TRIDUO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

TRIDUO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

DÍAS: 22, 23 Y 24 DE JUNIO DE 2022

HORARIO: 19:00 H.  SANTO ROSARIO-SANTA MISA

Día primero: JESÚS NOS HABLA:

«Yo soy vuestro Señor y vosotros sois mi pueblo» Pero yo ejerzo mi dominio por medio de mi Corazón, de mi Amor.

Deseo ser entronizado, no sólo como dueño de vuestro hogar y corazones, sino también como vuestro hermano, como vuestro amigo.

Estaré con vosotros, lo mismo durante vuestras alegrías que cuando llegue algún sufrimiento.

Soy Jesús y quiero proteger vuestra familia frente a las fuerzas del maligno que intenta destruirla. Quiero que tanto mayores como niños, no caigan en la esclavitud del pecado, ni en las angustias del miedo, de la preocupación o la tristeza.

Por eso, estoy dispuesto a derramar sobre todos mi Espíritu, que os guiara, para que la alegría sea perfecta y nadie os las pueda arrebatar.

Pero yo no forzaré mi entrada en vuestra casa y menos en vuestros corazones. Espero ser invitado. Espero que me digáis: «¡Ven, Señor Jesús! Quédate con nosotros, que te necesitamos».

Si queréis que una imagen mía presida vuestro hogar, que sea para juntarse algunos momentos a rezar ante ella cada día; para hacer de la familia una iglesia doméstica, que irradie amor y colaboración de apostolado a favor de la Iglesia universal; para participar con más devoción y más frecuencia en la misa y en la Eucaristía; para conocer más y cumplir mejor el Evangelio; para crecer día a día en santidad.

Os ofrezco mi Corazón herido pero rebosante de perdón, amor, de vida que nunca terminará. ¡Espero vuestra respuesta!

Día segundo:

MIRA, ESTOY LLAMANDO A LA PUERTA (Ap 3,19-22)

«A los que Yo amo los reprendo y los corrijo. Sé ferviente y arrepiéntete. Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos. Al que salga vencedor lo sentaré en mi trono, junto a mí; lo mismo que Yo, cuando vencí, me senté en el trono de mi Padre, junto a Él. Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las Iglesias».

Ante tanto amor como Jesús nos muestra, Él nos pide que le correspondamos, y esto lo hacemos sobre todo con la consagración.

«Con la consagración ofrecemos al Corazón de Jesús a nosotros y todas nuestras cosas, reconociéndolas recibidas de la eterna caridad de Dios» (Pío XI).

Es tratar de que todo lo que hacemos y vivimos, sufrimientos, alegrías, trabajos, inquietudes sirva al Señor para la redención del mundo.

Conlleva también que nuestra vida doméstica quiera ser reparación para el Corazón herido de Cristo sabiendo que “Dios nos ha amado y los hombres no le amamos, y porque el amor no correspondido merece todavía más respeto y exige por relación de justicia precisamente una reparación” (Haurietis Aquas -Pío XII) y que “la reparación es que los pecadores vuelvan al Señor tocados por su amor y vivan en adelante con más amor en compensación por su pecado” (Juan Pablo II en Paray le Monial). Todo esto vivido en absoluta confianza en Jesucristo, como dice Santa Teresita: “La confianza y nada más que la confianza, es lo que lleva al Amor”.

Y esto vivirlo cada instante de nuestra vida, cada latido de nuestro corazón y renovarlo con el ofrecimiento de obras cada mañana.

Día tercero:

VAMOS A TÚ DIVINO CORAZÓN

Yo vuelo a Ti, Sagrado Corazón de mi Salvador, porque tú eres mi refugio, mi única esperanza. Tú eres el remedio para todas mis miserias, mi consuelo en todas mis angustias, la reparación de todas mis infidelidades, el suplemento para todas mis deficiencias, la expiación por todos mis pecados, y la esperanza y fin de todas mis oraciones. Tú eres el único que nunca se cansa de mí y el único que puede soportar mis defectos, porque Tú me amas con un amor infinito.

Por lo tanto, Oh Dios mío, ten piedad de mí de acuerdo con tu gran misericordia, y haz de mí, y para mí, y en mí, lo que sea que Tú quieras, porque yo me entrego enteramente a Ti, Corazón divino, con la plena confianza de que Tú nunca me rechazarás.

Tú que invitas a todos los que están sobrecargados a que acudan a ti, permite que tu mano sanadora se pose sobre mí y me de la sanación del cuerpo y el alma. Toca mi alma con tu compasión por los demás. Toca mi corazón con tu coraje e infinito amor por todos. Toca mi mente con tu sabiduría, para que mi boca siempre proclame tu alabanza.

Enséñame, oh Sagrado Corazón de Jesús, a alcanzarte en mi necesidad, y ayúdame a guiar a otros hacia Ti con mi ejemplo. Sagrado Corazón de Jesús, fuente del divino amor y consuelo, tráeme salud en cuerpo y espíritu para que pueda servirte con todas mis fuerzas. Ven y toca suavemente esta vida que has creado, ahora y para siempre.

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