TRIDUO PASCUAL
JUEVES SANTO:
17:00 h. San Pablo
18:30 h. Sagrado Corazón de Jesús
En la noche del Jueves Santo, con la Misa vespertina de la “Cena del Señor”, empiezan de manera oficial los ritos propios del Triduo Pascual.
Es el momento del banquete nupcial de Cristo con su Iglesia: “¡dichosos los invitados a las bodas del Cordero!”.
A lo largo de esta liturgia, se realiza el gesto conocido del “Lavatorio de los pies”, en el que Cristo nos manifiesta su mansedumbre. Él, amando a los suyos hasta el final, instituye la Eucaristía y nos deja el mandamiento del amor fraterno como ley suprema.
Acabada la celebración, seguimos las huellas del Señor: Cristo se retira al Huerto de los Olivos y, muerto de pena y angustia, profundamente herido por la traición de Judas, nos pide velar una hora con Él.
Es la ocasión propicia para recoger los sentimientos más profundos del alma de Aquel que está a punto de ofrecerse a sí mismo.
VIERNES SANTO:
12:00 h. San Pablo
17:00 h. Sagrado Corazón de Jesús
El Viernes Santo es el día de la Pasión, crucifixión y muerte de Jesús. Es grande la necesidad de que el Cordero de Dios sea sacrificado en el altar de la Cruz para liberar de la angustia a la humanidad entera.
Por la tarde, en la “Acción litúrgica de la Pasión del Señor”, el Sacerdote, al comienzo de la celebración, se postra en el suelo como signo de anonadación total; la comunidad medita el gran misterio del mal y del pecado, y así recorre los momentos de los padecimientos de Jesús, a la luz de la Palabra de Dios y ayudada por unos gestos litúrgicos conmovedores. Son los sufrimientos que expían y borran ese mal.
Sigue después la proclamación del Evangelio de la pasión de Cristo; los fieles piden por todas las necesidades de la Iglesia y del mundo; adoran la Cruz; y, por último, reciben la Eucaristía.
La Iglesia, Esposa de Cristo, vive a lo largo de los siglos este dramático Viernes Santo, cada vez que es perseguida por sus enemigos y abandonada por sus hijos; y cuando a estos pide ayuda y compañía –como Cristo, en su Pasión, a los Apóstoles–, su lamento se pierde en el silenciO.
SÁBADO SANTO:
19:00 h. Solemne Vigilia Pascual. San Pablo – La Luz
El Sábado Santo es un día de gran silencio, que debe ser vivido en oración recogida, con María, en la espera del triunfo de Cristo.
Es este un día muy apropiado para Recibir el Sacramento de la Reconciliación, único cauce para purificar nuestro corazón y prepararlo para celebrar la Pascua. Al menos una vez al año, así lo enseña la Madre Iglesia, debemos recibir esta purificación interior, fuente de renovación de todo nuestro ser.
El Pueblo de Dios vela cerca del fuego nuevo bendecido, y revive la gran promesa, contenida en el
Resuena en toda la Iglesia de manera solemne el Pregón Pascual: verdaderamente Cristo ha resucitado, la muerte ya no tiene poder sobre Él.
La comunión con el Cuerpo de Cristo vivifica a los fieles con la Vida Nueva, y los lleva a la plena participación en la victoria de la Resurrección.
La Iglesia se reviste de la gloria de Cristo resucitado, y llena a sus fieles de la gran alegría, de la luz y de la paz del Señor.
Estos días de Triduo Pascual sellan de manera definitiva nuestra gran esperanza: Verdaderamente, Cristo ha resucitado, ¡y nosotros con Él!


