Día de la Iglesia Diocesana


Día de la Iglesia Diocesana – 19 de noviembre de 2017

En el Día de la Iglesia Diocesana, ayuda y colabora con la Iglesia a través de la participación en tú parroquia, así mostrarás que tienes unos principios que sostienen, animan y desean comunicar con tu ejemplo. En la medida que puedas, participa con generosidad en el sostenimiento de la Iglesia, de tú Iglesia,  que tiene como misión y deseo, anunciar a Jesucristo,  salir al encuentro de las personas, tocar la carne sufriente de Cristo, acompañar y celebrar cada paso que den en su vida. Todo ello con palabras pero también con  obras, con hechos y realidades. Pero que necesita de tú colaboración!!!!!!

Desde que nos bautizamos, somos parte viva de la Iglesia

Sigamos con Fe, con Amor y verdadero compromiso el “Sí” de María en la Iglesia, pues la Iglesia está llamada a manifestar a Cristo, ofreciendo su disponibilidad para que Dios pueda seguir visitando a la Humanidad con misericordia.

La Iglesia una familia

Todos y cada uno de nosotros pertenecemos a una parroquia, a una comunidad de fieles, a una familia de familias. Eso es en verdad la parroquia: una comunidad de fieles y no meramente un lugar donde se ofrecen servicios religiosos, o se expiden certificados. La parroquia no puede entenderse como algo ajeno: nuestra parroquia es nuestra comunidad, nuestra familia, donde debemos sentirnos en nuestra casa, como en nuestra propia familia.

La colaboración económica de los católicos y de los que valoran la labor de la Iglesia es indispensable. Todos tenemos que participar en la Iglesia y colaborar económicamente en su sostenimiento. Todos somos necesarios.

Además de la insustituible tarea de los sacerdotes, las parroquias cuentan con miles de cristianos directamente comprometidos que se ocupan de la catequesis, de la atención a los más necesitados a través de Cáritas, del servicio a los enfermos, del sostenimiento económico, de las celebraciones litúrgicas, de las fiestas religiosas y de otras muchas acciones pastorales. Nuestra colaboración efectiva en la vida y misión de la Iglesia (con nuestro dinero pero también con nuestra prestación personal), refleja las convicciones y principios que llevamos en el corazón. Cuando los principios de la fe cristiana arraigan en el corazón, producen el fruto de las buenas obras.

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