Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
En esta noche santa de Navidad, el Evangelio nos vuelve a conducir a Belén, donde “María dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre” (Lc 2,7). Allí, en la sencillez y el silencio, Dios eligió hacerse cercano, frágil y humilde para habitar en medio de nosotros.
Los ángeles anuncian a los pastores una gran alegría: “Hoy os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor” (Lc 2,11). Esa misma alegría es la que hoy deseo para cada uno de vosotros y vuestras familias. Que el Niño Dios renazca en vuestros corazones y os regale su paz, una paz que no depende de las circunstancias, sino de saberos amados infinitamente por Dios.
Que, como María, sepamos acoger la voluntad del Señor con confianza; que, como José, caminemos con fe aun en medio de la incertidumbre; y que, como los pastores, vayamos al encuentro de Cristo con un corazón sencillo y dispuesto a adorarle.
Os deseo una Navidad llena de luz, esperanza y consuelo. Que el amor que Dios nos manifiesta en el pesebre nos impulse a ser instrumentos de paz, misericordia y ternura para todos, especialmente para los más necesitados.
Con mi oración y bendición,
Feliz Navidad.
