DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 5º de Cuaresma
Reflexión lecturas del domingo 22 de marzo de 2026.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
En este quinto domingo de Cuaresma la liturgia nos sitúa ante uno de los signos más impresionantes del Evangelio: la resurrección de Lázaro. Nos encontramos ya muy cerca de la Semana Santa y la Iglesia quiere que miremos de frente al gran enemigo del ser humano: la muerte. Pero no para desesperarnos, sino para descubrir que Cristo tiene la última palabra.
El profeta Ezequiel anuncia una promesa de Dios llena de esperanza: “Abriré vuestros sepulcros, os sacaré de ellos y os infundiré mi espíritu.” No es solo una promesa para el final de los tiempos. Es también una promesa para nuestra vida presente. Muchas veces vivimos como si estuviéramos dentro de un sepulcro: encerrados en el pecado, en el miedo, en el cansancio espiritual o en la falta de esperanza. Pero Dios no quiere que su pueblo viva en la muerte, sino en la vida.
El salmo responde con el grito del corazón humano: “Desde lo hondo a ti grito, Señor.” Todos conocemos ese “hondo”: el momento en que sentimos que no podemos más, cuando las cosas se complican o cuando nuestra fe se debilita. Sin embargo, el salmista nos recuerda algo esencial: en Dios siempre hay misericordia y redención abundante. Nunca es tarde para volver a Él.
San Pablo, por su parte, nos recuerda que el Espíritu de Dios habita en nosotros. El cristiano no vive solo con sus propias fuerzas. El mismo Espíritu que resucitó a Cristo de entre los muertos vive en el corazón del creyente. Por eso nuestra vida no está destinada a la muerte, sino a la vida nueva.
El Evangelio nos muestra a Jesús profundamente humano: llora por su amigo Lázaro. Este detalle es precioso. Dios no es indiferente ante nuestro dolor. Cristo se conmueve ante el sufrimiento humano. Pero después de llorar, actúa. Y pronuncia una de las frases más decisivas de todo el Evangelio: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá.”
Jesús no solo resucita a Lázaro. También nos llama a cada uno por nuestro nombre para sacarnos de nuestras tumbas personales. Quizá la tumba del desánimo, de una fe tibia, de un pecado que se repite o de una vida espiritual dormida.
La Cuaresma es precisamente ese momento en el que Cristo se acerca a la puerta de nuestro sepulcro y grita, como gritó aquel día: “¡Sal fuera!”.
Salir fuera significa volver a la vida, volver a la gracia, volver a la esperanza.
Y después Jesús añade algo muy significativo a los que estaban alrededor: “Desatadlo y dejadlo andar.” La comunidad cristiana también tiene una misión: ayudarnos unos a otros a liberarnos de las vendas que nos atan.
A las puertas de la Semana Santa, el Señor nos invita a renovar nuestra fe. No estamos hechos para la muerte ni para la desesperanza. Estamos hechos para la vida que nace de Cristo.
Que en estos últimos días de Cuaresma dejemos que Jesús se acerque a nuestras tumbas interiores y escuchemos su voz que nos llama a vivir. Porque donde está Cristo, incluso la muerte pierde su poder.
Oración
Señor Jesús, Tú que llamaste a Lázaro desde la oscuridad del sepulcro, llama también a nuestro corazón cuando se cierra a la esperanza.
Sácanos de nuestras tumbas de miedo, de pecado y de tristeza.
Infunde en nosotros tu Espíritu de vida, para que caminemos como hijos de la luz.
Haz que en estos últimos días de Cuaresma escuchemos tu voz y tengamos el valor de salir hacia Ti, para vivir ya desde ahora la vida nueva que solo Tú puedes dar.
Amén.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 4º de Cuaresma
Reflexión lecturas del domingo 15 de marzo de 2026.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
El cuarto domingo de Cuaresma nos invita a mirar nuestra vida desde una perspectiva nueva: la mirada de Dios. Las lecturas de hoy giran en torno a un mismo tema profundo: ver más allá de las apariencias y dejar que Cristo ilumine nuestra vida.
En la primera lectura, Dios envía al profeta Samuel a elegir al futuro rey de Israel entre los hijos de Jesé. Samuel, como cualquier persona, se fija en lo visible: en la altura, en la fuerza, en la apariencia del hijo mayor. Pero Dios lo corrige con una frase que atraviesa toda la Biblia: “El hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón.”
Finalmente, el elegido no es el más fuerte ni el más impresionante, sino David, el más pequeño, el que ni siquiera estaba presente porque estaba cuidando el rebaño. Este pasaje nos recuerda que Dios tiene una forma de elegir muy distinta de la nuestra. Mientras el mundo suele valorar el éxito, el prestigio o la imagen, Dios busca la autenticidad del corazón.
La segunda lectura profundiza en esta idea con una llamada clara de san Pablo: “Antes erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor.”
La Cuaresma es precisamente ese camino: pasar de la oscuridad a la luz. No se trata solo de evitar el mal, sino de vivir como personas iluminadas por Cristo, dejando que en nuestra vida aparezcan frutos concretos: bondad, verdad y justicia. Pablo incluso nos lanza una especie de despertador espiritual: “Despierta, tú que duermes… y Cristo será tu luz”.
El Evangelio lleva este mensaje a una escena muy poderosa: la curación del ciego de nacimiento. Jesús devuelve la vista a un hombre que nunca había visto la luz. Pero el verdadero drama del relato no es la ceguera física, sino la ceguera interior de quienes se creen que ven.
Los fariseos, convencidos de su seguridad religiosa, no pueden aceptar lo que ha ocurrido. Mientras el hombre que era ciego termina confesando su fe —“Creo, Señor”—, ellos permanecen cerrados en sus prejuicios.
Aquí aparece una gran paradoja del Evangelio: el que no veía termina viendo, y los que creían ver quedan en la oscuridad.
Este pasaje nos invita a preguntarnos con sinceridad:
¿En qué aspectos de nuestra vida seguimos siendo ciegos?
¿En qué situaciones juzgamos solo por las apariencias, como Samuel al principio?
A veces podemos vivir con los ojos abiertos, pero con el corazón cerrado: cuando juzgamos a las personas rápidamente, cuando reducimos a alguien a su pasado o cuando no dejamos que Dios nos sorprenda.
La Cuaresma es precisamente el tiempo en el que Cristo quiere poner barro en nuestros ojos —como hizo con el ciego— para curar nuestra mirada. A veces esa curación pasa por experiencias que no entendemos al principio: una crisis, una corrección, una dificultad. Pero en medio de todo eso, Dios está obrando algo más profundo.
El mensaje de este domingo es una invitación clara: dejarnos iluminar por Cristo para aprender a mirar como Dios mira: mirar con misericordia, mirar con profundidad, mirar con el corazón.
Porque cuando Cristo entra en nuestra vida ocurre el mismo milagro que en el Evangelio: empezamos a ver la realidad de otra manera.
Y entonces también nosotros podemos decir, como aquel hombre curado:
“Creo, Señor”.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 3º de Cuaresma
Reflexión lecturas del domingo 8 de marzo de 2026.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
La liturgia de este tercer domingo de Cuaresma gira en torno a una experiencia profundamente humana: la sed. No solo la sed física, sino esa sed interior que todos llevamos dentro: sed de sentido, de amor, de esperanza, de verdad.
En la primera lectura vemos al pueblo de Israel caminando por el desierto. La sed los desespera y terminan murmurando contra Moisés: «¿Está el Señor entre nosotros o no?». En el fondo, su queja no es solo por la falta de agua, sino por la duda que se instala en su corazón. El desierto exterior revela el desierto interior de la desconfianza. Sin embargo, Dios responde con paciencia: de la roca brota agua. Incluso en medio de la protesta, Dios sigue sosteniendo la vida.
Este episodio prepara el corazón para el evangelio. Allí encontramos a Jesús sentado junto al pozo de Jacob, cansado del camino. Y pronuncia una frase sorprendente: “Dame de beber”.
El Hijo de Dios se presenta como alguien que necesita. Pero esa petición es en realidad el inicio de un encuentro que transformará la vida de la mujer samaritana.
La escena es profundamente simbólica. Jesús habla con una mujer, samaritana, además —alguien considerado extranjero y marginado—. Y en ese diálogo, poco a poco, Jesús revela la verdad de su vida. No para condenarla, sino para abrirle un camino nuevo. La mujer llega al pozo buscando agua cotidiana y termina encontrándose con el agua viva que sacia el corazón.
Este evangelio nos recuerda algo fundamental: Dios siempre toma la iniciativa del encuentro. A veces lo hace en los lugares más ordinarios de nuestra vida: en el trabajo, en la rutina, en medio del cansancio o de nuestras búsquedas. Como con la samaritana, Dios se acerca con paciencia, dialoga con nosotros y nos conduce lentamente hacia una verdad más profunda.
San Pablo, en la segunda lectura, nos da la clave: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo”. Esa es el agua viva de la que habla Jesús: el amor de Dios que transforma el interior de la persona.
La mujer samaritana termina haciendo algo hermoso: deja su cántaro y corre a anunciar a los demás lo que ha descubierto. El cántaro simboliza aquello con lo que intentamos saciar nuestra sed: seguridades, rutinas, búsquedas superficiales. Cuando encontramos a Cristo, muchas veces comprendemos que hay algo mucho más grande que todo eso.
Tal vez la Cuaresma sea precisamente eso: volver al pozo y reconocer nuestra sed.
Sed de Dios.
Sed de vida verdadera.
Sed de un amor que no se agote.
Y allí, en ese lugar donde nos sentimos frágiles o vacíos, escuchar nuevamente a Cristo que nos dice:
“Si conocieras el don de Dios…”
Porque solo Él puede darnos el agua que no se acaba y que se convierte dentro de nosotros en fuente de vida eterna.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 2º de Cuaresma
Reflexión Evangelio del domingo 1 de marzo de 2026.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
La liturgia de este segundo domingo de Cuaresma nos presenta un movimiento que realizamos diariamente en toda la vida cristiana: salir, subir y volver. No es casualidad que la primera lectura nos hable de Abrahán, el hombre que escuchó una voz que le decía: “Sal de tu tierra”. Tampoco es casualidad que el Evangelio nos lleve al monte de la Transfiguración, donde Jesús muestra por un instante la luz escondida de su identidad. Ambas escenas están unidas por el mismo hilo invisible: la confianza que se atreve a caminar hacia lo desconocido porque Dios ha hablado.
Abrahán no recibe un mapa, sino una promesa. Dios no le explica el camino, sino que le pide que camine. Esto es profundamente actual. Muchas veces quisiéramos seguridades, respuestas claras, garantías. Pero Dios, más que darnos certezas sobre el futuro, nos ofrece su presencia. La fe no elimina la incertidumbre; la atraviesa con esperanza.
El Evangelio nos muestra a Pedro, Santiago y Juan subiendo al monte con Jesús. Allí, por un instante, todo se ilumina. El rostro de Jesús resplandece, sus vestidos se vuelven blancos, y los discípulos comprenden que hay algo más grande de lo que sus ojos ven habitualmente. Es como si Dios corriera el velo de la rutina para mostrar el sentido profundo de todas las cosas.
Sin embargo, lo más importante no es la luz en sí, sino lo que viene después. La experiencia no es para quedarse en el monte. Pedro quiere detener el momento, construir tiendas, congelar la belleza. Pero la vida no ocurre en la cima, sino en el valle. La experiencia de Dios no es una evasión de la realidad, sino una preparación para vivirla de otra manera.
La Transfiguración no elimina la cruz que vendrá después. La ilumina.
Esto es esencial para nuestra Cuaresma. No caminamos hacia la Pascua ignorando el sufrimiento, sino descubriendo que la luz de Dios ya está presente, incluso cuando no la vemos. Los discípulos bajan del monte, y Jesús les pide silencio. La comprensión plena vendrá más tarde. Primero hay que seguir caminando.
