior está expuesta a continuos cambios climatológicos y  a condiciones de temperatura, agua y humedad más o menos severas.

Se a procedido a lijar la puerta de acceso lateral y su posterior pintado con una pintura protección para madera en exterior

Cabildo

Las paredes del cabildo estaban en muy mal estado y que con el paso del tiempo y las inclemencias la carga estaba cayendo generando un deterioro muy significativo.

Se ha procedido a eliminar la carga existente tanto por la parte interior como el exterior y su posterior saneando para dotarlo de un nuevo revestimiento. Una vez que las paredes secaron fue necesario pintar todo el cabildo, así como los enrejados de forja que cierran los vanos de las arcadas.

Asimismo, se repararon los daños que tenía el tejado de toda esa zona.

Por último y con el fin de proteger el cabildo y evitar la entrada de pájaros se colocó una celosía de acero en las arcadas y la puerta de acceso . La razón de esa barrera que se quiere poner a las aves es que de un tiempo a esta parte proliferan los pájaros y su presencia genera manchas de excrementos y mala apariencia.

Financiación:

El proyecto ha podido iniciarse gracias a donativos realizados específicamente para esta obra, aunque no cubren todos los gastos generados. Por ello sigue abierta una cuestación popular para sufragar el coste pendiente de la obra.

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REZO DEL SANTO VÍA CRUCIS

REZO DEL SANTO VÍA CRUCIS

I Estación: Jesús condenado a muerte

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Pilato, queriendo dar satisfacción a la plebe, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de haberle azotado, lo entregó para que le crucificasen (Mc 15, 15).

Cuántos temas para la reflexión nos ofrecen los padecimientos soportados por Jesús desde el Huerto de los Olivos hasta su condena a muerte: abandono de los suyos, negación de Pedro, flagelación, corona de espinas, vejaciones y desprecios sin medida. Y todo por amor a nosotros, por nuestra conversión y salvación.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén.

II Estación: Jesús carga con la Cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Tomaron, pues, a Jesús, que, llevando su cruz, salió al sitio llamado Calvario, que en hebreo se dice Gólgota (Jn 19, 17).

El peso de la cruz es excesivo para las mermadas fuerzas de Jesús, convertido en espectáculo de la chusma y de sus enemigos. No obstante, se abraza a su patíbulo deseoso de cumplir hasta el final la voluntad del Padre: que cargando sobre sí el pecado, las debilidades y flaquezas de todos, los redima. Nosotros, a la vez que contemplamos a Cristo cargado con la cruz, oigamos su voz que nos dice: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame».

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén.

III Estación: Jesús cae por primera vez

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

En verdad, en verdad os digo que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedará solo; pero si muere, dará mucho fruto. (Jn 12, 24).

Isaías había profetizado de Jesús: «Eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba. Yahvé descargó sobre él la culpa de todos nosotros». El peso de la cruz nos hace tomar conciencia del peso de nuestros pecados, infidelidades, ingratitudes…, de cuanto está figurado en ese madero. Por otra parte, Jesús, que nos invita a cargar con nuestra cruz y seguirle, nos enseña aquí que también nosotros podemos caer, y que hemos de comprender a los que caen; ninguno debe quedar postrado; todos hemos de levantarnos con humildad y confianza buscando su ayuda y perdón.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén.

IV Estación: Jesús encuentra a su Madre

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

En su camino hacia el Calvario, Jesús va envuelto por una multitud de soldados, jefes judíos, pueblo, gentes de buenos sentimientos… También se encuentra allí María, que no aparta la vista de su Hijo, quien, a su vez, la ha entrevisto en la muchedumbre. Pero llega un momento en que sus miradas se encuentran, la de la Madre que ve al Hijo destrozado, la de Jesús que ve a María triste y afligida, y en cada uno de ellos el dolor se hace mayor al contemplar el dolor del otro, a la vez que ambos se sienten consolados y confortados por el amor y la compasión que se transmiten.

Nos es fácil adivinar lo que padecerían Jesús y María pensando en lo que toda buena madre y todo buen hijo sufrirían en semejantes circunstancias. Esta es sin duda una de las escenas más patéticas del Vía crucis, porque aquí se añaden, al cúmulo de motivos de dolor ya presentes, la aflicción de los afectos compartidos de una madre y un hijo. María acompaña a Jesús en su sacrificio y va asumiendo su misión de corredentora.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén.

V: El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la Cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Jesús salió del pretorio llevando a cuestas su cruz, camino del Calvario; pero su primera caída puso de manifiesto el agotamiento del reo. Temerosos los soldados de que la víctima sucumbiese antes de hora, pensaron en buscarle un sustituto. Entonces el centurión obligó a un tal Simón de Cirene, que venía del campo y pasaba por allí, a que tomara la cruz sobre sus hombros y la llevara detrás de Jesús. Tal vez Simón tomó la cruz de mala gana y a la fuerza, pero luego, movido por el ejemplo de Cristo y tocado por la gracia, la abrazó con resignación y amor y fue para él y sus hijos el origen de su conversión.

