Corpus Christi: cuando Jesús sale a nuestro encuentro

Hay fiestas que celebramos dentro de los templos y otras que, por su propia naturaleza, parecen pedir salir a las calles. El Corpus Christi es una de ellas.

Este domingo la Iglesia celebra la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, una fiesta que nos invita a contemplar uno de los mayores tesoros de nuestra fe: la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía.

Cuando participamos en la Santa Misa no asistimos únicamente a un recuerdo simbólico de la Última Cena. Creemos, como la Iglesia ha enseñado desde los tiempos apostólicos, que bajo las especies del pan y del vino está verdaderamente presente Jesucristo, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. El mismo Señor que nació en Belén, murió en la Cruz y resucitó glorioso sigue queriendo quedarse con nosotros y hacerse alimento para nuestro camino.

Una fiesta con siglos de historia

La fiesta del Corpus Christi nació en el siglo XIII para destacar precisamente esta verdad de fe y para fomentar la adoración al Santísimo Sacramento. Con el paso de los siglos, las procesiones, las custodias, las alfombras florales y las manifestaciones públicas de devoción se convirtieron en una expresión visible del amor de los cristianos hacia Jesús Eucaristía.

Pero quizá algunas personas podrían preguntarse hoy: ¿tiene sentido sacar una custodia a la calle? ¿No sería suficiente rezar dentro de la iglesia?

Una fe que sale al encuentro

La respuesta la encontramos en el propio Evangelio. Jesús nunca fue alguien que permaneciera encerrado. Recorrió pueblos y ciudades, salió al encuentro de enfermos, pecadores y necesitados. Su amor siempre fue un amor que sale, que busca, que llama y que se acerca.

Por eso la procesión de Corpus Christi no es una exhibición ni una costumbre folclórica sin más. Es una proclamación sencilla pero profunda: Cristo quiere caminar con su pueblo. Quiere entrar en nuestras calles, en nuestras plazas, en nuestros hogares y en nuestra vida cotidiana.

En una sociedad donde tantas veces se nos invita a vivir la fe de manera privada, casi escondida, el Corpus Christi nos recuerda que la fe auténtica siempre nos impulsa a salir. No para imponernos a nadie, sino para ofrecer humildemente aquello que hemos recibido. Quien ha encontrado a Cristo no puede guardarlo sólo para sí.

La Iglesia nació para anunciar, para servir y para salir al encuentro del mundo. Y cada procesión de Corpus es un pequeño reflejo de esa misión.

El rostro visible de la Iglesia

La procesión es también una hermosa imagen de la Iglesia. Niños que este año han recibido por primera vez a Jesús en la Eucaristía, miembros de la Adoración Nocturna Femenina y Masculina, Cáritas, cofradías, movimientos, asociaciones y fieles de toda condición caminan juntos detrás del mismo Señor.

Diferentes carismas, sensibilidades y vocaciones, unidos por una misma fe y una misma esperanza.

Es también una oportunidad para agradecer el trabajo silencioso de tantas personas que hacen posible esta celebración: quienes preparan las tradicionales alfombras florales, quienes cuidan la liturgia, quienes organizan la procesión y todos aquellos que, de una forma u otra, contribuyen a que esta fiesta siga siendo un signo vivo de fe para nuestra ciudad.

Una invitación para todos

Por eso queremos invitar a todos los fieles de nuestra Unidad Pastoral y a cuantos lo deseen a participar en la tradicional Procesión del Corpus Christi de Avilés, que comienza al finalizar la misa de 12:00 en San Nicolás de Bari.

Será una ocasión privilegiada para acompañar al Señor por las calles de nuestra ciudad, contemplar las hermosas alfombras florales, acompañar a los niños de Primera Comunión, compartir la fe con tantos grupos que enriquecen la vida de nuestra Iglesia arciprestal y diocesana.

Una oportunidad para rezar juntos, dar testimonio de nuestra fe y recordar que Cristo sigue presente entre nosotros.

Porque Jesús sigue saliendo a nuestro encuentro.

Y quizá la gran pregunta que nos deja esta fiesta sea esta:

Si Cristo no tuvo miedo de salir a nuestras calles para buscarnos, ¿por qué habríamos de tener nosotros miedo de caminar con Él?

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