También nosotros necesitamos “subir al monte”. No necesariamente un lugar físico, sino un espacio interior de silencio, de oración, de escucha. En medio del ruido, de las preocupaciones y de la prisa, corremos el riesgo de olvidar quién es Jesús y quiénes somos nosotros. La oración nos devuelve la claridad. Nos recuerda que nuestra vida no es un accidente, sino una llamada.
San Pablo, en la segunda lectura, lo dice con fuerza: Dios nos ha llamado y nos ha dado su gracia, no por nuestros méritos, sino por su amor. Esto significa que nuestra vida no está sostenida por nuestra perfección, sino por su fidelidad.
La Cuaresma es, en el fondo, una invitación a escuchar de nuevo la voz que dijo a Abrahán: “Sal”. Sal de la comodidad que te encierra. Sal del miedo que te paraliza. Sal de la imagen reducida que tienes de ti mismo. Sal, porque hay una promesa esperándote.
Y también es una invitación a subir al monte con Jesús, para recordar que la luz es más fuerte que la oscuridad, que la vida es más fuerte que la muerte, y que el amor es más fuerte que el miedo.
Tal vez no veremos un resplandor con nuestros ojos. Pero si escuchamos, si caminamos, si confiamos, algo en nosotros comenzará a transformarse.
Y entonces, al bajar de nuestro monte cotidiano, el mundo será el mismo, pero nosotros no.
Oración
Señor Jesús, llévanos contigo al monte del silencio, para escuchar tu voz y reconocer tu luz. Danos confianza para seguirte cada día, y, al volver a nuestra vida cotidiana, haz que vivamos con la esperanza de saber que tú caminas siempre con nosotros. Amén.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 1º de Cuaresma
Reflexión Evangelio del domingo 22 de febrero de 2026.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
La Cuaresma comienza con una escena fuerte: Jesús en el desierto, solo, débil por el ayuno, tentado. No es casualidad. La Iglesia nos pone este evangelio al inicio porque el desierto no es solo un lugar físico, sino una experiencia interior. Es el lugar donde se revela lo que hay en nuestro corazón y, sobre todo, a quién decidimos escuchar.
El evangelio nos muestra que Jesús no es tentado cuando está fuerte, rodeado de gente o realizando milagros. Es tentado cuando tiene hambre, cuando está cansado, cuando está aparentemente vulnerable. Esto nos dice algo muy humano: las tentaciones más profundas no aparecen cuando todo va bien, sino cuando estamos cansados, heridos, decepcionados o inseguros.
El tentador le propone tres caminos, que en el fondo son las tres grandes ilusiones de la vida.
La primera tentación es convertir las piedras en pan. Es la tentación de vivir solo para lo inmediato, para lo material, para la satisfacción instantánea. No es que el pan sea malo; es necesario. Pero cuando el pan se convierte en lo único importante, perdemos algo esencial. Jesús responde: “No solo de pan vive el hombre.” Hay un hambre más profunda que ningún alimento material puede saciar: el hambre de sentido, de amor, de Dios.
La segunda tentación es la más sutil: poner a prueba a Dios. Es la tentación de querer un Dios que actúe según nuestras condiciones, que resuelva nuestros problemas inmediatamente, que nos dé pruebas visibles y constantes de su presencia. Es la tentación de la desconfianza disfrazada de fe.
La tercera tentación es el poder. El tentador le ofrece todos los reinos de este mundo. Es la tentación del control, del éxito, de la grandeza según los criterios humanos. Es la voz que nos dice que valemos por lo que tenemos, por lo que logramos, por el reconocimiento que recibimos. Pero Jesús no vino a dominar, sino a servir. No vino a imponerse, sino a amar.
En todas las tentaciones hay algo en común: una voz que quiere separar a Jesús del Padre. No le propone hacer cosas malas en apariencia, sino elegir caminos sin Dios, o usar a Dios para sus propios fines.
Y aquí está el corazón del mensaje: Jesús vence no con su fuerza, sino con su fidelidad. Vence porque sabe quién es y en quién confía.
Esto es profundamente consolador, porque significa que la Cuaresma no es un tiempo para demostrar nuestra perfección, sino para renovar nuestra confianza.
El desierto de nuestra vida puede tener muchas formas: una preocupación que no se resuelve, una herida que no sana, una duda, un cansancio interior, una sensación de vacío. En esos momentos también nosotros escuchamos muchas voces: la voz del miedo, la del desánimo, la de la autosuficiencia, la de la desesperanza.
Pero también hay otra voz: la voz de Dios, que no grita, que no se impone, que habla en el silencio.
La Cuaresma no es un tiempo de tristeza, sino de verdad. Es el tiempo de volver a lo esencial. Es el tiempo de dejar de vivir distraídos y volver a centrar el corazón.
Jesús no elimina el desierto. Lo atraviesa. Y al hacerlo, lo transforma en un lugar de encuentro con Dios.
Tal vez esta sea la invitación para nosotros hoy: no huir de nuestros desiertos, sino habitarlos con fe. No escuchar todas las voces, sino elegir la voz que da vida.
Porque al final, la gran pregunta de la Cuaresma no es qué vamos a hacer, sino a quién vamos a escuchar.
Y de esa elección depende todo.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 6º del Tiempo Ordinario
Reflexión Evangelio del domingo 15 de febrero de 2026.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
Las lecturas de este domingo nos sitúan frente a una verdad que puede parecer incómoda, pero que es profundamente liberadora: nuestra vida se construye a partir de decisiones. No somos espectadores pasivos, sino protagonistas. Dios nos ha creado libres, y esa libertad es a la vez un don y una responsabilidad.
La primera lectura, del libro del Eclesiástico, lo expresa con una claridad impresionante: “Delante del hombre están la vida y la muerte, el bien y el mal; lo que él escoja se le dará”. Dios no nos obliga a amarle. No nos fuerza a vivir correctamente. Nos propone un camino y nos deja elegir. Esta afirmación es exigente, porque nos recuerda que no podemos culpar siempre a las circunstancias, al pasado o a los demás. Cada día, en lo pequeño y en lo grande, estamos eligiendo quién queremos ser.
Sin embargo, el Evangelio da un paso más. Jesús no se conforma con que cumplamos normas externas. Va al corazón. Nos enseña que no basta con evitar el mal visible; es necesario sanar la raíz interior. No basta con no matar; hay que aprender a no despreciar. No basta con no cometer adulterio; hay que purificar la mirada. No basta con decir la verdad; hay que vivir en la verdad.
Jesús no endurece la ley, la profundiza. Nos invita a una coherencia que nace del amor, no del miedo.
Muchas veces podemos caer en la tentación de vivir una fe superficial: cumplir lo mínimo, evitar lo más grave, aparentar corrección. Pero Jesús nos llama a algo mucho más grande: a una transformación interior. La fe no consiste en parecer buenos, sino en llegar a serlo desde dentro.
La segunda lectura nos recuerda que esta sabiduría no es fruto solo del esfuerzo humano, sino un don de Dios. No se trata de perfeccionarnos a base de voluntad, sino de dejarnos transformar por su gracia.
La pregunta clave que surge hoy es sencilla, pero radical:
¿Qué estoy eligiendo en mi vida?
Cada gesto de amor es una elección por la vida.
Cada acto de perdón es una elección por la vida.
Cada vez que decimos la verdad, elegimos la vida.
Cada vez que amamos incluso cuando cuesta, elegimos la vida.
Dios no quiere imponernos un camino. Quiere que lo elijamos libremente. Porque solo el amor elegido es verdadero amor.
Hoy, el Señor nos recuerda que la santidad no comienza en las grandes decisiones heroicas, sino en las pequeñas decisiones cotidianas. En lo que pensamos. En lo que decimos. En cómo tratamos a los demás.
La vida plena no es un accidente. Es una elección diaria.
Y la buena noticia es que nunca elegimos solos. Dios camina con nosotros, nos fortalece y nos guía. Solo espera que, una vez más, hoy, elijamos la vida.
Oración
Señor, pon en mi corazón el deseo de elegir siempre el bien. Dame un corazón sincero, capaz de amar en lo pequeño y en lo grande. Ayúdame a vivir con coherencia. Que tu gracia me acompañe cada día, y que, con tu ayuda, elija siempre el camino que conduce a la vida.
Amén.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 5º del Tiempo Ordinario
Reflexión Evangelio del domingo 8 de febrero de 2026.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
Las lecturas de este domingo nos ponen delante una pregunta incómoda y necesaria: ¿se nota nuestra fe en la vida cotidiana? No en lo que decimos, sino en lo que hacemos, en cómo vivimos, en la huella que dejamos.
El profeta Isaías es muy claro. No habla de una religiosidad encerrada en ritos vacíos, sino de una fe que se traduce en gestos concretos: partir tu pan con el hambriento, acoger al pobre, no desentenderte de tu hermano. Y entonces —solo entonces— dice el texto, tu luz brillará en la oscuridad. No es primero la luz y luego las obras; es al revés: la luz nace de una vida entregada.
El salmo responde casi como un eco: “Brilla en las tinieblas como luz el que es justo”. No porque sea perfecto, sino porque vive con misericordia, justicia y generosidad. La fe auténtica no deslumbra, ilumina. No busca protagonismo, pero se vuelve referencia.
San Pablo, en la carta a los Corintios, da un paso más y nos recuerda algo clave: la fuerza del Evangelio no está en discursos brillantes ni en sabiduría humana, sino en el poder de Dios que actúa en la debilidad. Pablo renuncia a impresionar para que quede claro que lo importante no es el mensajero, sino el mensaje. La fe no se apoya en fuegos artificiales, sino en la experiencia profunda de Dios.
Y entonces llega el Evangelio, con una de las imágenes más potentes de Jesús: “Vosotros sois la sal de la tierra… vosotros sois la luz del mundo”. No dice “deberíais ser”, sino “sois”. Es una identidad, una misión que ya llevamos dentro. La sal no sirve si no sala; la luz no cumple su función si se esconde. Una fe que no transforma la vida, que no se traduce en amor concreto, corre el riesgo de quedarse insípida.
Pero Jesús también nos libera de una carga: “que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre”. No se trata de lucirse ni de demostrar nada. Se trata de vivir de tal manera que otros puedan descubrir a Dios a través de nosotros, casi sin darnos cuenta.
Este domingo es una invitación a revisar nuestra fe:
¿Es una fe que se queda en palabras o una fe que se vuelve gesto?
¿Iluminamos o simplemente pasamos desapercibidos?
¿Somos sal que da sabor o nos hemos diluido?
Quizá no estamos llamados a grandes hazañas, pero sí a pequeños actos de luz: una palabra justa, una mano tendida, una renuncia silenciosa, una fidelidad cotidiana. Ahí, en lo sencillo, es donde el Evangelio se vuelve creíble.
Porque cuando la fe se vive, la luz no se puede esconder.
Oración
Señor, haznos sal que dé sabor a la vida y luz que ilumine sin deslumbrar al otro.
Que nuestra fe se note en el amor concreto y que, a través de nosotros, otros puedan encontrarte. Amén.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 4º del Tiempo Ordinario
Reflexión Evangelio del domingo 1 de febrero de 2026.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
Las lecturas de este cuarto domingo del Tiempo Ordinario nos colocan frente a una de las páginas más desafiantes y hermosas del Evangelio: las Bienaventuranzas. No son solo palabras consoladoras, sino una verdadera revolución del corazón, una nueva manera de entender la vida, el éxito y la felicidad.
El profeta Sofonías nos invita a buscar al Señor desde la humildad: «Buscad al Señor los humildes de la tierra». Dios no se fija en la fuerza ni en el prestigio, sino en un pueblo sencillo, pobre, que confía en Él. Desde el principio, la Palabra nos recuerda que el Reino de Dios no se construye desde la autosuficiencia, sino desde la confianza.