El Cireneo ha venido a ser como la imagen viviente de los discípulos de Jesús, que toman su cruz y le siguen. Además, el ejemplo de Simón nos invita a llevar los unos las cargas de los otros, como enseña San Pablo. En los que más sufren hemos de ver a Cristo cargado con la cruz que requiere nuestra ayuda amorosa y desinteresada.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén.

VI: La Verónica enjuga el rostro de Jesús

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Dice el profeta Isaías: «No tenía apariencia ni presencia; lo vimos y no tenía aspecto que pudiésemos estimar. Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no lo tuvimos en cuenta». Es la descripción profética de la figura de Jesús camino del Calvario, con el rostro desfigurado por el sufrimiento, la sangre, los salivazos, el polvo, el sudor… Entonces, una mujer del pueblo, Verónica de nombre, se abrió paso entre la muchedumbre llevando un lienzo con el que limpió piadosamente el rostro de Jesús. El Señor, como respuesta de gratitud, le dejó grabada en él su Santa Faz.

Una letrilla tradicional de esta sexta estación nos dice: «Imita la compasión / de Verónica y su manto / si de Cristo el rostro santo / quieres en tu corazón». Nosotros podemos repetir hoy el gesto de la Verónica en el rostro de Cristo que se nos hace presente en tantos hermanos nuestros que comparten de diversas maneras la pasión del Señor, quien nos recuerda: «Lo que hagáis con uno de estos, mis pequeños, conmigo lo hacéis».

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén.

VII: Jesús cae por segunda vez

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Jesús había tomado de nuevo la cruz y con ella a cuestas llegó a la cima de la empinada calle que daba a una de las puertas de la ciudad. Allí, extenuado, sin fuerzas, cayó por segunda vez bajo el peso de la cruz. Faltaba poco para llegar al sitio en que tenía que ser crucificado, y Jesús, empeñado en llevar a cabo hasta la meta los planes de Dios, aún logró reunir fuerzas, levantarse y proseguir su camino.

Nada tiene de extraño que Jesús cayera si se tiene en cuenta cómo había sido castigado desde la noche anterior, y cómo se encontraba en aquel momento. Pero, al mismo tiempo, este paso nos muestra lo frágil que es la condición humana, aun cuando la aliente el mejor espíritu, y que no han de desmoralizarnos las flaquezas ni las caídas cuando seguimos a Cristo cargados con nuestra cruz. Jesús, por los suelos una vez más, no se siente derrotado ni abandona su cometido. Para Él no es tan grave el caer como el no levantarnos. Y pensemos cuántas son las personas que se sienten derrotadas y sin ánimos para reemprender el seguimiento de Cristo, y que la ayuda de una mano amiga podría sacarlas de su postración.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén.

VIII: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Dice el evangelista San Lucas que, a Jesús, camino del Calvario, lo seguía una gran multitud del pueblo; y unas mujeres se dolían y se lamentaban por Él. Jesús, volviéndose a ellas les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos»; añadiéndoles, en figuras, que si la ira de Dios se ensañaba como veían con el Justo, ya podían pensar cómo lo haría con los culpables.

Mientras muchos espectadores se divierten y lanzan insultos contra Jesús, no faltan algunas mujeres que, desafiando las leyes que lo prohibían, tienen el valor de llorar y lamentar la suerte del divino Condenado. Jesús, sin duda, agradeció los buenos sentimientos de aquellas mujeres, y movido del amor a las mismas quiso orientar la nobleza de sus corazones hacia lo más necesario y urgente: la conversión suya y la de sus hijos. Jesús nos enseña a establecer la escala de los valores divinos en nuestra vida y nos da una lección sobre el santo temor de Dios.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén.

IX: Jesús cae por tercera vez

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Una vez llegado al Calvario, en la cercanía inmediata del punto en que iba a ser crucificado, Jesús cayó por tercera vez, exhausto y sin arrestos ya para levantarse. Las condiciones en que venía y la continúa subida lo habían dejado sin aliento. Había mantenido su decisión de secundar los planes de Dios, a los que servían los planes de los hombres, y así había alcanzado, aunque con un total agotamiento, los pies del altar en que había de ser inmolado.

Jesús agota sus facultades físicas y psíquicas en el cumplimiento de la voluntad del Padre, hasta llegar a la meta y desplomarse. Nos enseña que hemos de seguirle con la cruz a cuestas por más caídas que se produzcan y hasta entregarnos en las manos del Padre vacíos de nosotros mismos y dispuestos a beber el cáliz que también nosotros hemos de beber. Por otra parte, la escena nos invita a recapacitar sobre el peso y la gravedad de los pecados, que hundieron a Cristo.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén.

X: Jesús es despojado de sus vestiduras

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Ya en el Calvario y antes de crucificar a Jesús, le dieron a beber vino mezclado con mirra; era una piadosa costumbre de los judíos para amortiguar la sensibilidad del que iba a ser ajusticiado. Jesús lo probo, como gesto de cortesía, pero no quiso beberlo; prefería mantener la plena lucidez y conciencia en los momentos supremos de su sacrificio. Por otra parte, los soldados despojaron a Jesús, sin cuidado ni delicadeza alguna, de sus ropas, incluidas las que estaban pegadas en la carne viva, y, después de la crucifixión, se las repartieron.

