Solemnidad de Todos los Santos y Conmemoración de los Todos los Fieles Difuntos

Solemnidad de Todos los santos y Conmemoración de los Todos los fieles difuntos

1 Noviembre: Solemnidad de Todos los Santos

  • San Pablo – La Luz :     12:00 h.
  • Sagrado Corazón de Jesús – Villalegre:   13:00 h.

2 Noviembre: Conmemoración de los Todos los Fieles Difuntos

  • Ermita Nuestra Señora de la Luz: 16:30h.  Santo Rosario. 17:00 h. Santa Misa
  • San Pablo – La Luz: 18:00 h.
  • Sagrado Corazón de Jesús-Villalegre: 19:00 h.

Solemnidad de Todos los santos y Conmemoración de los Todos los fieles difuntos

La Iglesia celebra el 1 de noviembre a Todos los Santos y el día 2, conmemora a los fieles difuntos.

👉 Solemnidad de ‘TODOS LOS SANTOS’

En este primer día de noviembre, cada año celebramos la fiesta gozosa y esperanzadora de todos los Santos. Hoy recordamos a esa multitud de hermanos y hermanas nuestros, cercanos a nosotros, de nuestro tiempo, de nuestro lugar, que han querido seguir en este mundo el camino de Jesucristo, y que ahora viven para siempre con Él en el hogar del Cielo. Hoy sentimos la alegría de pertenecer a esta gran familia de los hijos y de las hijas de Dios y reafirmamos el deseo y la voluntad de vivir siempre muy unidos a Jesucristo para que Él nos conduzca a su reino eterno, a su reino, que es luz, que es vida y que es paz.

La santidad no es una virtud imposible, sino el bien posible. No es un rasgo de espíritus tan especiales, virtuosos y puros que resultan admirables, pero no imitables. Es la determinación de hombres y mujeres frágiles, pecadores, con pies de barro, claro que sí, pero aun así convencidos de que con nuestro barro Dios puede crear belleza, sembrar justicia y mostrar amor. La santidad no es un sueño grandioso, sino un camino cotidiano. Un camino que pasa por la humildad, el cansancio, la alegría de a veces y la preocupación de otras. Se vive y se comparte. El santo es amigo, guía, discípulo… Es elegir ser Cireneo y, como aquel, ayudar al Maestro a cargar la cruz.

Quizás hoy hacen falta más personas que, como aquel Ignacio convaleciente, se atrevan a preguntarse: «¿por qué no yo?»

👉 Conmemoración de ‘TODOS LOS FIELES DIFUNTOS’

El 2 de noviembre, nos reunimos en la iglesia, para rezar por todos nuestros familiares y amigos difuntos. Para rezar por todos aquellos difuntos que no conocemos pero que también queremos encomendar a Dios y pedir que los reciba para siempre en el gozo de su reino. Así pues, en silencio, ante Dios y con toda humildad, oramos por todos aquellos que compartieron esta vida con nosotros y partieron a la casa del Padre, oramos por todos aquellos de los que nadie se va a acordar durante estos días.

En estos días, una de nuestras tradiciones más arraigadas es la visita a los cementerios para cumplir con los familiares difuntos. Momento de oración, momento para el recuerdo de los seres queridos que nos han dejado, momento de reunión familiar.

Homilía del Santo Padre con motivo de la conmemoración de los Fieles Difuntos

“Me viene a la mente una inscripción, en la puerta de un pequeño cementerio en el norte: ‘Tú que estás pasando, piensa en tus pasos, y en tus pasos, piensa en el último paso’.

Tú que pasas. La vida es un camino, todos estamos en camino. Todos nosotros, si queremos hacer algo en la vida, estamos en camino. No es un paseo, ni siquiera un laberinto, ¡no!, es un camino. En el camino, pasamos delante de numerosos hechos históricos, enfrentándonos a muchas situaciones difíciles. Y también frente a cementerios. El consejo de este cementerio es: ‘Tú que pasas, detén el paso y piensa en tus pasos, en el último paso’. Todos tendremos un último paso. Alguien podría decirme: «Padre, no esté tan triste, no sea dramático». Pero es la verdad. Lo importante es que ese último paso nos encuentre en el camino, no caminando; en el camino de la vida, no en un laberinto sin fin. Estar en camino para que el último paso nos encuentre en el camino. Este es el primer pensamiento que me gustaría decir y que brota de mi corazón.

El segundo pensamiento son las tumbas. Esta gente -buena gente- murió en la guerra, murió porque fue llamada a defender la patria, a defender valores, a defender ideales y, muchas veces, a defender situaciones políticas tristes y lamentables. Y son las víctimas, las víctimas de la guerra que devora a los niños del país. Y pienso en Anzio, en Redipuglia; Pienso en Piave en 1914, muchos se quedaron allí, pienso en la costa de Normandía: ¡cuarenta mil durante ese desembarco! Pero no importó, murieron…

Allí me detuve frente a una tumba: ‘Desconocido. Murió por Francia, 1944 ‘. Ni siquiera el nombre. En el corazón de Dios está el nombre de todos nosotros, pero esta es la tragedia de la guerra. Estoy seguro de que todos los que han ido de buena gana, llamados por su país a defenderlo, están con el Señor. Pero nosotros, que estamos en camino, ¿luchamos lo suficiente como para que no haya guerras? ¿Para que las economías de los países no se vean fortalecidas por la industria armamentística? Hoy el sermón debería servir para mirar las tumbas: ‘Murió por Francia’; algunos tienen el nombre, otros no. Pero estas tumbas son un mensaje de paz: ‘¡Deténganse, hermanos y hermanas, Deténganse! ¡Detente, fabricantes de armas, detente! »

Te dejo estos dos pensamientos. ‘Tú que pasas, piensa en tus pasos, en el último paso’: que sea en paz, en paz de corazón, todo en paz. El segundo pensamiento: estas tumbas que hablan, gritan, gritan por sí mismas, gritan: «¡Paz!»

¡Que el Señor nos ayude a sembrar y guardar estos dos pensamientos en nuestro corazón!”

Papa Francisco

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