San Pablo refuerza esta idea al recordar a la comunidad de Corinto —y a nosotros— que Dios no eligió a los sabios ni a los poderosos según los criterios del mundo. Eligió lo débil, lo pequeño, lo que no cuenta, para mostrar que la verdadera fuerza viene de Él. Esta afirmación desmonta muchos de nuestros esquemas: no somos valiosos por lo que logramos o acumulamos, sino por lo que somos ante Dios.
Y entonces llega Jesús, sube al monte y proclama las Bienaventuranzas. No habla de un camino fácil. Llama felices a los pobres de espíritu, a los mansos, a los que lloran, a los que tienen hambre de justicia, a los misericordiosos, a los limpios de corazón, a los que trabajan por la paz y a los perseguidos. A primera vista, parece una contradicción. ¿Cómo puede haber felicidad en el sufrimiento, en la renuncia o en la persecución?
Jesús no promete una felicidad superficial ni inmediata. Nos ofrece una felicidad profunda, que nace de vivir según el corazón de Dios. Las Bienaventuranzas nos enseñan que el Reino ya comienza aquí cuando elegimos la humildad en lugar del orgullo, la misericordia en lugar del juicio, la paz en lugar de la violencia, la confianza en lugar del miedo.
Este domingo, la Palabra nos invita a revisar nuestros criterios de felicidad. ¿Dónde ponemos nuestra seguridad? ¿Qué significa para nosotros “vivir bien”? Seguir a Cristo implica aceptar su lógica, tan distinta de la del mundo, pero infinitamente más humana y verdadera.
Oración:
Señor, haz que al escuchar estas lecturas nos dejemos interpelar y transformar, y que aprendamos a vivir como ese “pueblo humilde y pobre” que pone su esperanza en Tí, descubriendo que en Tí —y solo Tí— está la verdadera bienaventuranza
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 3º del Tiempo Ordinario
Reflexión Evangelio del domingo 25 de enero de 2026.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
Las lecturas de este domingo, final del octavario de San Pablo, nos invitan a contemplar una verdad profunda: Dios no solo acompaña a su pueblo, sino que irrumpe con luz y esperanza donde antes solo había oscuridad.
En la primera lectura del profeta Isaías contemplamos una imagen que despierta el corazón: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz”. Esta promesa nace en un contexto de sufrimiento y humillación —la tierra de Zabulón y Neftalí, regiones castigadas— pero la palabra de Dios transforma la historia: la luz llega, la alegría florece, el yugo se rompe.
El salmo responsorial repite con confianza: “El Señor es mi luz y mi salvación”. No se trata de una luz tenue o pasajera, sino de una presencia constante que orienta, protege y da valor en medio de la incertidumbre.
San Pablo, en la segunda lectura, nos toca de cerca en nuestra vida comunitaria. Nos recuerda que la unidad entre cristianos no es un ideal opcional, sino parte esencial de la fidelidad al Evangelio. No somos seguidores de personas, tendencias o estilos diferentes; estamos llamados a estar unidos en Cristo, la fuente de toda verdad y amor.
Finalmente, el Evangelio de Mateo nos sitúa junto a Jesús al inicio de su misión pública: él se retira a Galilea y proclama —con valentía y ternura— “Arrepentíos, porque el reino de los cielos está cerca”. Su palabra es un llamado a cambiar la mirada, a dejar atrás lo que nos ata y a aceptar el reino de Dios que ya está en medio de nosotros.
¿Qué nos quiere decir hoy la Palabra?
Vivimos en tiempos donde las sombras no han desaparecido: personas que sufren soledad, injusticias que parecen interminables, divisiones en las familias y en las comunidades. Pero la gran noticia del Evangelio es que la luz de Cristo sigue brillando en medio de nuestras sombras. Dios no se queda fuera de nuestra vida: Él entra en nuestros miedos, en nuestras dudas y en nuestras grietas, iluminándolos con su amor.
Una llamada para hoy
Que esta Eucaristía nos despierte a la vida nueva que el Señor nos ofrece. Que no tengamos miedo de reconocer nuestras sombras, porque la Luz que viene de Dios no las apaga con violencia, sino que las transforma con amor. Y que, como comunidad, caminemos juntos en unidad, siendo testigos de esa luz para los demás.
Oración
Señor, Tú eres nuestra luz y salvación. Abre nuestros ojos para ver tu presencia en cada día, y nuestros corazones para caminar contigo en unidad y esperanza. Que tu reino crezca en nosotros y a través de nosotros, ahora y siempre. Amén.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 2º del Tiempo Ordinario
Reflexión Evangelio del domingo 18 de enero de 2026.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
Hoy, la Palabra de Dios nos invita a una profunda conversión de mirada y de corazón. En el profeta Isaías escuchamos un mensaje que trasciende su tiempo: el Señor llama a su siervo no solo para restaurar a Israel, sino para ser “luz de las naciones”, para llevar la salvación hasta los confines de la tierra”. Es un llamado que supera cualquier expectativa humana, pues nos habla de una misión universal de amor y de esperanza.
El salmo nos introduce en una actitud interior de disponibilidad: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. No se trata simplemente de oír a Dios, sino de acoger su proyecto con todo el corazón, poniendo nuestra vida al servicio de Su voluntad.
San Pablo, en la segunda lectura, nos recuerda que somos llamados a ser “santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos”. Este saludo apostólico no es una simple cortesía, sino un recordatorio de nuestra identidad: somos pueblo de Dios y portadores de su gracia y paz en medio del mundo.
El Evangelio de Juan presenta uno de los momentos más reveladores de toda la Escritura: cuando Juan Bautista ve a Jesús acercarse y proclama: “este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Con estas palabras, Juan no solo reconoce a Jesús como el Mesías prometido, sino que se convierte en testigo para nosotros también.
Este gesto de Juan nos desafía a mirar a Jesús con ojos de fe, a identificar en Él la fuente verdadera de salvación. Más aún, nos invita a anunciarlo con valentía, como lo hizo el Bautista, para que otros puedan también encontrar al Señor y experimentar su amor redentor.
¿Cuál es nuestra respuesta?
La respuesta del cristiano, como la de Isaías y la de Juan Bautista, es la misma que el salmista formula con humildad: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.”
Esto significa dejar que Jesús transforme nuestra mirada, que Él siga siendo para nosotros el Cordero que quita el pecado del mundo, y que su luz brille también a través de nuestras palabras y acciones.
Oración
Señor Jesús,
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, gracias por salir a nuestro encuentro y por revelarte como luz que ilumina nuestras sombras.
Haznos dóciles a tu voz, para que sepamos decir cada día, con sencillez y verdad: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.”
Que no busquemos protagonismos, sino que, como Juan el Bautista, sepamos señalarte a Ti y conducir a otros hacia tu amor salvador.
Amén.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – EL BAUTISMO DEL SEÑOR
Reflexión Evangelio del domingo 11 de enero de 2026.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
Hoy, la Iglesia nos invita a detenernos ante uno de los momentos más significativos del Evangelio: el bautismo de Jesús en el río Jordán. Esta fiesta marca el final del tiempo de Navidad y el inicio del tiempo ordinario, pero sobre todo, nos confronta con una verdad profunda sobre nuestra identidad como cristianos.
Las lecturas nos ofrecen una imagen clara del corazón del cristianismo:
- Isaías nos presenta al Siervo elegido
En la primera lectura, Dios habla del “siervo” que será luz para las naciones, que no excluye, que no rompe la caña que apenas arde, ni apaga la llama que aún humea. Esta figura profética nos anticipa a Jesús: un siervo manso y persistente que trae justicia y salvación.
- Pedro proclama un mensaje abierto a todos.
En los Hechos de los Apóstoles, Pedro afirma que Dios no hace acepción de personas. Jesús va al Jordán para cumplir la voluntad del Padre y, después de su bautismo, recorre Galilea predicando la paz, haciendo el bien y sanando a los oprimidos. Así, el Evangelio se convierte en una Buena Noticia accesible para todos los corazones abiertos a ella.
- El Evangelio de Mateo nos ubica en el agua del Jordán con Jesús.
Al contemplar a Jesús acercarse a Juan para ser bautizado, vemos algo que va más allá del acto en sí: Dios mismo confirma su identidad. Al salir del agua, los cielos se abren, el Espíritu desciende como paloma y el Padre proclama: “Éste es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias”.
¿Qué significa todo esto para nosotros hoy?
El Bautismo del Señor no es solo un recuerdo histórico; es una llamada a redescubrir nuestro propio bautismo. Cuando fuimos bautizados, fuimos introducidos en la vida de Cristo. Fuimos hechos hijos de Dios, nacidos de nuevo por el Espíritu, invitados a ser luz para el mundo.
Jesús no se bautiza porque necesita purificación, sino para santificar el agua y mostrar el camino. Él se identifica con nuestra fragilidad humana, toma sobre sí nuestra condición y abre una nueva vida para todos: la vida en el Espíritu.
Hoy, el Señor nos recuerda que vivir como bautizados implica responder con libertad a nuestra vocación cristiana: ser misericordiosos donde hay dureza, llevar esperanza donde hay oscuridad, ser instrumentos de paz donde hay división.
Nuestro bautismo nos hace entrañablemente unidos a Cristo, no como espectadores, sino como protagonistas de su misión viva.
¿Cómo puedo hoy vivir más profundamente mi bautismo?
¿Dónde necesito dejarme tocar por Dios, ser transformado por su Espíritu y ser luz para los demás?
Que esta fiesta sea una invitación a reavivar el don de nuestro bautismo, a caminar con humildad, generosidad y confianza, y a recordar que somos amados profundamente por el Padre, tal como Él lo declaró sobre Jesús.
Oración:
Señor Jesús, renueva en nosotros la gracia de nuestro bautismo. Haznos vivir como hijos amados del Padre, guiados por tu Espíritu y comprometidos con tu amor en el mundo. Amén.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – II Domingo de Navidad
Reflexión Evangelio del domingo 5 de enero de 2026.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
El segundo domingo después de Navidad nos invita a contemplar el misterio que ya celebramos, pero ahora con mayor profundidad y calma. No se trata solo de recordar un nacimiento pasado, sino de descubrir lo que ese nacimiento significa hoy para nuestra vida.
Las lecturas giran en torno a una afirmación central: Dios no permanece lejano, no habla desde fuera de la historia, sino que entra en ella, la asume y la ilumina desde dentro.
La Sabiduría de Dios —que el Antiguo Testamento presenta como cercana, creativa y vivificante— encuentra su plena expresión en la Palabra hecha carne. Esa Palabra no es una idea abstracta ni un mensaje impersonal: es alguien que viene a habitar entre nosotros.
El prólogo del evangelio de san Juan nos lleva al corazón de la fe cristiana. Allí se nos dice que la Palabra eterna, por la cual todo fue creado, se hizo carne y puso su morada entre nosotros. Dios no se limitó a hablarnos: se dejó ver, tocar y escuchar. La Navidad no es solo ternura ni emoción; es una proclamación solemne: Dios ha querido compartir nuestra condición humana.
San Pablo, por su parte, nos recuerda que este misterio tiene consecuencias concretas: en Cristo hemos sido bendecidos, elegidos y llamados a vivir como hijos. No somos espectadores de un acontecimiento sagrado, sino destinatarios de una gracia que transforma la manera en que nos vemos a nosotros mismos y a los demás. Vivir como hijos de la luz implica aprender a mirar la vida con esperanza, incluso en medio de la fragilidad y la incertidumbre.
Este domingo nos plantea una pregunta sencilla pero exigente: ¿Hay espacio en nuestra vida para que la Palabra habite de verdad?
No solo en la oración o en la liturgia, sino en nuestras decisiones, relaciones y prioridades.
La Navidad continúa. La luz sigue brillando. Y la Palabra sigue llamando a la puerta, deseosa de encontrar un corazón dispuesto a acogerla.