Para Jesús fue sin duda muy doloroso ser así despojado de sus propios vestidos y ver a qué manos iban a parar. Y especialmente para su Madre, allí presente, hubo de ser en extremo triste verse privada de aquellas prendas, tal vez labradas por sus manos con maternal solicitud, y que ella habría guardado como recuerdo del Hijo querido.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén.

XI: Jesús es crucificado

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 «Y lo crucificaron», dicen escuetamente los evangelistas. Había llegado el momento terrible de la crucifixión, y Jesús fue fijado en la cruz con cuatro clavos de hierro que le taladraban las manos y los pies. Levantaron la cruz en alto y el cuerpo de Cristo quedó entre cielo y tierra, pendiente de los clavos y apoyado en un saliente que había a mitad del palo vertical. En la parte superior de este palo, encima de la cabeza de Jesús, pusieron el título o causa de la condenación: «Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos». También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

El suplicio de la cruz, además de ser infame, propio de esclavos criminales o de insignes facinerosos, era extremadamente doloroso, como apenas podemos imaginar. El espectáculo mueve a compasión a cualquiera que lo contemple y sea capaz de nobles sentimientos. Pero siempre ha sido difícil entender la locura de la cruz, necedad para el mundo y salvación para el cristiano. La liturgia canta la paradoja: «¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza / con un peso tan dulce en su corteza!».

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén.

XII: Jesús muere en la Cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Desde la crucifixión hasta la muerte transcurrieron tres largas horas que fueron de mortal agonía para Jesús y de altísimas enseñanzas para nosotros. Desde el principio, muchos de los presentes, incluidas las autoridades religiosas, se desataron en ultrajes y escarnios contra el Crucificado. Poco después ocurrió el episodio del buen ladrón, a quien dijo Jesús: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». San Juan nos refiere otro episodio emocionante por demás: Viendo Jesús a su Madre junto a la cruz y con ella a Juan, dice a su Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo»; luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre»; y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. Después de esto, nos dice el mismo evangelista, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, dijo: «Tengo sed». Tomó el vinagre que le acercaron, y añadió: «Todo está cumplido». E inclinando la cabeza entregó el espíritu.

A los motivos de meditación que nos ofrece la contemplación de Cristo agonizante en la cruz, lo que hizo y dijo, se añaden los que nos brinda la presencia de María, en la que tendrían un eco muy particular los sufrimientos y la muerte del hijo de sus entrañas.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén.

XIII: Jesús es bajado de la Cruz y puesto en los brazos de su Madre

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Para que los cadáveres no quedaran en la cruz al día siguiente, que era un sábado muy solemne para los judíos, éstos rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran; los soldados sólo quebraron las piernas de los otros dos, y a Jesús, que ya había muerto, uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza. Después, José de Arimatea y Nicodemo, discípulos de Jesús, obtenido el permiso de Pilato y ayudados por sus criados o por otros discípulos del Maestro, se acercaron a la cruz, desclavaron cuidadosa y reverentemente los clavos de las manos y los pies y con todo miramiento lo descolgaron. Al pie de la cruz estaba la Madre, que recibió en sus brazos y puso en su regazo maternal el cuerpo sin vida de su Hijo.

Escena conmovedora, imagen de amor y de dolor, expresión de la piedad y ternura de una Madre que contempla, siente y llora las llegas de su Hijo martirizado. Una lanza había atravesado el costado de Cristo, y la espada que anunciara Simeón acabó de atravesar el alma de la María.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén.

XIV: Jesús es sepultado

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

José de Arimatea y Nicodemo tomaron luego el cuerpo de Jesús de los brazos de María y lo envolvieron en una sábana limpia que José había comprado. Cerca de allí tenía José un sepulcro nuevo que había cavado para sí mismo, y en él enterraron a Jesús. Mientras los varones procedían a la sepultura de Cristo, las santas mujeres que solían acompañarlo, y sin duda su Madre, estaban sentadas frente al sepulcro y observaban dónde y cómo quedaba colocado el cuerpo. Después, hicieron rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro, y regresaron todos a Jerusalén.

Con la sepultura de Jesús el corazón de su Madre quedaba sumido en tinieblas de tristeza y soledad. Pero en medio de esas tinieblas brillaba la esperanza cierta de que su Hijo resucitaría, como Él mismo había dicho. En todas las situaciones humanas que se asemejen al paso que ahora contemplamos, la fe en la resurrección es el consuelo más firme y profundo que podemos tener. Cristo ha convertido en lugar de mera transición la muerte y el sepulcro, y cuanto simbolizan.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén.

Oración:

Señor Jesucristo, tú nos has concedido acompañarte, con María tu Madre, en los misterios de tu pasión, muerte y sepultura, para que te acompañemos también en tu resurrección; concédenos caminar contigo por los nuevos caminos del amor y de la paz que nos has enseñado. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén