Mayo 2026: culminar la Pascua de la mano de María
El mes de mayo llega siempre con un aire especial. Es el mes de María, sí, pero este año lo vivimos también como un verdadero camino pascual que va madurando poco a poco hasta su plenitud. No es una sucesión de fechas sin más, sino un itinerario que nos conduce desde la vida cotidiana hasta el envío del Espíritu… y que en nuestra comunidad encuentra un broche muy propio: la Virgen de la Luz.
Comenzamos el mes poniendo los pies en la tierra, con San José Obrero. Ahí, en lo sencillo, en el trabajo de cada día, arranca este camino. Porque la Pascua no se vive fuera de la vida, sino en medio de ella.
Poco a poco, el corazón se va ensanchando. La Iglesia nos invita a mirar al cielo con la Ascensión del Señor (17 de mayo), recordándonos que Cristo no nos abandona, sino que nos abre el horizonte. Y en ese mismo clima de espera, aparece con fuerza la presencia de María, tan propia de este mes, como madre que acompaña el camino sin hacer ruido, pero sosteniéndolo todo en uno de los momentos más nuestros: la novena a la Virgen de la Luz.
En medio de este tiempo pascual, la novena (del 18 al 26 de mayo) se convierte en algo más que una devoción: es un lugar de encuentro. Subir a la ermita al caer la tarde, parar, rezar juntos, compartir… es una forma muy concreta de vivir la fe. Bajo el lema “María, Reina de la Paz”, ponemos en sus manos nuestras inquietudes, nuestras familias, nuestro mundo, tan necesitado de esa paz que solo Dios puede dar.
Casi sin darnos cuenta, en ese mismo clima de oración, llegamos a Pentecostés (24 de mayo), el gran culmen de la Pascua. El Espíritu Santo desciende sobre la Iglesia y la pone en camino. Todo lo vivido hasta ahora cobra sentido: no se trata solo de celebrar, sino de dejarnos transformar y enviar.
Y cuando parece que el camino ya ha alcanzado su cima… en nuestra comunidad aún queda algo más.
Porque la Pascua, aquí, culmina con rostro de Madre.
El 26 de mayo, celebramos a la Virgen de la Luz, nuestra patrona. Y ahí, en la ermita, todo encaja: la Pascua vivida, el Espíritu recibido, la comunidad reunida… y María en el centro, como siempre, señalando a su Hijo.
Podríamos decir que en Villalegre – La Luz, la Pascua se cierra con un broche muy especial: el de María.
Después, la Iglesia nos seguirá llevando a profundizar en el misterio con la Santísima Trinidad (30 de mayo) y la Visitación (31 de mayo), pero ya con el corazón lleno de todo lo vivido.
Mayo, así entendido, no es solo un mes bonito.
Es una oportunidad para caminar, celebrar y encontrarnos.
Y, sobre todo, para dejarnos llevar… porque María sigue esperando en la ermita.