Oración
Señor Jesús, Palabra hecha carne, habita en nuestro corazón y enséñanos a vivir como hijos de la luz. Que tu presencia transforme nuestra vida.
Amén.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – La Sagrada Familia: Jesús, María y José.
Reflexión Evangelio del domingo 28 de diciembre de 2025.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
Las lecturas de hoy nos presentan a la Sagrada Familia no como una realidad idealizada o perfecta, sino como un hogar real, donde se ama, se busca, se educa y también se sufre. En ellas descubrimos que la santidad no se construye fuera de la vida cotidiana, sino en medio de ella.
El libro del Eclesiástico nos recuerda el valor del respeto, el cuidado y la gratitud dentro de la familia. Honrar a los padres no es solo una norma moral, sino una forma concreta de reconocer el amor recibido y de construir relaciones sanas. En una sociedad que muchas veces descarta a los mayores o relativiza los vínculos familiares, esta lectura nos invita a recuperar la ternura, la paciencia y la responsabilidad mutua.
San Pablo, en la carta a los Colosenses, nos ofrece una especie de “manual” para la vida familiar: compasión, humildad, mansedumbre, paciencia y, sobre todo, amor. No se trata de emociones pasajeras, sino de actitudes que se eligen cada día. La familia cristiana no es perfecta, pero sí es un espacio donde se aprende a perdonar, a comenzar de nuevo y a dejar que Cristo sea el centro que da unidad.
El Evangelio nos sacude. No hay ángeles cantando ni pastores adorando, sino huida, miedo y llanto. Jesús, siendo apenas un niño, se ve obligado a escapar. Herodes, aferrado a su poder, responde con violencia al anuncio de una esperanza nueva. Y las víctimas son los más frágiles: los niños inocentes.
Este pasaje nos recuerda algo incómodo pero profundamente real: Dios no se encarna en un mundo ideal, sino en un mundo herido. Jesús no llega para evitar todo sufrimiento de inmediato, sino para habitarlo, atravesarlo y redimirlo desde dentro.
José escucha, obedece y huye. No entiende todo, pero confía. María acompaña en silencio. Y Jesús comparte desde el inicio la condición de tantos desplazados, perseguidos y amenazados. Desde su infancia, Cristo se identifica con quienes no tienen voz.
El Evangelio no romantiza el dolor, pero tampoco lo ignora. Dios lo mira de frente y no es indiferente.
Oración
Señor Jesús, que quisiste nacer y crecer en el seno de una familia, mira con amor a nuestras familias. Bendice nuestros hogares, sana nuestras heridas, danos la gracia de escucharnos, perdonarnos y acompañarnos.
Que en medio de nuestras búsquedas y dificultades sepamos encontrarte como María y José, y confiar en tus tiempos aun cuando no entendamos.
Haz de nuestras familias lugares de amor, de fe y de esperanza. Amén.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 4º de Adviento.
Reflexión Evangelio del domingo 21 de diciembre de 2025.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
Las lecturas de hoy nos colocan ante una de las actitudes más difíciles y, a la vez, más decisivas de la fe: confiar en Dios cuando no entendemos del todo lo que está pasando.
En la primera lectura, el profeta Isaías se dirige al rey Acaz, un hombre paralizado por el miedo. Dios le ofrece una señal, pero Acaz se esconde detrás de una falsa prudencia religiosa: “No tentaré al Señor”. En realidad, no quiere confiar. Y, aun así, Dios no retira su promesa: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel”. Dios actúa incluso cuando el ser humano duda, se cierra o se protege.
Esta promesa alcanza su plenitud en el Evangelio. José se encuentra ante una situación que rompe todos sus esquemas. María está embarazada y él sabe que el hijo no es suyo. Su reacción no es el escándalo ni la venganza, sino la justicia silenciosa y compasiva. Sin embargo, eso no basta. Dios le pide más: le pide fe. Creer que, aunque no lo comprenda, Él está obrando. Y José responde con una obediencia que no hace ruido, pero cambia la historia: “Hizo lo que el ángel del Señor le había mandado”.
San Pablo, en la carta a los Romanos, nos recuerda que esta fe no es solo un sentimiento interior, sino una llamada concreta: hemos sido elegidos “para conducir a la obediencia de la fe”. La fe cristiana no consiste en tener todas las respuestas, sino en dar pasos confiados, sostenidos por la certeza de que Dios cumple sus promesas.
Hoy, la Palabra nos interpela directamente:
¿Cuántas veces, como Acaz, preferimos no pedir señales porque tememos lo que Dios pueda pedirnos?
¿Cuántas veces, como José, estamos llamados a obedecer aun cuando la situación parece confusa o injusta?
El nombre del niño lo resume todo: Emmanuel, Dios con nosotros. No un Dios lejano, sino un Dios que entra en nuestras crisis, en nuestras dudas y en nuestras noches de incertidumbre. Un Dios que no elimina mágicamente los problemas, pero que camina con nosotros en medio de ellos.
Que estas lecturas nos ayuden a vivir una fe más confiada, más silenciosa y más valiente; una fe que, como la de José, se atreva a creer que Dios está obrando incluso cuando no entendemos el camino.
Oración
Señor Dios nuestro, que nunca abandonas a tu pueblo y cumples tus promesas incluso cuando dudamos, enséñanos a confiar en Ti. Como José, danos un corazón justo y disponible, capaz de obedecer en silencio aunque no comprendamos del todo tus caminos.
Arranca de nosotros el miedo que paraliza y la falsa prudencia que nos impide creer.
Haznos vivir una fe sincera y valiente, una fe que se traduzca en obediencia, en apertura y en esperanza. Que, al contemplar el misterio de Emmanuel, reconozcamos que Tú estás con nosotros en cada situación de nuestra vida. Amén.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 3º de Adviento – «Gaudete».
Reflexión Evangelio del domingo 14 de diciembre de 2025.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
Hoy, la Iglesia nos invita a detenernos en medio del Adviento para celebrar el Tercer Domingo de Adviento, un momento especial para acoger la alegría en medio de la espera. La liturgia de hoy nos ofrece una Palabra que anuncia consolación, esperanza y presencia: “¡He aquí vuestro Dios!” — un Dios que viene a salvar y a transformar nuestras vidas.
La primera lectura del profeta Isaías nos muestra una imagen luminosa: un desierto seco que se llena de vida, un terreno árido que se cubre de flores y canta de gozo. Es la promesa de que Dios no olvida a su pueblo. Aunque el camino pueda parecer hostil y árido, el Señor viene a llenar de belleza y fuerza aquello que creíamos estéril o sin esperanza.
El evangelio nos presenta a Juan Bautista, uno de los grandes protagonistas del Adviento, preso y lleno de dudas humanas, que pregunta a Jesús: “¿Eres tú el que ha de venir?” Jesús no responde con teorías abstractas, sino con signos concretos de liberación: los ciegos ven, los cojos caminan, los oprimidos son liberados y a los pobres se les anuncia la buena noticia. Jesús nos recuerda que su presencia se manifiesta en la sanación, la justicia y la misericordia.
En estas lecturas descubrimos una profunda invitación:
No negar nuestras preguntas y dudas, como lo hizo Juan en la cárcel, sino ofrecerlas a Dios con honestidad.
Encontrar razones para alegrarnos, incluso antes de la plena llegada de la Navidad, porque el Señor ya está actuando aquí y ahora.
Abrir nuestra mirada para reconocer los signos de la presencia de Cristo en los que sufren, en quienes buscan esperanza y en nuestras propias heridas.
Este domingo nos recuerda que la alegría cristiana no es optimismo vacío, sino una fuerza arraigada en la confianza: Dios cumple sus promesas. En un mundo que muchas veces nos empuja a la urgencia, a la ansiedad y al juicio rápido, la liturgia nos propone una pausa confiada: esperar no es pasividad, es caminar con los ojos fijos en quien ya nos ha salvado y camina con nosotros.
Que esta jornada nos renueve la esperanza, nos sostenga en la paciencia y nos inspire a anunciar con alegría —como Juan lo hizo— lo que estamos viendo y escuchando: que Dios está cerca y que su amor florece incluso en los desiertos de nuestras vidas.
Oración
Señor Jesús, enséñanos a esperar con alegría y confianza. Abre nuestros ojos para reconocer tu presencia y haz florecer la esperanza en nuestros desiertos. Que vivamos este Adviento con un corazón atento, sabiendo que Tú estás cerca.
Amén..
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 2º de Adviento
Reflexión Evangelio del domingo 7 de diciembre de 2025.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
En la primera lectura se nos dibuja un futuro de paz verdadera, justicia y reconciliación: “el lobo habitará con el cordero… un muchacho será su pastor”. Esa visión nos invita a imaginar un mundo donde las heridas se curan, los enemigos conviven y reina la armonía. Es una promesa de esperanza, una esperanza que se sustenta en el Espíritu de Dios, dado al Mesías que vendrá.
El salmo responsorial clama justicia y paz duradera, un eco que resuena en el deseo profundo de todo corazón humano: vivir con dignidad, en comunión, con respeto mutuo.
La segunda lectura nos apunta que las Escrituras no son mero recuerdo: están vivas para sostener nuestra esperanza, enseñarnos la paciencia y consolarnos. Y nos exhorta a acoger al otro como Cristo nos acogió, construyendo comunidad y fraternidad desde la misericordia.
Finalmente, en el Evangelio, aparece la figura de Juan el Bautista, clamando en el desierto: “Convertíos, porque el reino de los cielos está cerca.” Nos desafía a preparar el camino —no solo exterior sino interior—, a despojarnos de actitudes de egoísmo, de injusticia, de indiferencia. Que surja de nosotros el “fruto digno de conversión”.
Qué nos dice hoy
Hoy, en este momento de Adviento, somos invitados a interiorizar esa esperanza profética. No basta anhelar un mundo mejor: estamos llamados a construirlo desde el presente, desde nuestras pequeñas decisiones cotidianas. A dejarnos transformar por el Espíritu, a abrirnos al otro, a caminar con justicia, paz y misericordia.
Que nuestra Iglesia —y cada comunidad— sea reflejo de ese Reino que se vislumbra en Isaías: un espacio donde la paz no sea utopía, sino realidad compartida. Que escuchemos la voz de Juan llamándonos a conversión, a coherencia, a vigilante expectativa.
Que nuestra fe no sea cómoda, sino encarnada, activa, comprometida. Que esperemos con fervor, trabajando con humildad.
Y que, cuando el Señor llegue, nos encuentre preparados para acogerle con corazones renovados y manos abiertas.
Oración final
Señor, haz brotar en nosotros el renuevo de la esperanza: danos un corazón justo, generoso, compasivo; enséñanos a acoger al otro como Cristo nos acoge; prepara en nosotros caminos de paz, para que Tu Reino crezca en medio de nosotros. Amén.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 1º de Adviento
Reflexión Evangelio del domingo 30 de noviembre de 2025.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
Una invitación a despertar
Al comenzar el Adviento, con las lecturas del día, somos invitados a abrir los ojos del alma y a caminar hacia la luz del Señor. En la primera lectura, Isaías describe una visión que nos da esperanza: un monte elevado, donde todas las naciones se encuentran para escuchar la palabra de Dios, convertir sus instrumentos de guerra en herramientas de paz, y vivir juntos bajo una nueva justicia.
El salmo responsorial nos transmite la urgencia y la alegría de retornar a Dios, de poner nuestros pasos y nuestro corazón en su camino.
Y en la segunda lectura, San Pablo nos exhorta a despertarnos del sueño espiritual, a revestirnos con “las armas de la luz” y a vivir con honestidad, dejando atrás las obras de las tinieblas.
Finalmente, en el Evangelio se nos recuerda que su venida puede sorprendernos en cualquier momento: “velad y estad preparados”, se nos advierte.
