QUINTO VIERNES DE CUARESMA – «Salir para empezar de nuevo»

VIERNES 27 marzo de 2020–QUINTO VIERNES DE CUARESMA

«Salir para empezar de nuevo»

Al estar próximos a celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, valdría la pena hacer memoria de lo que ha sido nuestra Cuaresma. Sentirnos también como la adúltera del Evangelio y experimentar que el Señor se acerca a nosotros, como lo ha hecho a lo largo de todo este tiempo; se agacha, se pone a nuestra altura; escucha nuestras quejas y sufrimientos y escribe en la arena, porque los pecados se escriben en arena para que se borren pronto. En definitiva es como si le preguntásemos al Señor: “Jesús, ¿Tú qué piensas sobre el pecado, sobre los errores de mi vida? Y Jesús lo único que dice es: “El que esté sin pecado, que tire la primera piedra”.

Tenemos que aprender a mirarnos en los ojos de la misericordia y con los ojos de misericordia de Dios. Allí donde nosotros vemos un pecado a castigar, Dios ve un pecado a socorrer. Los acontecimientos del pasado nunca se miden con la luz del presente. Aprendamos como los niños a confiar plenamente en nuestro Padre, vivamos el presente porque el amor se conjuga en el presente y seamos transparentes. La vida no se mide por los años vividos sino por la intensidad del amor.

Oración:

Señor: han pasado ya casi cinco semanas desde el Miércoles de Ceniza, y aunque he leído alguna vez aquella frase, no sé si, honestamente, me he preguntado ¿de qué voy?

He reconocido que constantemente soy tentado, que en el fondo me gusta más ser el primero y no el último, y que también me siento mejor con algo de poder en mis quehaceres.

He comprobado cómo, en ocasiones, le echo el candado a toda posibilidad de transfigurarme, de cambiar, de reconocerte.

También he descubierto que mi pecado, mi falta, mis constantes huídas, me encadenan e incluso, a veces, me siento cómodo con ello.

Me he dado cuenta de que entre tu ser Padre-Misericordioso y mi ser hijo, levanto muros rebeldes que me impiden el abrazo contigo y con los otros.

Por último, me ha dado cuenta de que constantemente etiqueto, señalo y acuso a los otros.

Ahora, Señor, en silencio, quiero presentarme ante tí con la vida entre las manos: Señor, quiero comenzar de nuevo.

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