Todos los Santos y Fieles Difuntos: dos días para celebrar, recordar y esperar

Todos los Santos y Fieles Difuntos: dos días para celebrar, recordar y esperar

Se acercan dos fechas muy especiales en el calendario de la Iglesia: la solemnidad de Todos los Santos, el 1 de noviembre, y la conmemoración de los Fieles Difuntos, el día 2.

Son días en los que nuestras iglesias y cementerios reciben muchas visitas, en los que recordamos especialmente a quienes ya no están con nosotros y en los que, como cristianos, renovamos nuestra esperanza en la vida eterna.

Sin embargo, aunque ambas celebraciones están muy relacionadas, no celebramos lo mismo el día 1 que el día 2. Y merece la pena detenernos un momento para comprender su significado.

Horarios de las celebraciones en nuestra Unidad Pastoral

Domingo 1 de noviembre – Solemnidad de Todos los Santos

  • San Pablo de La Luz: 12:00 h.
  • Sagrado Corazón de Villalegre: 13:00 h.

Lunes 2 de noviembre – Conmemoración de los Fieles Difuntos

  • San Pablo de La Luz: 12:00 h.
  • Sagrado Corazón de Villalegre: 13:00 h.

Invitamos a toda nuestra comunidad a participar en estas celebraciones, especialmente a quienes desean recordar y encomendar al Señor a sus familiares y seres queridos fallecidos.

El 1 de noviembre: celebramos a todos los santos

Cuando hablamos de santos, seguramente pensamos en aquellos que conocemos por sus nombres, cuyas imágenes encontramos en nuestras iglesias o cuya fiesta celebramos cada año.

Pero el día de Todos los Santos celebramos mucho más que a los santos reconocidos oficialmente por la Iglesia.

Celebramos también a esa multitud de hombres y mujeres que, sin aparecer en ningún calendario, vivieron su fe con sencillez, amaron, ayudaron, perdonaron y hoy disfrutan de la presencia de Dios.

Quizá entre ellos estén personas que conocimos, que nos enseñaron a rezar o que nos dieron ejemplo con su manera de vivir.

La santidad no es algo reservado a unos pocos elegidos. Es una llamada que Dios nos hace a todos, también en medio de nuestras familias, nuestros trabajos y nuestros barrios.

¿Qué diferencia hay entre venerables, beatos y santos?

A veces escuchamos estos términos y no tenemos muy claro qué significan. Son distintas etapas del reconocimiento que la Iglesia realiza durante un proceso de canonización.

  • Venerable: es aquella persona de la que la Iglesia ha reconocido oficialmente que vivió las virtudes cristianas de manera heroica o, en determinados casos, que ofreció su vida por los demás movida por la caridad.
  • Beato: es quien ha sido beatificado por la Iglesia y puede recibir culto público en los lugares y circunstancias establecidos. Habitualmente, para la beatificación se requiere el reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión, aunque existen excepciones, como el martirio.
  • Santo: es quien ha sido canonizado y propuesto oficialmente por la Iglesia como ejemplo de vida cristiana y de intercesión para todos los fieles.

Pero hay algo importante que no debemos olvidar: la Iglesia no hace santos a las personas; reconoce su santidad.

Y precisamente por eso celebramos Todos los Santos: porque sabemos que hay muchísimos más santos en el cielo que aquellos cuyos nombres conocemos.

El 2 de noviembre: rezamos por nuestros fieles difuntos

Al día siguiente, la Iglesia nos invita a dirigir nuestra mirada hacia quienes han fallecido.

Es el día dedicado especialmente a orar por todos los fieles difuntos, confiándolos a la misericordia de Dios y pidiendo que puedan participar plenamente de la vida eterna.

En muchas familias tenemos la costumbre de acudir al cementerio el día 1, aprovechando que es festivo y que disponemos de más tiempo. Es una tradición hermosa, llena de cariño y respeto, que debemos conservar.

Pero conviene recordar que el día que la Iglesia dedica expresamente a nuestros difuntos es el 2 de noviembre.

Visitar una tumba, llevar flores o recordar con cariño a quienes nos precedieron son gestos valiosos. Sin embargo, nuestra fe nos invita a dar un paso más: rezar por ellos y ofrecer la Eucaristía por su eterno descanso.

Porque los cristianos no recordamos a nuestros difuntos solamente desde la tristeza o la nostalgia, sino también desde la esperanza. Creemos que la muerte no tiene la última palabra y que Cristo, con su Resurrección, nos ha abierto las puertas de la vida eterna.

Dos celebraciones, una misma esperanza

El 1 de noviembre es una solemnidad de precepto, aunque este año coincida con el domingo, día en el que los cristianos ya estamos llamados a participar en la Eucaristía.

El 2 de noviembre, en cambio, no es día de precepto, pero sí una ocasión especialmente importante para acompañar con nuestra oración a quienes han fallecido.

Sabemos que las obligaciones laborales, familiares y personales no siempre nos permiten participar en todas las celebraciones. Pero también es bueno conocer el sentido de cada una y, en la medida de nuestras posibilidades, hacerles un hueco en nuestra vida.

Que estos días no se queden solamente en las flores, las visitas al cementerio o los recuerdos. Que sean también una oportunidad para acercarnos a Dios, agradecer la vida de quienes nos precedieron y renovar nuestra esperanza en el reencuentro.

El día 1 celebramos a quienes ya gozan de la presencia de Dios. El día 2 rezamos por quienes han partido de este mundo.

Y en ambos días recordamos una misma promesa de Jesús:

«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá» (Jn 11,25).

Que esta esperanza nos acompañe, especialmente cuando más echamos de menos a quienes queremos.

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