2 noviembre – DÍA DE LOS FIELES DIFUNTOS

2 noviembre 2020 – Día de los Fieles Difuntos

El lunes 2 de noviembre es el día de la conmemoración de los fieles difuntos. Nuestros cementerios y, sobre todo, nuestro recuerdo y nuestro corazón se llenan de la memoria, de la oración y de la ofrenda agradecidas y emocionadas a nuestros familiares y amigos difuntos.

“El recuerdo de los difuntos, el cuidado de los sepulcros y los sufragios son testimonio de confiada esperanza, arraigada en la certeza de que la muerte no es la última palabra sobre la suerte humana, puesto que el hombre está destinado a una vida sin límites, cuya raíz y realización esta en Dios” afirmo el Papa Francisco.

La muerte es, sin duda alguna, la realidad más dolorosa, más misteriosa y, a la vez, más insoslayable de la condición humana. Como afirmara un célebre filósofo alemán del siglo XX, “el hombre es un ser para la muerte”. Sin embargo, desde la fe cristiana, el fatalismo y pesimismo de esta afirmación existencialista y real, se ilumina y se llena de sentido. Dios, al encarnarse en Jesucristo, no sólo ha asumido la muerte como etapa necesaria de la existencia humana, sino que la ha transcendido, la ha vencido. Ha dado la respuesta que esperaban y siguen esperando los siglos y la humanidad entera a nuestra condición pasajera y caduca. La muerte ya no es final del camino. No vivimos para morir, sino que la muerte es la llave de la vida eterna, el clamor más profundo y definitivo del hombre de todas las épocas, que lleva en lo más profundo de su corazón el anhelo de la inmortalidad.

Vengan en su ayuda, santos de Dios, salgan a su encuentro ángeles del Señor.

Reciban su alma y preséntenla ante el Altísimo

Cristo que los llamó, los reciba, y los ángeles los conduzcan al descanso eterno.

No se trata, pues, de un día de angustia ante la muerte sino de esperanza fundada en el amor de Dios hacia nosotros. En nuestra cultura actual se están poniendo de moda otras celebraciones paganas que no deberían distraer en los cristianos la fe que tenemos, la esperanza que nos colma y el amor de Dios que nos sostiene. La presencia del Resucitado en nuestra vida debería animar aún más nuestra esperanza.

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