18 de Marzo — Día del Seminario

Con el lema » Apóstoles Para Los Jóvenes» se celebra el Día del Seminario 2018.

La Conferencia Episcopal española nos dice: Esta jornada se celebra el 19 de marzo, solemnidad de San José. En las comunidades autónomas en las que no es festivo, el domingo más cercano. En este caso, el 18 de marzo. La Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades es la encargada de editar los materiales preparatorios. Además hace públicos los datos de seminaristas mayores y menores en el curso 2017-2018

En los seminarios mayores hay actualmente 1.263 aspirantes al sacerdocio16 más que en el curso anterior (1.247), lo que supone un aumento del 1,3%. En el curso 2017-2018 se ha incrementado en un 9% el número de nuevos ingresos de seminaristas mayoresde 275 (2016-2017) a 300 (2017-2018). En relación al número de sacerdotes ordenados, en este curso descendió de 138 a 109. Los seminarios menores cuentan este curso con 316 nuevos alumnos, lo que supone un 10% más que en el año anterior. También aumenta el número de seminaristas menores que pasan al seminario mayorde 33 a 51, con un incremento del 55 %. Por otra parte, el número total de seminaristas menores disminuye en este curso: de 1.075 a 1.061.

El Día del Seminario se celebra desde el año 1935 con el objetivo de suscitar vocaciones sacerdotales mediante la sensibilización, dirigida a toda la sociedad, y en particular a las comunidades cristianas

Pero »  ¿Seminarista, qué es eso?  «

El seminarista es la persona que es  elegida por el Señor ya desde el seno materno.  Es caminar dejándose llevar por el Señor. Ser seminarista es seguir fielmente los pasos de Jesús, es la antesala para ser otro Jesús.

¿A qué va el seminarista al Seminario?

A recibir las enseñanzas de  Dios, que es lo más importante. Va a aprender a vivir la pureza en su vida, a saber entregarse a los demás, a saber renunciarse a sí mismo. Va a  recibir y aprender ciencia santa para conocer mejor la fe, para enseñarla y defenderla. Entra en el  Seminario para desnudarse del mundo y revestirse de Cristo.

Pero ¿Cómo se siente la llamada al seguimiento del Señor?

Fácil, ya nace sacerdote. Hay  muchos que no lo saben porque renuncian a Dios eligiendo otro camino, no prestan atención  a la acción del Espíritu Santo en sus vidas. Pero otros sí lo son, y siguen la llamada de Dios.

Ser seminarista es prepararse para vivir como Cristo.

Es prepararse para tocar el bendito Cuerpo de Cristo con sus manos; preparar sus manos para la Transubstanciación, «Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad» , el ser y razón de su existencia sacerdotal. Es prepararse para ir al Calvario y vivir en él. Es prepararse para recorrer diariamente, cuando sea sacerdote, el trayecto de Getsemaní al Calvario cada vez que salga de la Sacristía para dirigirse al altar.

Ser seminarista es renunciar a los gustos personales.

Renunciar a todo lo que  le aleje del  Señor. Pero más que una renuncia es dejar salir lo que el Señor ha plantado en su interior. Es más una aceptación que una renuncia.

 Ser seminarista es conocer la tradición de la Iglesia.

Porque en la tradición encontrará la grandeza del sacerdocio católico, conocerá verdaderamente qué es ser sacerdote de Jesús.                                                         Emprenderá el camino que ha de seguir para ser fiel al sacerdocio de nuestro Señor Jesucristo.  En la tradición encontrará la fortaleza para enfrentarse a la secularización del mundo y de la Iglesia.

Ser seminarista es:

Ser desde el primer momento un hombre de oración, en  intimidad con Dios, de soledad y recogimiento con el Señor, en comunión con los hermanos seminaristas y con la mirada en la  Madre, la Madre de Jesús.

Ser seminarista es:

Amar con un amor de predilección a la Santísima Virgen. Es entregarse a Ella para que la Virgen María lo lleve como niño pequeño al Padre. Ella es la puerta que nos lleva de la mano al Padre.

 

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