CARTA DE D. JOSÉ JUAN HERNÁNDEZ DÉNIZ. PÁRROCO U.P. VILLALEGRE-LA LUZ

SINODO de la sinodalidad.

La Iglesia de Dios es convocada a un Sínodo: «el Sínodo de la «sinodalidad», una palabra nueva creada ad hoc para este acontecimiento. Con esta convocatoria el Papa Francisco invita a toda la Iglesia a interrogarse sobre la sinodalidad, un tema decisivo para la vida y la misión de la Iglesia.

La palabra sínodo significa caminar juntos, hacer camino juntos. Nada nuevo puesto que una de las definiciones de la Iglesia que remarcó el Concilio Vaticano II es precisamente la que dice que la Iglesia es el pueblo de Dios que camina entre gozos y esperanzas, alumbrado por la luz de la fe, alentado por la esperanza y sostenido con el amor y la caridad. Pero digámoslo desde el comienzo quien guía a la Iglesia y la sostiene a pesar de las luchas y las contrariedades es el Espíritu Santo. Por tanto, todo es don, todo es gracia que nos precede y acompaña por eso no dejemos de invocar al Espíritu Santo, no dejemos de abrirnos con confianza a la acción del Espíritu, El debe guiar la vida y la acción de la Iglesia, de cada uno de los creyentes y seguidores de Cristo, el Señor.

Se trata por tanto de aprender a ser Iglesia de otra manera, donde todos cuentan, donde todos estamos implicados con compromiso que arranca de nuestro propio bautismo. No es hacer «otra Iglesia» sino ser Iglesia de otra manera a la que estamos acostumbrados. No tanto esa Iglesia de estructura piramidal que desde arriba piensa, ejecuta y ordena, sino más bien una Iglesia que quiere contar con todos y con todos caminar juntos.

En la base de este proceso tiene que estar la conversión, una conversión que debe empezar por uno mismo, es machacona la cantinela de la conversión personal, pero por ahí hemos de comenzar siempre. Dios respeta escrupulosamente la libertad personal, no dejará de insistir, pero nada podrá hacer si no nos abrimos responsablemente a la gracia de Dios.

Es un sínodo que ha comenzado el pasado 10 de octubre en Roma, el domingo 17 en todas las diócesis del mundo católico y no concluirá hasta el año 2023. En la fase diocesana es muy importante escuchar y escuchar a todo el pueblo de Dios, ponernos en el lugar del otro, caminar juntos. En ese escucharnos es también muy necesario que todo el mundo se abra a decir su palabra, que no tiene que ser una palabra culta o de alta sabiduría, puede ser la palabra humilde y sencilla de la persona que trata de vivir su fe en la pequeña comunidad de su barrio o aldea. Por eso es importante ser exquisitamente delicados con todos, para integrar a todos, para valorar a todos, para escuchar a todos, por eso se llama una y otra vez a la participación de todos. Especialmente los laicos, es la hora del laicado, aunque evidentemente no se trata de revancha ni de exclusión, es valorar fuertemente la participación de todo el pueblo de Dios.

La Iglesia nació sinodal, lo que afecta a todos por todos debe ser aceptado. Los primeros mil años de la Iglesia así fue. Luego la estructura de poder se erigió fuertemente y marcó el discurrir de la Iglesia durante muchos siglos. La estructura piramidal ha marcado la vida y el quehacer de la Iglesia en los últimos siglos, el Papa Francisco como que le ha dado la vuelta a la pirámide para provocativamente no sólo hacer pensar sino invitar fraternalmente a dar pasos en este camino de la sinodalidad. Es necesaria la jerarquía, pero la jerarquía debe de estar siempre al servicio del pueblo de Dios y no servirse de el. Como Cristo, el Señor que no ha venido a ser servido, sino a servir y dar la vida por todos. Se trata por tanto de poner a Cristo en el centro de nuestra vida y dejar a Dios ser Dios. El Dios imprevisible, sorprendente y que siempre nos lleva a una mayor entrega y disponibilidad.

Estar abiertos, aproximarse para escuchar y buscar la palabra de todos, sin prejuicios, sin barreras. Fuera muros, tendamos puentes. Todo se cuece en el tu a tú, en el nosotros. En ese sentido se trataría de que el punto de partida sea el bautismo que nos ha hecho a todos hijos de Dios y hermanos los unos de los otros. Durante mucho tiempo se ha dado la primacía de una iglesia de la ordenados sobre los bautizados.

Ciertamente sopla una brisa suave con el Papa Francisco en la Iglesia, esa brisa suave de la que hablaba el profeta Elías y que significaba la cercanía de Dios a la puerta, el Dios que viene a verte y a conversar contigo al atardecer de cada día.

Es una vuelta a las raíces de nuestra fe, con radicalidad evangélica al estilo de San Francisco de Asís «el Evangelio sin glosas». En definitiva, poner en valor el compromiso bautismal que nos acompaña de por vida.

Caminando juntos y reflexionando juntos sobre el camino recorrido la Iglesia podrá aprender, a partir de lo que va experimentando cuáles son los procesos que pueden ayudarla a vivir la comunión, a realizar la participación y a abrirse a la misión.

Por último, quisiera destacar cual es la finalidad del Sínodo: » es hacer que germinen sueños, suscitar profecías y visiones, hacer florecer esperanzas, estimular la confianza, vendar heridas, entretejer relaciones, resucitar una aurora de esperanza, aprender unos de otros, crear un imaginario positivo que ilumine las mentes, enardezca los corazones, de fuerzas a las manos». Este texto último no es mío pertenece al programa del itinerario del Sínodo. Es un texto que a mi personalmente me encanta, recuerda al texto de Isaías que Jesús lee en la Sinagoga de Nazaret y que se aplica a si mismo, Isaías 61, 1-2. Es por tanto un texto que debemos leer en esa clave, tiene poesía y el lirismo clásico de los cánticos de profecía. No queremos ser profetas de calamidades y mucho menos vendedores de humo. Queremos dejándonos conducir por el Espíritu Santo ser profetas que abren senderos de luz y de esperanza en una Iglesia que se despereza para emprender caminos nuevos y renovados.

Con María, nuestra Señora de la Luz apostamos por el Dios cercano y providente que derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, que da de comer a los hambrientos y a los soberbios despide vacíos. Ella Madre de consuelo y esperanza nos anima con su presencia en este nuevo Pentecostés de la Iglesia.

José Juan Hernández Déniz,

Párroco de la Unidad Pastoral Villalegre-la Luz. .

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