El significado para nosotros hoy
La liturgia de la Palabra de este domingo nos marca el comienzo de un nuevo año litúrgico, un nuevo ciclo que nos interpela a la escucha, la conversión y la esperanza.
• Nos invita a renovar nuestras aspiraciones: ese “monte del Señor” al que se dirigen las naciones puede ser también nuestro corazón, llamándonos a la paz, a la fraternidad, al encuentro con lo más profundo de nosotros mismos.
• Nos urge a vivir con coherencia, dejando atrás lo que nos aleja de la luz: altibajos, injusticias, indiferencias, comodidad espiritual.
• Nos llama a la vigilancia y la esperanza: no sabemos cuándo vendrá el Señor, pero estamos invitados a estar preparados, trabajando la misericordia, la justicia, la solidaridad.
Es un tiempo para abrir el corazón a la luz, para acoger la promesa de un mundo nuevo en el que las armas se transforman en arados, y donde pueblos diversos caminan juntos hacia la casa de Dios.
Oración final
Señor Jesús,
haz de mi corazón un monte preparado para recibir tu palabra;
conviérteme en portador de paz, sembrador de esperanza, y testigo de tu Reino.
Que mi vida refleje la luz que vienes a traer,
y que al encontrarte, te reconozca con fe viva y con obras de amor.
Amén.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo
Reflexión Evangelio del domingo 23 de noviembre de 2025.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
En la primera lectura vemos cómo todo el pueblo de Israel se une alrededor de David para proclamarlo rey. No es un rey impuesto desde fuera, sino uno que surge del seno de su pueblo, unificado por un propósito común. Este relato nos recuerda que el reinado auténtico no se basa solo en el poder, sino en la aceptación mutua, en la solidaridad y en la apertura al proyecto de Dios.
En el salmo se celebra la majestad de Dios, su trono firme, su fidelidad eterna. Esta alabanza no solo es una afirmación teológica, sino también una fuente de consuelo: aunque todo a nuestro alrededor cambie, su reinado permanece, y podemos confiar en Él.
La segunda lectura nos lleva a una visión más profunda: Jesucristo es presentado como el principio, el primogénito de toda creación, en quien “converge todo”. No solo es Rey, sino Cabeza: en Él todas las cosas son reconciliadas, por su sangre y mediante su muerte. Su realeza no es insignificante ni puramente simbólica: es la realeza del Creador, que da sentido y unidad a todo lo creado.
Finalmente, el Evangelio de Lucas nos sitúa ante un cuadro desgarrador: Jesús crucificado, insultado por la multitud y por los soldados, con la inscripción “Rey de los judíos” sobre su cruz. En medio del sufrimiento, un ladrón reconoce su realeza y, con humildad, le pide: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”. Y Jesús, el Rey del Universo, responde: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Es una escena que une la corona de espinas con una promesa de gloria: su reino trasciende esta vida, su poder se manifiesta en la cruz, y su misericordia alcanza incluso a quienes están condenados.
Juntas, estas lecturas nos ofrecen una imagen sorprendente de la realeza de Cristo: no es un rey que domina con fuerza, sino uno que sirve; no es un señor distante, sino un cabeza que da la vida por su cuerpo, la Iglesia; no es un rey temporal, sino eterno. Su reino no excluye a nadie: llama a la unidad, perdona al pecador, da esperanza al humilde.
Para nosotros, creyentes, la invitación es clara: reconocer a Cristo como Rey significa dejar que él gobierne nuestras vidas no imponiendo leyes exteriores, sino transformando nuestro corazón. Significa construir comunidad, perdonar, entregar lo que somos, y esperar con ternura su promesa.
Oración
Señor Jesucristo,
Rey de reyes y Señor de nuestro corazón,
te damos gracias porque en tu realeza encontramos sentido, esperanza y vida eterna.
Haz que reconozcamos tu trono en la cruz,
y desde él gobiernes nuestra vida con humildad y compasión.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 33º DEL TIEMPO ORDINARIO
Reflexión Evangelio del domingo 16 de noviembre de 2025.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
Las lecturas de este domingo nos invitan a contemplar dos realidades: por un lado, la fragilidad de las estructuras terrenales; y, por otro, la firmeza de la esperanza cristiana.
- En la primera lectura, el profeta habla del “día del Señor” que vendrá como un horno ardiente y en el que los orgullosos serán reducidos a paja. Pero para quienes temen a Dios, “brillará un sol de justicia”.
Esto es un contraste potente: juicio y destrucción para unos; salvación y luz para otros.
No es una amenaza, sino una llamada a estar en comunión con Dios.
- El salmo canta con alegría universal: tierra, mar, montañas, ríos… todo se alegra porque el Señor viene a gobernar con justicia.
Es una imagen de creación que reconoce la venida de Dios como algo celebrado por todo lo creado.
Esa justicia divina no es maldadosa: es justa, recta, y trae orden verdadero.
- En la segunda lectura, Pablo exhorta a trabajar: él y sus compañeros no comieron “de balde” el pan de nadie, sino que trabajaron “con cansancio y fatiga”.
Hay una ética cristiana muy clara: la vida no puede ser sólo pasiva, sino activa, responsable.
“El que no quiera trabajar, que no coma”: una frase fuerte que puede sorprender, pero que subraya la dignidad del trabajo y la responsabilidad personal.
- Y en el Evangelio, Jesús advierte a sus discípulos de que el templo, por hermoso que sea, no durará para siempre: “no quedará piedra sobre piedra”.
Habla de guerras, terremotos, persecuciones, traiciones. Pero también da consuelo: “no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras sabias…” y “si perseveráis, salvaréis vuestras almas.”
La promesa de salvación no es una garantía de protección física inmediata, sino espiritual: lo que importa es mantener la fe, dar testimonio aun en medio de las pruebas.
¿QUÉ NOS DICE ESTO A NOSOTROS HOY?
- En un mundo donde confiamos muchísimo en lo material —edificios, instituciones, reputación social— Jesús nos recuerda que nada de eso es eterno. Pueden derrumbarse las estructuras externas, y muchas veces lo hacen. Pero la certeza de Dios trasciende esas ruinas.
- El llamado de Pablo a trabajar no es sólo laboral, sino existencial: trabajar por el bien, por el pan propio, por una vida digna. No se trata de “ganar dinero”, sino de vivir con propósito y coherencia. En la comunidad cristiana, esto significa también que cada uno aporta: no somos espectadores, sino actores en la misión evangelizadora.
- Jesús no promete una vida sin sufrimientos. Al contrario, anuncia persecuciones, traiciones, momentos difíciles. Pero su palabra es más fuerte que todo eso. La fe no se demuestra cuando todo va bien, sino cuando perseveramos a pesar del caos.
PARA REFLEXIONAR
¿En qué “templos” terrenales confío yo? ¿Cuáles son mis seguridades que pueden derrumbarse?
¿Cómo puedo trabajar (no solo profesionalmente) para servir, para construir algo que trascienda?
Pidamos a Dios que no solo nos dé palabras sabias en los momentos difíciles, sino que nos dé firmeza para testimoniar su amor. Que nos ayude a cultivar la mirada hacia ese “sol de justicia” prometido, para que nuestra vida no se quede solo en la inmediatez, sino que apunte al Reino.
CONCLUSIÓN
Las lecturas de hoy nos llaman a una fe madura y comprometida: a reconocer la fragilidad de lo temporal, pero a no desesperar, porque Dios es nuestra roca y nuestra luz. Nos enseñan que el trabajo, la perseverancia y el testimonio no son solo tareas humanas, sino respuestas espirituales ante las crisis de nuestro tiempo.
Vivamos con humildad, trabajemos con responsabilidad y esperemos con valentía: porque aunque todo se derrumbe, hay un sol que nunca se apaga para los que temen al Señor.
Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán
Reflexión Evangelio del domingo 9 de noviembre de 2025.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
Hoy celebramos la dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, símbolo palpable de la Iglesia, de la casa de Dios entre los hombres. Pero al mismo tiempo, las lecturas nos invitan a mirar más adentro: no sólo el edificio sagrado, sino la comunidad, y cada uno de nosotros como templo vivo.
En la primera lectura somos llevados al umbral del templo: de él brota agua viva que corre hacia la estepa y sana, que hace fructificar árboles, que otorga vida donde había sequedad. Esa agua es imagen de la gracia, del don de Dios que transforma lo árido en fértil, lo cerrado en abierto, lo inerte en vida. Nos recuerda que la casa de Dios —ya sea la iglesia de ladrillo o nuestro corazón— está llamada a ser fuente, no depósito; manantial, no estanque.
La segunda lectura afirma con claridad: “vosotros sois obra de Dios… ¿No sabéis que vosotros sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?” Aquí la metáfora cambia de edificio externo a un edificio interior: nuestra propia vida. Somos “edificio de Dios”, “templo”. Esto implica responsabilidad: como se cuida un templo, así se cuida nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestras relaciones, nuestras comunidades. No somos espectadores pasivos, sino constructores activos, junto con Dios.
En el Evangelio aparece Jesús entrando en el templo, purificándolo, expulsando lo que lo profana, y afirmando que Él mismo es el templo que será destruido y levantado en tres días. Este gesto nos recuerda que el templo de Dios no es simplemente un lugar físico, sino la presencia viva de Cristo, y que Él viene a renovar, a purificar, a dar vida nueva.
Entonces, ¿qué podemos aprender y aplicar hoy?
Reconocer la casa de Dios en nosotros y entre nosotros.La celebración de la Basílica de San Juan de Letrán nos invita a contemplar la Iglesia como madre, casa común, templo. Pero esa casa no se limita a muros y vidrieras: somos nosotros, nuestra comunidad, nuestras relaciones, nuestra oración. Que cada vez que entremos en iglesia o al llegar a casa miremos con reverencia: “Aquí habita Dios”.• Ser canales del agua viva.No basta que la obra de Dios esté entre nosotros: se nos llama a ser conductos, a dejar que el Espíritu fluya, que la gracia se expanda hacia “la estepa”, hacia lo escondido, hacia lo seco, hacia lo olvidado. En nuestra vida concreta: en actos de misericordia, en gestos de reconciliación, en presencia silenciosa.• Cuidar el templo que somos. Si somos edificio de Dios, debemos fijarnos de qué manera edificamos. La segunda lectura lo recuerda: “Que cada uno tenga cuidado de cómo construye”. ¿Qué materiales uso en mi vida? ¿Acero y cemento? ¿O barro y flores? ¿Hipocresía y egoísmo? ¿O humildad y servicio? La fiesta nos llama a la limpieza interior, a la renovación.• Aceptar la transformación de Cristo. Como en el evangelio, Jesús vino para purificar y levantar un templo nuevo: Él mismo y nosotros unidos a Él. No temamos que el Señor actúe: puede que derribe lo que parece seguro, viejo o consolidado, para levantar algo más auténtico. Que hoy nos preguntemos: ¿Qué en mí necesita ser renovado, purificado? ¿Qué debe quedar en la puerta y qué entrar al corazón?• Vivir la comunión. Finalmente, la Basílica de Letrán es “la madre de todas las iglesias” en el rito latino, recordándonos la dimensión universal de la Iglesia. Pero esa universalidad exige comunión: con Dios, con los hermanos, entre comunidades. Celebrar este día es también decir: pertenezco a algo más grande que mi parroquia, mi país, mi idioma. Y esa pertenencia me impulsa a construir puentes y servir juntos.Oración
Hoy, al celebrar la dedicación de la Basílica de san Juan de Letrán, celebremos también que Dios dedica su morada en nosotros. Pidámoslee que brote en nosotros el agua viva, que nuestro templo interior se purifique, que nuestra parroquia sea una comunidad edificada sobre el fundamento firme que es Cristo. Que nuestra vida refleje la belleza de un templo no sólo de piedra, sino de corazones ardientes.
Amén.
CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS
Reflexión Evangelio del domingo 2 de noviembre de 2025.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
En el Día de los Fieles Difuntos, la Palabra de Dios nos invita a mirar el misterio de la muerte no desde el miedo o la nostalgia, sino desde la esperanza. La primera lectura, del libro de las Lamentaciones, brota del corazón de alguien que ha tocado fondo: “Me he olvidado de lo que es la felicidad… se acabó mi esperanza en el Señor”. Es la voz de quien ha atravesado la pérdida, de quien se siente sumido en las sombras. Sin embargo, en medio de esa oscuridad, se abre paso una luz suave: “Esto recapacito en mi corazón, y por eso tengo esperanza: que el amor del Señor no se acaba y su misericordia no tiene fin; se renuevan cada mañana”.
Esa es la clave de este día: la memoria de los difuntos se ilumina con la certeza de que la misericordia de Dios es eterna. No recordamos a los que han partido con desesperanza, sino con fe en el amor que vence la muerte. Esperar “en silencio la salvación del Señor” es un acto de confianza radical: la muerte no tiene la última palabra.
El Salmo recoge este mismo clamor: “Desde lo hondo a ti grito, Señor.” Es el grito de quienes lloran, pero también de quienes esperan. En la profundidad del dolor, se eleva una súplica: “Mi alma espera en el Señor, más que el centinela la aurora.” Así es la fe en el Día de los Difuntos: no es negación del sufrimiento, sino espera vigilante, sabiendo que el amanecer llegará.
Y en el Evangelio, Jesús nos ofrece el mayor consuelo: “No se turbe vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas… voy a prepararles un lugar”. Estas palabras son bálsamo para el alma dolida. Nos aseguran que nuestros seres queridos no se han perdido en la nada, sino que son esperados y acogidos por el mismo Cristo, que ha preparado para ellos —y para nosotros— un hogar eterno.
Jesús no sólo nos promete la vida eterna: Él mismo es el camino, la verdad y la vida. Al caminar con Él, incluso la muerte se convierte en paso; el duelo se transforma en esperanza.
Hoy, al recordar a nuestros difuntos, no estamos solos. En la comunión de los santos, nuestra oración los alcanza, y su amor —purificado y pleno— sigue acompañándonos. Este día no es sólo un recuerdo del pasado, sino una proclamación del futuro: “El Señor es mi esperanza; por eso esperaré en Él.”
Oración
Señor Jesús, Tú que venciste la muerte y abriste para nosotros las moradas eternas del Padre, recibe en tu paz a todos nuestros hermanos difuntos.
Danos consuelo en el dolor y esperanza en la espera, para que, firmes en la fe, vivamos confiados en tu promesa: que donde Tú estás, también estaremos nosotros.
Amén.
Domingo Día del Señor – 30º del Tiempo Ordinario – Lucas 18, 9-14
Reflexión Evangelio del domingo 26 de octubre de 2025.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
En este domingo del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos invita a profundizar en dos realidades principales: la justicia de Dios que atiende al humilde, y la actitud interior con que nos acercamos a Él.
El salmo y las tres lecturas nos muestran una dinámica entre humildad, espera, confianza y justicia.
-
Dios escucha al humilde
La primera lectura afirma que «el Señor es juez, y para él no cuenta el prestigio de las personas… escucha la oración del oprimido». Nos dice que el clamor de los pobres, del huérfano, de la viuda, atraviesa las nubes, y que Dios no tardará en atender.
Esto nos recuerda que la justicia de Dios se ejerce desde la cercanía al que sufre, al marginado, al que tiene menos recursos o poder: no hay favoritismos ante Él.
-
Mantener la fe hasta el final
La segunda lectura nos habla de perseverancia, de una vida entregada, quizá con dificultades e incomprensiones, pero con la confianza de que Dios no abandona. Esto conecta con la idea de justicia del Padre que escucha al humilde: no solo al momento, sino hasta el final del camino.
-
La parábola del publicano y el fariseo
El Evangelio sitúa dos actitudes frente a Dios: el fariseo que se enorgullece de su “justicia” y el publicano que, desde la humildad, simplemente dice: “Dios, ten compasión de mí, pecador”. Jesús afirma que este último bajó a su casa justificado, mientras que el otro no.
La enseñanza es clara: no basta con aparentar lo justo, con el “cumplimiento externo”. Dios valora la actitud interior, la humildad del corazón, el reconocer la necesidad de Él.
Para reflexionar
¿En mi vida necesito reconocer que soy pequeño, vulnerable, necesitado de la gracia de Dios, y dejar de depender solo de mis “logros”, mis méritos, mis apariencias?
¿En qué ambientes —familia, laboral, comunidad de fe— actúo como ese fariseo que se confía en sí mismo, en vez de como el que confía en Dios?
¿Estoy dispuesto servir desde abajo, a escuchar la voz de los que claman —los “pobres” en sentido literal o figurado— sabiendo que Dios actúa justamente con ellos?
Oración final
Señor Jesús,
Tú que escuchas el clamor del humilde
y miras con ternura al corazón sincero,
enséñanos a presentarnos ante Ti sin máscaras,
sin orgullo ni autosuficiencia,
sino con la verdad de quienes necesitan tu misericordia.
Líbranos de juzgar a los demás
y de creer que nuestros méritos bastan para alcanzarte.
Haznos sencillos como el publicano que sólo supo decir:
“Señor, ten compasión de mí, pecador”.
Y cuando el camino se haga largo,
danos la esperanza de Pablo,
la confianza de quien sabe que Tú nunca abandonas.
A Ti la gloria, Señor, por los siglos de los siglos.
Amén.
Domingo Día del Señor – 29º del Tiempo Ordinario – Lucas 18, 1-8
Reflexión Evangelio del domingo 19 de octubre de 2025.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
La vida de fe tiene su propio ritmo: días de alegría y confianza, pero también momentos en los que la espera se hace larga y el cansancio pesa. Las lecturas de hoy nos invitan a mirar ese hilo invisible que sostiene la existencia del creyente: la oración constante, la confianza en Dios y la solidaridad que nace de la fe compartida.
-
La oración que sostiene en la batalla
Moisés, con los brazos levantados mientras Israel combate contra Amalec, se convierte en una imagen poderosa de la vida cristiana: cuando elevamos el corazón a Dios, el pueblo vence; cuando dejamos caer los brazos, la lucha se hace más dura.
No somos autosuficientes. Moisés necesitó a Aarón y a Jur para sostenerle los brazos, y nosotros también necesitamos de la comunidad, de amigos en la fe, de quienes oren por nosotros cuando nos falta la fuerza.
La victoria no viene del poder humano, sino del acompañamiento divino. Dios actúa cuando su pueblo confía, cuando se une, cuando ora.
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Fidelidad en tiempos de dispersión
Pablo exhorta a Timoteo a “permanecer firme en lo que aprendió” y a anunciar la Palabra “a tiempo y a destiempo”. En un mundo cambiante y a veces confuso, la fe puede parecer un ancla pasada de moda; sin embargo, es precisamente esa fidelidad la que da sentido a la vida.
El cristiano no se rinde ante el cansancio ni ante la indiferencia. La Escritura —dice Pablo— es inspirada por Dios y útil para enseñar, corregir y animar. Hoy, como entonces, seguimos necesitando creer con la mente y el corazón, y dar testimonio con nuestras palabras y acciones.
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La perseverancia genera una vida feliz y más plena.
Jesús cuenta la parábola de una viuda que insiste una y otra vez ante un juez injusto hasta obtener justicia. No porque el juez sea bueno, sino porque ella no se rinde.
Esa mujer representa la fe que insiste, que confía, que no se resigna ante la injusticia ni ante el silencio. Jesús nos invita a orar “siempre, sin desfallecer”, no para convencer a Dios, sino para mantener el corazón abierto a su acción.
Al final, la pregunta de Jesús resuena con fuerza, es un llamado a revisar nuestra perseverancia, nuestra esperanza y nuestro modo de orar.
Resumiendo:
Las tres lecturas convergen en una misma invitación: perseverar. Este es el hilo conductor de este domingo: perseverar en la oración, en la fidelidad a la Palabra y en la confianza en Dios.
No se trata de repetir fórmulas, sino de mantener una relación viva con el Señor. La oración constante no cambia a Dios: nos cambia a nosotros, nos hace más humildes, más atentos, más dispuestos a actuar con amor y justicia.
Oración
Señor Jesús, enséñanos a orar sin cansarnos, a confiar cuando todo parece en silencio, a esperar cuando el tiempo se hace largo.
Danos la fe de Moisés que levanta las manos, la fidelidad de Pablo que no se rinde, y la perseverancia de la viuda que no deja de creer.
Sostén nuestros brazos cuando el cansancio nos vence, haznos comunidad que ora, que apoya, que acompaña. Y cuando regreses, Señor, que encuentres en nosotros un corazón lleno de fe, de esperanza y de amor fiel.
Amén.
Domingo Día del Señor – 28º del Tiempo Ordinario – Lucas 17, 11-19
Reflexión Evangelio del domingo 12 de octubre de 2025.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
Gratitud, fe y fidelidad
Las lecturas de este domingo nos ubican en torno a tres realidades profundamente humanas y espirituales: la sanación y el reconocimiento, la perseverancia en la fe, y la viva correspondencia al llamado de Dios.
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Del pagano agradecido al Dios verdadero
En la primera lectura, Naamán, un militar extranjero afectado por la lepra, acude al profeta Eliseo para su curación. Aunque duda al principio, obedece humildemente y queda limpio. Luego regresa para dar gracias y reconocer al Dios de Israel como el único verdadero.
Este pasaje nos interpela: ¿qué tan dispuestos estamos a reconocer los milagros de Dios en nuestra vida? ¿Respondemos con gratitud o damos por hecho sus bendiciones? Naamán nos enseña que la gratitud es más que un sentimiento: es una respuesta de conversión.
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Perseverar, aunque suframos
En la segunda lectura, san Pablo recuerda que su sufrimiento por el Evangelio no es en vano, porque “la palabra de Dios no está encadenada”. La fe verdadera se demuestra en la perseverancia.
Y añade una promesa consoladora: “Si morimos con Él, viviremos con Él… Si somos infieles, Él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.”
Esta certeza nos sostiene: aunque nuestra fe flaquee, Dios permanece firme. Su fidelidad no depende de nuestra perfección, sino de su amor inquebrantable.
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El leproso que regresó: un homenaje al agradecimiento
En el Evangelio, Jesús sana a diez leprosos, pero solo uno —un extranjero— regresa para dar gracias. Jesús lo mira con ternura y le dice: “Tu fe te ha salvado.”
La gratitud no solo reconoce un favor recibido, sino que abre el corazón a una relación viva con Dios. No basta con ser sanados; debemos volver a Jesús, glorificarlo, y caminar con Él desde la fe.
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Caminos para nuestra vida espiritual
Cultivar el corazón agradecido: reconocer cada día las pequeñas y grandes obras de Dios.
Ser fieles en la prueba: mantenernos firmes incluso cuando no vemos resultados inmediatos.
Responder con acción: dejar que la fe se traduzca en gestos concretos de amor y servicio.
Oración
Señor Jesús,
gracias por las veces que has pasado por mi vida sanando mis heridas,
por los dones que a menudo no reconozco,
y por tu fidelidad que no se cansa de esperarme.
Hazme sensible a tus milagros cotidianos,
dame un corazón humilde y agradecido como el del leproso que volvió,
y enséñame a perseverar aun en medio de las pruebas.
Que mi vida sea un canto de gratitud,
una respuesta fiel a tu amor,
y un testimonio vivo de tu misericordia.
Amén.
Domingo Día del Señor – 26º del Tiempo Ordinario – Lucas 16, 19-31
Reflexión Evangelio del domingo 28 de septiembre de 2025.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
Este domingo la Palabra de Dios nos sacude con fuerza. No es un texto cómodo ni romántico: tanto Amós como Jesús ponen su mirada en la indiferencia.
