UNCIÓN DE LOS ENFERMOS. LA PUERTA DE LA ESPERANZA
El enfermo ante Dios
La enfermedad puede conducir a la angustia, al repliegue sobre sí mismo y, en algunas ocasiones, incluso a la desesperación y a la rebelión contra Dios. Sin embargo, también puede hacer a la persona más madura, ayudarla a discernir en su vida lo que no es esencial para volverse hacia lo que lo es. Con mucha frecuencia, la enfermedad empuja a una búsqueda de Dios, un retorno a Él.
El sacramento de la Unción de los enfermos
La gracia primera de este sacramento es una gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad o de la fragilidad de la vejez. Esta gracia es un don del Espíritu Santo que renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones, especialmente contra la tentación de desaliento y de angustia ante la enfermedad. Esta asistencia del Señor por la fuerza de su Espíritu quiere conducir al enfermo a la curación del alma, pero también a la del cuerpo, si tal es la voluntad de Dios.
Por la gracia de este sacramento, el enfermo recibe la fuerza y el don de unirse más íntimamente a la Pasión de Cristo. El sufrimiento, secuela del pecado original, recibe un sentido nuevo, viene a ser participación en la obra salvífica de Jesús.
El sacerdote administra la Unción de los Enfermos en esta manera: unge, en forma de cruz, con aceita bendecido por el Obispo, la frente y las manos del enfermo, y dice al mismo tiempo: «Por esta santa unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo. Amén». «Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad. Amén».