- Amós y la denuncia del lujo sin compasión
El profeta describe a los poderosos de Israel “echados en lechos de marfil, comiendo corderos y becerros, canturreando al son del arpa” (Am 6,4-5). ¿Qué hay de malo en comer, en disfrutar, en tener? El problema está en que “no se afligen por la ruina de José” (Am 6,6). Es decir: viven encerrados en su burbuja, sin dejarse tocar por el sufrimiento de su pueblo.
Qué actual suena esto. Es fácil encerrarse en pantallas, placeres y distracciones, mientras a la puerta de nuestras casas, de nuestras ciudades o de nuestras fronteras, alguien yace como Lázaro, invisible.
- El Evangelio de Lázaro y el rico: una historia incómoda
Jesús no condena la riqueza en sí, sino la incapacidad de compartir, de ver al pobre como hermano. El rico de la parábola ni siquiera maltrata a Lázaro: simplemente no lo ve. Su pecado es la indiferencia.
Y cuando quiere reaccionar, ya es tarde: hay un abismo que no se puede cruzar. El Evangelio nos recuerda que la vida es tiempo de gracia, pero también de decisiones. No podemos postergar indefinidamente el amor.
- Pablo: luchar el buen combate de la fe
La segunda lectura es una llamada positiva: “Lucha en el noble combate de la fe, conquista la vida eterna” (1 Tim 6,12). No basta con “no hacer mal”: la fe exige esfuerzo, combate interior, opción constante por la vida, la justicia, la verdad.
La indiferencia anestesia, la fe despierta. La indiferencia apaga, la fe enciende.
- ¿Qué significa esto para nosotros hoy?
- Dejar que el dolor nos afecte: no pasar de largo ante la pobreza, la soledad o la exclusión.
- Practicar la compasión activa: no solo sentir lástima, sino traducirla en gestos, en tiempo, en ayuda real.
- Revisar nuestras prioridades: ¿en qué gasto, en qué invierto mis energías?
Este domingo se nos propone un examen de conciencia profundo: ¿me parezco más al rico que a Lázaro? ¿Estoy anestesiado en mis seguridades, o permito que el dolor del hermano atraviese mis defensas?
La buena noticia es que el Señor sigue viniendo a nuestra puerta en cada pobre, en cada inmigrante, en cada enfermo. Hoy todavía estamos a tiempo de reconocerlo y dejar que nuestro corazón se despierte.
Oración
Señor Jesús,
tú que te hiciste pobre para enriquecernos con tu amor,
abre mis ojos para ver a los Lázaros que esperan a mi puerta.
Libérame de la indiferencia que endurece el corazón
y dame un espíritu generoso para compartir sin miedo.
Amén.
Domingo Día del Señor – 25º del Tiempo Ordinario – Lucas 16, 1-13
Reflexión Evangelio del domingo 21 de septiembre de 2025.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz
“No podéis servir a Dios y al dinero”
Hoy la Palabra de Dios nos coloca frente a un tema muy actual: la relación con el dinero, la justicia social y la fidelidad al único Señor. Las lecturas dialogan entre sí y nos invitan a revisar el modo en que vivimos nuestra fe en medio de un mundo lleno de desigualdades.
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Amos: la voz profética contra la injusticia
El profeta Amós denuncia con valentía a los comerciantes sin escrúpulos que explotan a los pobres, que manipulan las medidas y buscan enriquecerse a costa de los más débiles. Su mensaje es claro: Dios escucha el clamor de los oprimidos y no pasa por alto la injusticia.
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El salmo: Dios levanta al pobre
El Salmo 112 nos recuerda que Dios “levanta del polvo al desvalido” y “saca de la basura al pobre”. Es un canto de esperanza y alabanza: el Señor se inclina hacia los que sufren y los dignifica. Nuestra alabanza, entonces, debe traducirse en acciones concretas de justicia y servicio.
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San Pablo: oración universal
En la segunda lectura, Pablo exhorta a orar “por todos los hombres, por los que gobiernan y ejercen autoridad”. No se trata de una espiritualidad egoísta, sino de una fe que se abre al bien común. El cristiano ora por todos, incluso por aquellos con los que no está de acuerdo, buscando que reine la paz y la justicia.
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El Evangelio: dos señores en disputa
Al final, la enseñanza de Jesús es clara: no se puede servir a dos señores. El dinero puede ser un buen siervo, pero nunca un buen amo. Cuando el corazón se apega a las riquezas, pierde libertad; cuando el dinero se convierte en el centro, desplazamos a Dios.
El llamado de Jesús no es a rechazar el trabajo ni la administración de bienes, sino a usarlos con responsabilidad y solidaridad, recordando siempre que lo material es pasajero y que lo eterno es el amor.
Oración
Señor, líbrame de la esclavitud del dinero y de la indiferencia ante el sufrimiento de los demás. Hazme servidor tuyo, disponible para compartir, para orar por todos y para vivir con alegría el Evangelio. Que mi corazón sea libre para amar y para servirte a ti, el único Señor. Amén.
Domingo Día del Señor – Exaltación de la Santa Cruz – Juan 3, 13-17
Reflexión Evangelio del domingo 14 de septiembre de 2025.
Las reflexiones son elaboradas por Rvdo. Sergio Andrés Santa Rendón, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
La Solemnidad de la Exaltación de la Santa Cruz
Cada 14 de septiembre la Iglesia celebra la Solemnidad de la Exaltación de la Santa Cruz, un día en el que no miramos la cruz como un simple objeto de sufrimiento, sino como el signo glorioso de la salvación.
La liturgia nos invita a contemplar la Cruz de Cristo no con tristeza o miedo, sino con gratitud. En ella se une el misterio más profundo del amor de Dios: el Hijo que entrega su vida por nosotros, y el Padre que convierte ese sacrificio en fuente de vida nueva.
*La Cruz pasó de ser un instrumento de muerte a árbol de vida*
En el tiempo de Jesús, la cruz era símbolo de humillación y castigo reservado a los criminales. Sin embargo, por la entrega de Cristo, la cruz fue transformada en *el árbol de la vida* , en el trono desde donde reina el amor más grande. Como decía San Andrés de Creta: “ La Cruz es exaltada, y el mundo entero es liberado ”.
*Somos invitados a vivir desde la cruz*
Exaltar la Santa Cruz no es solo venerar un signo externo, sino asumir el estilo de vida que brota de ella:
- Amar hasta el extremo.
- Perdonar incluso en el dolor.
- Confiar en la victoria de Dios cuando todo parece perdido.
La Cruz nos recuerda que no hay sufrimiento que Dios no pueda transformar en vida nueva, y que cada dificultad abrazada con fe puede convertirse en camino de santidad.
*Oración*
Pidamos hoy al Señor que, al mirar la cruz, nuestros corazones se llenen de esperanza. Que la Santa Cruz, signo de victoria, nos ayude a vivir en el amor, a cargar con paciencia nuestras cruces diarias y a anunciar con alegría que la muerte ha sido vencida y la vida ha triunfado.
Domingo Día del Señor – 22º del Tiempo Ordinario – Lucas 14, 1. 7-14
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 31 de agosto de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
Domingo Día del Señor – 21º del Tiempo Ordinario – Lucas 13, 22-30
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 24 de agosto de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
Domingo Día del Señor – 20º del Tiempo Ordinario – Lucas 17, 49-53
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 17 de agosto de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
Domingo Día del Señor – 19º del Tiempo Ordinario – Lucas 12, 32-48
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 10 de agosto de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
Domingo Día del Señor – 18º del Tiempo Ordinario – Lucas 12, 13-21
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 3 de agosto de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
Domingo Día del Señor – 17º del Tiempo Ordinario – Lucas 11, 1-13
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 27 de julio de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
Domingo Día del Señor – 16º del Tiempo Ordinario – Lucas 10, 39-42
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 20 de julio de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
Domingo Día del Señor – 15 del Tiempo Ordinario – Lucas 10, 25-37
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 13 de julio de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
Domingo Día del Señor – 14 del Tiempo Ordinario – Lucas 10, 1-12.17-20 16, 13-19
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 6 de julio de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
Domingo Día del Señor – Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo – Mateo 16, 13-19
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 29 de junio de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
Domingo Día del Señor – Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo – Lucas 9, 11b-17
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 22 de junio de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
Domingo Día del Señor – Domingo de la Santísima Trinidad – Juan 16, 12-15
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 15 de junio de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
Domingo Día del Señor – Domingo de Pentecostés – Juan 20, 19-23
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 8 de junio de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
Domingo Día del Señor – La Ascensión del Señor – Lucas 24,46-53
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 1 de junio de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
Domingo Día del Señor – 6º de Pascua – Juan 14,23-29
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 25 de mayo de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
Domingo Día del Señor – 5º de Pascua – Juan 13,31a..34-35
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 18 de mayo de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
Domingo Día del Señor – 4º de Pascua – Juan 10,27–30
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 11 de mayo de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
Domingo Día del Señor – 3º de Pascua – Juan 21,1–19
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 4 de mayo de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
Domingo 2º de Pascua – Domingo de la Divina Misericordia – Juan 20,19–31
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 27 de abril de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor – Juan 20,1–9
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 20 de abril de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR – Lucas 22,14–23,56
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 6 de abril de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 5º de Cuaresma – Juan 1-11
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 6 de abril de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 4º de Cuaresma – Laetare – Lucas 15,1-3-11-32
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 30 de marzo de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 3º de Cuaresma – La Conversión – Lucas 13,1-9
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 23 de marzo de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 2º de Cuaresma – La Transfiguración del Señor – Lucas 9,28-36
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 16 de marzo de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 1º de Cuaresma – Lucas 4,1-13
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 9 de marzo de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 8º del Tiempo Ordinario – Lucas 6,39-45
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 2 de marzo de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 7º del Tiempo Ordinario – Lucas 6,27-38
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 23 de febrero de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 6º del Tiempo Ordinario – Lucas 6,17 20-26
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 16 de febrero de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 5º del Tiempo Ordinario – Lucas 1,1-11
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 9 de febrero de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – La Presentación del Señor – 4º del Tiempo Ordinario – Lucas 2,22-40
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 2 de febrero de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 3º del Tiempo Ordinario – Lucas 1,1-4;4,14-21
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 26 de enero de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 2º del Tiempo Ordinario – Juan 2, 2-11
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 19 de enero de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – El Bautismo del Señor – Lucas 3,15-16.21-22
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 12 de enero de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – 2º de Navidad – Lucas 1, 1-18
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del domingo 5 de enero de 2025.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.
DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – La Sagrada Familia – Lucas 2, 41-52
Aquí puedes escuchar audios de la reflexión del Evangelio correspondiente al domingo 29 de diciembre de 2024.
Las reflexiones son elaboradas y narradas por Rvdo. José Juan Hernández Déniz, Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz.

TITULO: LA VIVENCIA DE LA FE……
LA VIVENCIA DE LA FE……
Llegó el verano y por fin ¡¡¡¡¡ el merecido descanso !!!!. Con el verano cambia todo. Llegan las vacaciones de los niños y jóvenes, también de los papás y las mamás, los horarios se modifican, los días son más largos, las noches más cortas,… todo cambia… incluso algunos tienen la dicha de pasar unos días, en la playa, en la montaña, o haciendo algún viaje….
Es cierto que el verano es tiempo para el descanso y aunque no se tomen vacaciones, aunque todo siga el habitual ritmo del día a día, paradójicamente , cuando llega este tiempo, la vivencia de la fe se deja de lado en la práctica de muchos cristianos, son muchos los que descuidan la participación eucarística, otros muchos desatienden la oración del día a día, … Bien es verdad que las parroquias disminuyen en esta época sus actividades, pero no podemos tomar vacaciones en la vivencia de nuestra fe, crees que ¿ acaso Dios toma vacaciones?, ¿ acaso Dios reduce su horario de atención y presencia por descanso ?, ¿ acaso Dios disminuye su atención y lo reduce a un horario más limitado?,… No, Dios no toma vacaciones, Dios siempre está presente, siempre a nuestro lado.
El descenso de la práctica religiosa en el verano es un síntoma de una fe que se vive muy superficialmente, porque la persona que se ha encontrado con Jesucristo ya no vive más para sí. Por lo tanto, en invierno y en verano, en el trabajo y en las vacaciones, en la salud y en la enfermedad, con calor o con frío, su vida sólo encuentra sentido con la íntima relación con Dios.
Por eso es bueno que en nuestros planes veraniegos no excluyamos al Señor, que sea Él quien nos acompañe en nuestras vacaciones, en nuestro descanso, dándonos cuenta de que más necesario que descanse el cuerpo, es que repose nuestro espíritu, cansado de tanto dar golpes en el día a día, cansado de hacer nuestra voluntad y no la de Dios.
En el verano los días son distintos, más largos y por ello tenemos más tiempo para rezar, para ponernos en comunión con Dios y con su voluntad, que es lo mejor para nosotros, el tiempo que dedicamos a Dios no implica que lo descontemos de las vacaciones. Cristo solo pudo descansar en la Cruz, ya que “el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza” (Mt 8,20). Nosotros también podemos reclinar la cabeza, descansar en la cruz, en nuestra cruz particular (la enfermedad, falta de dinero, un familiar molesto —los suegros, aquel hijo…—, tu matrimonio, la situación de paro, la precariedad de dinero…), ya que en ella está Cristo esperándote, amándote.
Seguro que en este verano el Espíritu Santo nos ilumina en estas circunstancias, y será el mejor descanso posible para nosotros. Si nuestra cruz se hace gloriosa, si lo que hasta ahora nos hacía sufrir, entristecernos, renegar de la vida, morir, se convierte en la llave que nos abre el amor de Dios y al amor de Dios, que nos abre el cielo, la felicidad, este anuncio que nos dice que la muerte no existe, que ha sido vencida en la Muerte y Resurrección de Cristo, tendremos un verano que recordaremos siempre, ya que en él descubrimos que hay Alguien que nunca toma vacaciones de nosotros, que nunca nos tiene lejos, que siempre se preocupa de nosotros y nos ama: ese alguien es Dios.
¡Ojalá que en nuestra agenda veraniega incluyamos a Dios!, que recemos, que participemos de la Eucaristía y también que podamos dar testimonio a nuestro alrededor de que Dios nos ama, que podamos anunciar el evangelio a tantas personas que están engañadas por lo más cómodo y están buscando el descanso donde no está.
Pero que podemos hacer para no perder esa relación intima con Jesús, para vivir con plenitud nuestra fe en verano. Unas pautas sencillas, que a todos nos podrán venir bien.
VIVAMOS NUESTRA FE Y LA CONDICIÓN DE CRISTIANO.
No nos avergoncemos en verano de ser cristianos. Falsearíamos nuestra identidad. Estemos donde estemos tengamos claro quién somos y lo que somos, hijos de Dios. Si eres joven y está leyendo estas líneas invita a tus amigos a vivir juntos la fe de Jesús
VIVAMOS EL DOMINGO.
En vacaciones, el domingo sigue siendo el día del Señor y Dios no se va de vacaciones. Acudamos a la Eucaristía dominical. Tienemos además más tiempo libre.
VIVAMOS LA FAMILIA
Dialoguemos, disfrutemos con ellos sin prisas. Recemos en familia. Asistamos al templo también con ellos. Visitemos a esos familiares que durante el resto del año vemos menos. La familia es la célula vital de la sociedad, apostemes por ella.
VIVAMOS CON PLENITUD LA VIDA
La vida es el gran don de Dios. No hagamos peligrar nuestra propia vida y evitemos riesgos en la vida de los demás. La vida es bella, vivámosla con sencillez y con respeto. Apostemos por la vida y por la cultura de la vida.
VIVAMOS LA AMISTAD
Vivamos los amigos, gozar de la amistad, desde la escucha, la confianza, la ayuda, el diálogo, el enriquecimiento y el respecto a la dignidad sagrada de las demás personas. Visitemos a los amigos, quedemos con ellos.
VIVAMOS LA JUSTICIA
No esperemos que todo nos lo den hecho. Otros trabajan para que tengamos vacaciones. Ellos también tienen sus derechos. Respetémoslos y respeta sus bienes.
VIVAMOS LA VERDAD
Evitemos la hipocresía, la mentira, la crítica, la presunción engañosa e interesada o la vanagloria.
VIVAMOS LA LIMPIEZA DE CORAZÓN
Tenemos que superar la codicia, el egoísmo, Vacación no equivale a permisividad.
VIVAMOS LA SOLIDARIDAD
No estamos solos en el mundo, no lo queramos todo para uno mismo. Pensemos en quienes no tienen vacaciones, porque ni siquiera tienen el pan de cada día. Vivamos la caridad porque tampoco toma vacaciones.
RECEMOS UN POCO MÁS, BUSQUEMOS LA PAZ, EL SILENCIO, NUESTRO INTERIOR.
Tengamos la experiencia del silencio, demos un paseo por la playa, por la sierra, o por algún parque cercano y hagámoslo en silencio. En ese silencio hablemos con Dios, en el silencio se escucha a Dios. En el silencio se aprende a vivir.
POR ÚLTIMO….
No nos olvidemos, Dios no toma vacaciones en su búsqueda del amor al hombre. Tengamos presente que el tiempo estival puede ser excepcional para salir al encuentro del Señor. Y es que en verano, seguimos siendo cristianos. Es más, tenemos una magnífica oportunidad de serlo, vivirlo y demostrarlo.

Le realizaremos una entrevista cercana, queremos que los feligreses aparte del Obispo conozcan a la persona.
Hablemos de usted, ¿quién es JUAN ANTONIO MENÉNDEZ FERNÁNDEZ ?
Soy un obispo de la iglesia católica que trata de dar testimonio de vida cristiana con la ayuda de la gracia de Dios y ayudar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a encontrarse con Dios por medio de la predicación de la Palabra, la celebración de los sacramentos y el amor fraterno
¿Cómo fue su infancia? ¿Qué recuerdos tiene de su paso por Villalegre?
Mi infancia comienza en mi pueblo de Villamarín ( Grado) y se prolonga después en el Seminario de Oviedo. Puedo decir que fue una infancia feliz donde me sentí querido por mis padres y mi familia, mis vecinos y amigos.
Los gratos recuerdos de mi paso por la parroquia de Villalegre me han acompañado toda la vida, especialmente, la devoción al Sagrado Corazón y a la Virgen de la Luz. En Villalegre tuve muchos amigos, algunos han fallecido ya y los recuerdo con gratitud. Fue una época muy feliz, en plena juventud al lado de un gran maestro que fue D. Gumersido y de una comunidad parroquial muy comprometida con la fe.
¿Y sus padres? ¿Qué papel han jugado en su vida?
Soy hijo único y siempre me han acompañado en la realización de mi vocación sacerdotal. Primero sacrificándose para que pudiera estudiar en el Seminario y después acompañándome en los distintos destinos que tuve en Asturias y aún mi padre está conmigo en Astorga
¿A qué santos tiene especial devoción y por qué?
A La Virgen María que siempre ha estado a mi lado bajo diversas advocaciones y a los santos de mi parroquia de Villamarín: san Benito de Palermo, Santa María, San Antonio, Santa Lucía.
¿Una cita bíblica?
“Amaos unos a otros como yo os he amado, en esto conocerán que sois mis discípulos” (Jn 13,34)
Si tuviera que elegir un personaje bíblico ¿cuál sería?
San Juan, el discípulo amado
¿Con qué soñaba de pequeño? ¿Cuál fue el punto de partida de su vocación sacerdotal?
Mi vida siempre estuvo ligada a la fe cristiana, a la iglesia y al estudio. A los 11 años sentí que el Señor me llamaba para ser sacerdote y desde entonces, con la ayuda de muchas personas, he entregado mi vida al Señor y a la Iglesia con mucha alegría interior a pesar de mis pecados y de las adversidades de la vida.
Y un buen día, obispo ¿Qué fue lo primero que pensó al recibir la noticia?
Me sentí muy pequeño y al mismo tiempo turbado por la propuesta. No sé de dónde saqué fuerzas para aceptar. Sólo la confianza plena en el Señor que es quien nos guía nos puede dar la fuerza.
La Iglesia, ¿Cómo ve el presente don Juan Antonio?
Estamos en un momento de purificación que dará frutos a lo largo de este siglo. El cambio tan rápido de la sociedad y de la cultura hacen mella también en la Iglesia, particularmente en la iglesia occidental. Es un tiempo nuevo al que estamos respondiendo con nuevos planteamientos iniciados en el Concilio y continuados por el Magisterio de los Papas hasta el momento presente.
¿Y el futuro?
El futuro está en manos de Dios. No sabemos cómo va a ser. Lo que nuestro entendimiento alcanza a ver es una iglesia más levadura que masa, más apoyada en la conversión que en la tradición. Estoy seguro que el Señor nos da en cada momento lo que más nos conviene.
El Papa sueña con una «Iglesia pobre y para los pobres», con una Iglesia «en permanente estado de misión, que seamos discípulos misioneros».
¿Don Juan Antonio con qué Iglesia sueña?
Creo que la iglesia del futuro estará en continuidad con la del presente y responderá a las coordenadas sociológicas y culturales que se presenten para iluminarlas con los valores del evangelio e impregnar el mundo de humanidad y de fe.
Usted en una entrevista en el año 2017 decía que “ lo que primero hay que rehabilitar la fe porque es verdad que hay despoblación pero es que hay descristianización, sobre todo en la franja entre los 20 a los 50 años”. ¿Cómo se puede rehabilitar la fe?
No hay recetas mágicas. Sólo la gracia de Dios puede aumentar la fe en la personas. Nosotros podemos contribuir a rehabilitar la fe de las personas con nuestro sincero testimonio cristiano, con la práctica del amor fraterno y con la predicación de la verdad que es Jesucristo. En estos momentos es muy importante el acompañamiento de las personas creyentes o no para que descubran al Señor presente en sus vidas.
San Juan Pablo II, al comenzar el Tercer Milenio nos llamó a «remar mar adentro» y comprometernos en una «Nueva Evangelización»: «Nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión». Pero casi han pasado dos décadas desde esta gran invitación que nos hizo el Sto. Padre y el mundo parece haberse secularizado cada vez más y más.
La Nueva Evangelización, ¿cómo hacer entender esto?
La novedad de la nueva evangelización no está en un nuevo evangelio sino en impregnar de los valores evangélicos la nueva cultura, la nueva época que está surgiendo. Esto pide lo que el Papa Francisco nos pide: “conversión pastoral”, es decir, hacer que toda la iglesia y todas sus estructuras se oriente principalmente a la evangelización.
¿Qué diría a los niños y jóvenes?
Que sean verdaderamente libres y críticos con la cultura y la sociedad. Que no tengan miedo ni se siente avergonzados de creer en Dios y de practicar la fe cristiana porque esto les hará más humanos y más felices en la vida.
Si tuviera que decir una palabra a las familias ¿cuál sería?
Que luchen por vivir unidas y en paz acudiendo a la gracia sacramental que recibieron el día de su boda y que dejen que el amor produzca sus frutos que son los hijos.
Finalmente, una palabra para los sacerdotes y consagrados…
Reconocer y agradecer sus desvelos y sus esfuerzos por acompañar al pueblo de Dios. Hoy los sacerdotes y consagrados tenemos una especial necesidad de pedir al Señor estos tres dones: Fortaleza en la fe, sabiduría para discernir y paciencia para saber actuar.































































